A poco de cumplir un año en el poder, el primer ministro de Bulgaria, Rosen Zhelyazkov, presentó su renuncia el 11 de diciembre tras semanas de protestas masivas que paralizaron las calles de Sofía y otras ciudades del país.
El descontento popular se debió a las acusaciones de corrupción generalizada en el gobierno tripartito que lideraba desde enero de este año -conformado por el partido conservador GERB (Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria), el Partido Socialista Búlgaro (BSP) y el populista ITN-, además de la injerencia de Delyan Peevski -político sancionado por Estados Unidos y el Reino Unido por corrupción- y del presidente del GERB y ex primer ministro, Boiko Borisov, sobre las decisiones tomadas por Zhelyazkov.
Zhelyazkov reconoció en una rueda de prensa convocada urgentemente que había «oído la voz de la sociedad», optando por dimitir minutos antes de que el Parlamento debatiera la sexta moción de censura en su contra desde que inició su mandato el pasado 15 de enero:
Les informo que el Gobierno ha dimitido hoy […] Hemos oído la voz de la sociedad”, expresó.

Zhelyazkov argumentó que, aunque confiaba en superar la moción de censura, las decisiones parlamentarias debían reflejar la voluntad soberana del pueblo.
La renuncia fue aprobada de manera unánime por el Parlamento búlgaro el viernes 12 de diciembre con 277 votos a favor, marcando el fin del gobierno que enfrentaba críticas por su manejo de la economía y la incapacidad para erradicar la corrupción endémica.
Las manifestaciones comenzaron a finales de noviembre y reunieron a miles de ciudadanos exigiendo no solo la salida de Zhelyazkov, sino también elecciones anticipadas. El detonante inmediato fue el rechazo popular al primer presupuesto estatal preparado bajo la perspectiva de adopción del euro, prevista para el 1 de enero de 2026.

El presidente Rumen Radev, quien ya había respaldado a los manifestantes la semana previa, instó al gobierno a disolverse y convocar comicios anticipados, lo que podría significar las octavas elecciones en apenas tres años. La coalición opositora PP-DB, liderada por formaciones como Continuamos el Cambio y Bulgaria Democrática, celebró la dimisión y cuestionó si Radev mantendrá su neutralidad o participará activamente en la contienda electoral con su propio partido.

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