Con las elecciones parlamentarias en República Checa a una semana de ocurrir, y con el país inmerso en medio de retos económicos, tensiones políticas por la inflación, el costo de vida, la relación con la Unión Europea y el rol del país frente a la guerra en Ucrania, los partidos están desplegando una campaña intensa en su tramo final para consolidar sus bases y convencer a votantes indecisos.
El 3 y 4 de octubre el país elegirá a 200 miembros de la Cámara de Diputados, los cuales serán los encargados de designar al nuevo primer ministro. Al contar con una democracia parlamentaria, estas elecciones son cruciales.
La contienda electoral se da bajo un sistema proporcional que reparte 200 escaños en la Cámara Baja, con umbrales del 5 % para partidos individuales y requisitos mayores para coaliciones de dos o más partidos, lo que obliga a que muchos partidos alcancen acuerdos postelectorales para poder gobernar con mayorías estables.
En las últimas semanas de la campaña, los candidatos y los partidos rivalizan no sólo mediante mítines tradicionales y publicidad en medios, sino también intentando captar la atención en redes sociales, debates y, en el caso del líder de la oposición Andrej Babiš del partido ANO (Alianza de Ciudadanos Descontentos), con viajes y reuniones diarias con ciudadanos de todas las edades. Los partidos en el poder intentan defender su gestión y convencer a los ciudadanos de que merecen continuidad, mientras la oposición se esfuerza por mostrar unidad y ofrecer un cambio creíble; sin embargo, sus discursos repetidos sobre la subida de precios y la energía, así como la recurrencia a ataques personales y escándalos para debilitar adversarios. Dado que el margen entre las principales fuerzas no es abismal, cada voto de los aún indecisos es decisivo.
En cuanto a los protagonistas, Andrej Babiš aparece como favorito en las encuestas con una intención de voto que ronda el 31%. Sin embargo, no es seguro que logre mayoría absoluta, por lo que dependerá de alianzas menores para gobernar. Frente a él se encuentra la coalición SPOLU (Juntos), liderada por Petr Fiala e integrada por los partidos Democrático Cívico, Unión Cristiana y Demócrata-Partido Popular Checoslovaco y TOP 09, quiere arrebatar el poder una vez más con un mensaje más centrado y proeuropeo, aunque cuenta con un estimado del 20% de apoyo.
Otros partidos importantes que podrían superar el umbral incluyen STAN (Alcaldes e Independientes), encabezada por Vít Rakušan, el partido SPD (Libertad y Democracia Directa), Partido Pirata, y la reciente formación Stačilo! (¡Basta!), que combina elementos de izquierda nacionalista y euroescepticismo.

Los temas clave de estos últimos días campañas giran en torno a la crisis económica, la inflación y el aumento de los precios energéticos, que impactan directamente en los hogares; la postura ante la Unión Europea y los compromisos de defensa, sobre todo respecto a la guerra en Ucrania, y también la transparencia política, luego de escándalos recientes que han dañado la confianza en las instituciones. En particular, el caso del “donativo de bitcoin” al Ministerio de Justicia ha sido utilizado por la oposición como símbolo del problema de corrupción en el país.
El desenlace de la elección determinará si la República Checa continúa por un camino más centrista y alineado con las políticas de la UE -en caso de que SPOLU y sus aliados logren remontar- o si da un giro hacia un gobierno más populista con ANO y sus posibles aliados. Dado el sistema proporcional y la fragmentación partidaria, es muy probable que el resultado implique negociaciones de coalición para formar un gobierno funcional.

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