Para el jefe de seguridad de México, la muerte de El Mencho fue algo personal.- Por Emily Green/Reuters - Campaigns and Elections México

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Para el jefe de seguridad de México, la muerte de El Mencho fue algo personal.- Por Emily Green/Reuters

CIUDAD DE MÉXICO, 5 de marzo (Reuters) — El jefe de seguridad de México, el hombre que ayudó a liderar la operación que acabó con la vida del narcotraficante conocido como “El Mencho”, pasa sus días y sus noches dentro de edificios de oficinas fortificados, incluido un apartamento de una recámara en la Secretaría de Seguridad construido para él.

Sus instalaciones —dentro de un complejo moderno junto a una transitada avenida— incluyen una recámara, gimnasio, cocina y una sala de conferencias con capacidad para 25 personas. Desde la sala, los visitantes pueden escuchar el estruendo de disparos provenientes de un campo de tiro dentro del complejo, según un alto funcionario del gobierno que ha visitado el departamento. Un teléfono rojo en su escritorio le da línea directa con la presidenta.

Omar García Harfuch, de 44 años, vive así desde 2020, cuando durante su trayecto al trabajo una camioneta cerró el paso a su Suburban blindada y hombres armados disfrazados de trabajadores viales rociaron su vehículo con más de 400 balas. Harfuch respondió al fuego y sobrevivió con tres heridas de bala. Dos de sus escoltas y un transeúnte murieron.

El jefe de seguridad atribuyó el intento de asesinato a Nemesio Oseguera, de 59 años, mejor conocido como El Mencho, líder del brutal Cártel Jalisco Nueva Generación, uno de los grupos criminales más grandes y sanguinarios de México. Seis años después, la caída del líder del cártel fue un momento profundamente personal para Harfuch, quien —según amigos— quedó devastado por la muerte de sus escoltas.

Harfuch declinó comentar para este reportaje. El relato se basa en entrevistas con una docena de amigos, colegas y analistas de seguridad.

Quienes lo conocen dicen que es poco probable que baje la guardia ahora que El Mencho ha muerto. Pero la muerte del capo ha elevado el perfil del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien se le atribuye encabezar un enfoque más firme en la lucha contra los cárteles, al grado de que ya es considerado un posible aspirante presidencial cuando termine el sexenio en 2030.

“Omar García Harfuch es hoy el candidato presidencial número uno”, dijo Armando Vargas, principal experto en seguridad del centro de análisis México Evalúa. “Es el líder más visible de esta nueva estrategia”.

El enfoque no está exento de riesgos: la muerte de El Mencho desató una ola de violencia en México que dejó 25 miembros de la Guardia Nacional muertos y podría alimentar disputas mortales mientras facciones rivales de los cárteles luchan por el control.

También representa un cambio notable respecto a la filosofía de “abrazos, no balazos” del expresidente Andrés Manuel López Obrador, bajo la cual los cárteles ampliaron su poder y alcance para controlar vastas zonas del territorio y diversificarse del narcotráfico hacia la extorsión, el tráfico de personas y el robo de combustible.

CON LA CONFIANZA DE LA PRESIDENTA

Harfuch ganó notoriedad dentro del gobierno de la Ciudad de México cuando la ahora presidenta Sheinbaum era jefa de Gobierno.

Rodrigo Canales, quien asesoró a Sheinbaum en su estrategia de seguridad, dijo que Harfuch la ayudó a navegar un periodo difícil al inicio de su administración, cuando altos mandos policiales fueron acusados de corrupción.

“Tiene la confianza absoluta de Claudia y se la ganó por ser extremadamente leal y eficaz en momentos clave al inicio de su gestión”, dijo Canales.

Sheinbaum promovió a Harfuch a jefe de la policía capitalina en 2019, después de destituir a su antecesor por un escándalo de lavado de dinero.

Harfuch llevaba menos de un año en el cargo cuando sicarios atentaron contra su vida. Tras responder inicialmente al ataque, se desplazó hacia los asientos traseros de su SUV blindada y se agachó hasta que llegaron refuerzos, recordó en entrevistas posteriores. Doce presuntos miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación fueron detenidos y condenados a cadena perpetua.

Después de la emboscada, se mudó de su casa a la sede de la policía de la Ciudad de México. Su círculo cercano, ya pequeño, se volvió aún más reducido. Ve a sus hijos solo en momentos fugaces.

“Pasó de ser alguien que podía ir a un restaurante, reunirse con amigos o asistir al cumpleaños de un colega, a estar resguardado en una oficina, pasando prácticamente el 90% de su vida dentro de edificios policiales”, dijo un amigo que conoce a Harfuch desde hace 20 años.

Como los jefes de los cárteles a los que persigue, un solo error podría costarle la vida.

