
Los candidatos ya no se encuentran, y menos en Google.
La nueva geografía de la atención y la comunicación política exige que aspirantes y candidatos optimicen sus contenidos para un sistema multiplataforma que diversificó el algoritmo y especializó la conversación. Hoy Google ya solo concentra una de cada cuatro búsquedas en internet, y la mayoría de esos resultados ni siquiera generan clic.
Por Luis David García ·
El terreno se movió debajo de los pies
Durante veinte años, «posicionarse» significó una sola cosa: salir primero en Google. Esa época —con la masificación de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial— terminó. Hoy se realizan unos 45,100 millones de búsquedas al día y Google concentra apenas el 27% de ese total.
Conviene precisar el dato para no exagerar: Google sigue dominando el mercado de los buscadores «tradicionales» con cerca del 90%. Pero cuando se cuentan TODAS las búsquedas —incluidas las que hoy hacemos en redes, marketplaces y asistentes de IA— su tajada del total cae a una de cada cuatro. Ese es el verdadero cambio de los últimos años: no que Google sea peor, sino que el acto de buscar se mudó a muchos lugares. El resto ocurre en Instagram, TikTok, Amazon, YouTube, Reddit y, cada vez más, en asistentes como ChatGPT, Gemini o Copilot.
Hay un segundo dato que cambia las reglas: dentro del propio Google, el clic se está extinguiendo. De acuerdo con estudios de SparkToro (Rand Fishkin) y reportes de la industria, cerca del 69% de las búsquedas terminan sin que el usuario visite ningún sitio, y la cifra sube al 83% cuando aparece un resumen de IA (AI Overview). En 2025, el tráfico de Google hacia medios y sitios cayó alrededor de 33% a nivel global. Traducción para una campaña: el viejo embudo «búsqueda → clic → tu página» se rompió.
Esto complica medir la efectividad del material y obliga a que las estrategias de indexación de contenidos sean más eficaces, permanentes y especializadas: capaces de vincular nombre, posicionamiento y percepción en distintas plataformas y ámbitos; a priorizar el engagement rate; y a contar con equipos multidisciplinarios que generen los números que influyan en las próximas elecciones.
Search Everywhere: la gente busca en todos lados
El concepto que mejor describe el momento lo popularizó Neil Patel: Search Everywhere Optimization. La búsqueda dejó de ser un lugar (Google) para volverse un comportamiento que ocurre en todas las plataformas. Hoy, por ejemplo, Instagram registra unos 6,000 millones de búsquedas. En Estados Unidos, 49% de los consumidores ya usa TikTok como buscador (frente al 41% de dos años antes), y 65% de la Generación Z lo ha usado para buscar información.
En la práctica, esto significa que una misma persona busca un restaurante en TikTok, un producto en Amazon, un «cómo se hace» en YouTube, una opinión en Reddit y una respuesta directa en ChatGPT — y en ninguna de esas escribió nada en Google. Para un perfil político, reescribe el trabajo: ya no basta con «aparecer en Google»; hay que ser encontrable, y tener una respuesta preparada, en cada superficie donde el electorado pregunta. Quien busca «¿quién es el candidato X?» en TikTok debe hallar contenido suyo; quien se lo pregunta a una IA debe recibir una respuesta que el equipo ayudó a construir. La indexación dejó de ser una tarea técnica de fin de campaña: es una presencia permanente y distribuida.
Lo cierto es que la idea de que «TikTok mató a Google» está exagerada. La preferencia de la Gen Z por TikTok sobre Google, de hecho, bajó (de ~8% a ~4% entre 2024 y 2026), pero el punto no es que una plataforma sustituya a otra, sino que la búsqueda se fragmentó: cada plataforma se volvió un buscador con su propia intención.
A esto se suma la capa de IA. El tráfico de IA generativa se reparte rápido: ChatGPT aumentó su posicionamiento en un año, mientras Gemini subió a 25% y Claude y Perplexity ganan terreno. Aparecer cuando una IA responde —lo que ya se llama GEO, Generative Engine Optimization— que es la nueva primera página.
El fin de la «ley de Pareto» del contenido
Teniendo todo esto en consideración, aquí está el error que no debería repetirse: replicar el mismo contenido en todas las plataformas —la vieja lógica de producir poco y copiarlo a todos lados— ya no funciona. Cada plataforma tiene su lenguaje, su intención y su algoritmo: TikTok para descubrir, YouTube para profundizar, LinkedIn para autoridad, Reddit para validación.
El escritor y especialista en marketing, Gary Vaynerchuk lo advirtió: el contenido debe ser nativo de cada plataforma, no un copia-pega. Y en su libro «Day Trading Attention» (2024) lo lleva más lejos: la atención es el activo, y se gana o se pierde plataforma por plataforma. La consecuencia operativa es incómoda, pero clara: ya no basta un community manager que «sube a todas las redes». Se necesitan especialistas o equipos por plataforma, igual que una redacción tiene reporteros por fuente.
