Campaigns and Elections México

Campaigns and Elections México

El Péndulo de la Pólítica. Lecciones y elecciones Chile 2025 para el mundo. Por: Gabriela Avendaño – Poligrama.

X: @GabrielaAvn

¿Cómo llega José Antonio Kast a la presidencia de Chile, en su tercer intento, con más del 58% de los votos frente a Jeannette Jara y con una participación altísima? A simple vista es otra elección más: uno gana, otra pierde. Pero detrás de ese marcador hay algo mucho más interesante: años de derrotas, correcciones y ensayo y error para entender qué quiere —o qué necesita sentir— el electorado.

Los datos no son solo números; son lecciones. 

Si se leen bien, explican cómo se pasa de perder a arrasar. Eso es lo que te quiero contar aquí.

La pregunta, entonces, ya no es solo ¿Por qué ganó Kast?, sino ¿Por qué ganó por tanto?

En primer lugar, porque decidió de qué se iba a tratar la elección.

Kast contó una historia muy sencilla: Chile vive una “emergencia” hecha de crimen, migración descontrolada y un Estado desbordado; la respuesta es orden y mano dura. Jeannette Jara habló de derechos, continuidad de un proyecto, reformas y Estado social. Todo legítimo, pero en una campaña donde la palabra dominante es “miedo”, la discusión ideológica se encoge.

Cuando el miedo entra a la conversación, el programa sale por la ventana.

El elector deja de preguntarse qué modelo de país prefiere y empieza a preguntarse quién parece capaz de frenar la caída.

En política hay una regla cruel: quien pone el tema, pone medio resultado. En Chile 2025, Kast puso el tema.

En segundo lugar, porque heredó mejor.

Los análisis de traspaso de voto muestran que Kast retuvo prácticamente a todos sus electores de primera vuelta y, además, absorbió la mayor parte de los votos de Kaiser y Matthei, la derecha radical y la derecha tradicional. Jara hizo lo esperable en un oficialismo disciplinado: mantuvo casi intacta su base y sumó candidaturas menores de izquierda.

El problema no fue de retención, sino de techo. Cuando tu base es más chica y tu adversario hereda la mayoría de los demás, no hay campaña de “aguantar” que alcance. Puedes hacer la mejor defensa del mundo, pero si el otro juega con más gente en la cancha, el marcador se te viene encima igual.

La elección chilena recuerda otra cosa incómoda: las coaliciones ganan elecciones, no las certezas ideológicas. Kast entendió que primero había que sumar molestos y luego matizar diferencias.

En tercer lugar, porque el voto obligatorio cambió la cancha.

Con la obligatoriedad entran millones de personas que antes no votaban: no siguen debates, no leen columnas, no militan. Votan por obligación y con la información que tienen a la mano: lo que ven en la calle, en el noticiero, en el chat de familia.

En ese electorado ampliado suele ganar quien tenga un mensaje corto, emocional y repetible.

“Orden” es una palabra mucho más potente y fácil de recordar que “proceso constituyente”, “correlación de fuerzas” o “modelo de desarrollo”. La urna no premia el PowerPoint: premia la frase que te sigue sonando en la cabeza cuando apagas el celular.

Incluso los votos nulos y blancos, que rondaron el 7% en la segunda vuelta, cuentan una parte de la historia. Son cientos de miles de personas que miraron la papeleta y dijeron “ninguno de los dos”. Pero, aun con ese nivel de desencanto, la mayoría de los votos válidos se inclinó nítidamente por Kast. No fue una elección empatada que la abstención desbalancea; fue una paliza con participación alta.

¿Qué nos dice todo esto, más allá de Chile? Que el péndulo no se mueve “porque sí”. Se mueve cuando coinciden tres fallas:

Un gobierno que no logra traducir su gestión en tranquilidad.

Una oposición que acierta al elegir el tema de la elección.

Y una ciudadanía cansada que empieza a votar menos por identidad y más por contención.

Ahí dialoga bien la lectura de Viri Ríos en su columna “Lecciones de Chile para México: la victoria de Kast dice menos sobre un giro ideológico masivo y más sobre el fracaso de un gobierno de izquierda para responder a tres expectativas básicas: seguridad, crecimiento y estabilidad institucional. Kast no gana porque Chile se haya vuelto súbitamente pinochetista; gana porque administra mejor la narrativa de emergencia que el propio oficialismo.

El péndulo no es una fuerza abstracta. Es la suma de millones de personas que sienten que el Estado no los protege, que la política habla de otra cosa, que su vida cotidiana va a peor. Cuando esa percepción se instala y se combina con una narrativa de “emergencia” bien estructurada, el resultado se parece mucho a Chile 2025: un candidato de extrema derecha con casi 60% de los votos y una izquierda mirando el marcador sin entender en qué momento perdió el control del tema.La lección final es incómoda pero simple, y te la dejo así: en política no alcanza con tener razón; hay que tener datos, estrategia, tema y, sobre todo —y nunca menos importante—, timing.