SIGUIENDO LOS PASOS DE SU FAMILIA

Harfuch proviene de una familia con larga tradición en las fuerzas del Estado mexicano.

Su abuelo, Marcelino García Barragán, fue secretario de la Defensa en la década de 1960, mientras que su padre, Javier García Paniagua, fue senador y aspirante presidencial que dirigió una agencia federal de seguridad en los años setenta.

Esa combinación de herencia policial y militar es poco común en México y coloca a Harfuch en una posición singular para encabezar la estructura de seguridad pública, hoy fuertemente militarizada, según dos fuentes que han trabajado con él.

“García Harfuch estaba, en cierto modo, destinado a seguir los pasos de su padre y su abuelo”, dijo Gladys McCormick, profesora e historiadora de las relaciones entre Estados Unidos y México en la Universidad de Syracuse.

Pero ese mismo legado genera suspicacias en sectores del partido gobernante Morena. Tanto su abuelo como su padre encabezaron periodos marcados por abusos militares y represión de movimientos sociales por parte de las fuerzas de seguridad.

Los críticos también señalan los vínculos de Harfuch con la desaparición de 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa en 2014. Un informe de la comisión de la verdad de 2022 lo mencionó —entonces como un mando medio de la Policía Federal— por haber asistido a reuniones donde funcionarios elaboraron una versión de los hechos que ocultaba el papel de las fuerzas de seguridad en las desapariciones.

Harfuch, quien nunca fue acusado de irregularidades, ha dicho anteriormente que solo acudió a esas reuniones para ayudar a coordinar la búsqueda de los estudiantes desaparecidos. Ningún funcionario local o federal ha sido condenado en el caso.

Para Estados Unidos, Harfuch se ha convertido en una pieza clave de la cooperación en seguridad con México en un momento en que el presidente estadounidense Donald Trump presiona a su vecino del sur para combatir con mayor agresividad a los cárteles, e incluso ha amenazado con usar fuerza militar si México no muestra resultados.

Derek Maltz, exadministrador interino de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), dijo que se reunió con Harfuch el año pasado poco después de que México entregara a Estados Unidos a 29 presuntos miembros de alto nivel de cárteles, en lo que entonces fue la mayor transferencia de este tipo en la historia.

“Me miró a los ojos y me dijo: ‘Esto es solo el principio’”, recordó Maltz.

Maltz tenía sus dudas, pero en los meses siguientes México entregó a otros 63 presuntos líderes de cárteles y abatió al narcotraficante más buscado del país. “Estoy muy impresionado con lo que estoy viendo”, afirmó.

Las transferencias de prisioneros subrayan lo que funcionarios de ambos países describen como un nivel sin precedentes de cooperación e intercambio de inteligencia para desmantelar a los cárteles mediante confrontaciones militares, investigaciones por lavado de dinero y decomisos de drogas y armas de fuego.

LA CAZA DE EL MENCHO

La búsqueda de El Mencho cobró urgencia en noviembre, cuando el Cártel Jalisco Nueva Generación secuestró a dos investigadores de Harfuch en la ciudad de Zapopan, un bastión del cártel, según el alto funcionario mexicano.

Soldados allanaron casas de presuntos integrantes del cártel y los interrogatorios produjeron información que ayudó a estrechar el cerco alrededor de El Mencho. Reuters es el primer medio en reportar el papel que tuvieron esos secuestros en la búsqueda del capo. Los agentes fueron liberados una semana después.

El avance decisivo llegó cuando las autoridades rastrearon a una de las múltiples novias de El Mencho hasta su villa, según dijo el secretario de la Defensa de México, Ricardo Trevilla. Una nueva fuerza de tarea encabezada por el ejército de Estados Unidos confirmó la ubicación exacta de la casa, informó Reuters.

Pero, según el funcionario gubernamental, el verdadero descuido no fue la relación sentimental, sino que el líder del cártel, de 59 años, quería ver a sus dos hijos con esa mujer. Las tropas mexicanas actuaron después de que la novia y los hijos de El Mencho abandonaron el lugar.

Tras un enfrentamiento armado, El Mencho murió a bordo de un helicóptero militar mientras era trasladado a un hospital. Ocho de sus escoltas también murieron. Dos soldados fallecieron durante el operativo y otros dos murieron posteriormente a causa de sus heridas.

Harfuch recibió un mensaje de confirmación con una imagen del cuerpo de El Mencho, aún con un chaleco antibalas, según el funcionario mexicano.

“Hablé con él el domingo por la mañana después de que El Mencho fue abatido”, dijo Eduardo Clark, alto funcionario de salud en México y cercano a Harfuch. “Me dijo: ‘Esto es un enorme alivio’”.