Esta es una de las principales consideraciones al montar un equipo de trabajo: no una persona que publica en todo, sino una estructura que desarrolle contenidos multiplataforma con adecuaciones a cada red social, sume relaciones públicas y presencia en portales de noticias, y opere bajo una estrategia REAL de comunicación —no una suma de publicaciones sueltas. Entre el ruido y el posicionamiento, la diferencia está justo ahí. Quien siga produciendo contenido genérico para todos lados será invisible en todos lados.
Las plataformas que crecen y que los políticos no usan
Más allá de producir contenidos multiplataforma, hay territorios que casi nadie en política está aprovechando, y que premian la creatividad, el contenido hecho con IA e incluso el shitpost bien ejecutado.
LinkedIn superó los 1,100 millones de usuarios y sigue creciendo (70 millones nuevos al año); su video genera unas 5 veces más engagement que el texto. Es el territorio natural de la autoridad, el liderazgo y el discurso serio de gobierno — y casi ningún perfil político local lo trabaja.
Twitch es aún más revelador: el 73% de su audiencia tiene entre 16 y 34 años, justo el voto que las campañas dicen no alcanzar. El caso emblemático es Alexandria Ocasio-Cortez: transmitió el videojuego «Among Us» en Twitch, alcanzó un pico de más de 430,000 espectadores simultáneos —uno de los streams más vistos en la historia de la plataforma—, sumó más de 600,000 seguidores en cuatro días y su transmisión fue el principal generador de tráfico al sitio de registro de votantes IWillVote. No hizo política tradicional: jugó, convivió y, en ese contexto, movilizó.
A esto se añade un lenguaje que el voto joven ya adoptó: el humor y el shitpost —contenido irreverente, autoconsciente, a veces absurdo—. Usado con criterio, humaniza, baja la solemnidad y viraliza. La creatividad asistida por IA (imágenes, ediciones, formatos) abarata y acelera todo esto. Quien lo domine tendrá una ventaja desproporcionada.
Lo que ya funciona: de México a Nueva York
No hay que ir muy lejos para verlo. La estrategia digital sostenida de algunos actores en México es funcional—canciones virales, contenido espontáneo y producciones de alto nivel con estética cinematográfica— mantienen la tendencia y construyen una marca política nativa de TikTok e Instagram.
Pero el caso que mejor resume el cambio es Zohran Mamdani en Nueva York. Asambleísta de 33 años, casi desconocido, ganó la nominación demócrata y luego la alcaldía con 50.4% del voto, por encima de lo que predecían las encuestas. ¿Cómo? Con una estrategia «platform-first»: trató a las redes —y a TikTok en particular— como herramienta central, no como adorno de fin de campaña. Su equipo produjo videos cortos, emocionales y nativos: explicó políticas de vivienda saltando al mar helado para dramatizar un congelamiento de rentas, cantó una balada sobre el costo de vida, rompió su ayuno de Ramadán con un burrito en el metro. Resultado: la conversación sobre él superó a la de su rival Andrew Cuomo por más de 30 a 1, y su engagement en Instagram fue 14 veces mayor. No fue solo lo digital ni solo el territorio: fue ambos a la vez, coordinados.
El patrón se repite a escala internacional. Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador construyeron marcas políticas nativas de lo digital, con lenguaje propio de cada plataforma y una relación directa con su audiencia que evadió a los medios tradicionales. No comparten ideología; comparten método.
¿Qué tienen en común todos? No «estar en redes», sino entender que la búsqueda y la atención se fragmentaron, y construir presencia nativa donde su gente realmente mira. De ahí se desprende, casi por sí solo, lo que cualquier candidato o perfil nuevo debería hacer hoy: auditar dónde busca su gente —no asumir que es Google—, según su edad y territorio; optimizar para estar en todos lados, incluido el momento en que una IA responde; producir contenido nativo por plataforma, con especialistas y no copia-pega; entrar a las plataformas desatendidas —LinkedIn para autoridad, Twitch y el streaming para el voto joven— antes que la competencia; y medir lo que de verdad importa: no los «likes», sino el descubrimiento, el alcance por plataforma y la conversión en acción —registro, asistencia, voto.
Porque al final el SEO no murió: se expandió a todos lados. El candidato que lo entienda deja de pelear por la primera página de un buscador y empieza a construir presencia donde de verdad vive la atención. Como resume Byron Sharp en «How Brands Grow», se gana cuando se está disponible en el momento y el lugar donde la gente decide. En 2027 esos lugares serán muchos y estarán gobernados por algoritmos distintos. La campaña que lo asuma desde hoy —con equipos especializados, contenido nativo y una estrategia real— no solo será encontrada: será recordada. Esa es la nueva campaña.

Más historias
Partidos reaccionan a la suspensión de visa del hijo de AMLO
PAN definirá precandidato a la gubernatura de BCS el próximo 27 de agosto
IEEC aprueba registro de Somos México en Colima