Un viejo actor del fraude 2006 en México, Dick Morris, reaparece en la trama Cerimedo. Por: Obed Rosas - Campaigns and Elections México

Campaigns and Elections México

Campaigns and Elections México

Un viejo actor del fraude 2006 en México, Dick Morris, reaparece en la trama Cerimedo. Por: Obed Rosas

De Fox y Calderón a Trump y Cerimedo: Dick Morris reaparece como enlace entre campañas mexicanas, el trumpismo y redes de la nueva ultraderecha regional.

Por: Obed Rosas – Sin Embargo

Ciudad de México, 8 de octubre (SinEmbargo).– La trayectoria de Dick Morris atraviesa más de dos décadas de campañas marcadas por la propaganda negativa, la construcción de amenazas políticas y sofisticadas estrategias para moldear la opinión pública. En México participó primero en la campaña presidencial de Fox en 2000 y después asesoró a Calderón en 2006, cuando Andrés Manuel López Obrador denunció una “guerra sucia” que lo presentó como “un peligro para México”. Hoy, Morris permanece en la órbita de Trump y aparece conectado con Fernando Cerimedo y Brad Parscale, dos de los operadores de la nueva derecha que han trasladado esas tácticas al ecosistema digital y a campañas de América Latina.

Hace unos días, en su reaparición, López Obrador recordó la elección de 2006 y afirmó que Felipe Calderón Hinojosa “se robó la Presidencia” mediante una “guerra sucia” en la que se difundió que él era “un peligro para México”. A dos décadas de aquel episodio, AMLO sostuvo que en ese proceso “trajeron dos publicistas, unos delincuentes publicistas que ahora hay muchos y ya muy modernos porque ahora ya manejan las plataformas, las redes sociales, el internet, las granjas de bots, computadoras para reproducir mentiras”. Se refería al español Antonio Solá y a Dick Morris, cuyo nombre vuelve a aparecer ahora en el entorno de Donald Trump y en la red que Fernando Cerimedo ha articulado con operadores del movimiento MAGA para intervenir en campañas de América Latina y sostener una ofensiva regional de ultraderecha.

López Obrador ya había dejado asentada esa acusación desde 2007. En La mafia nos robó la Presidencia, al reconstruir la campaña de 2006, escribió: “Lo más deleznable de todo fue la guerra sucia. (Vicente) Fox, de manera permanente, utilizó los medios de comunicación para atacarme. Contrataron a dos publicistas extranjeros: Dick Morris, de Estados Unidos, y Antonio Solá, de España; estos mercenarios fueron los creadores de la leyenda negra sobre mi persona y de la propaganda fascista, según la cual yo era ‘un peligro para México’”.

En otros libros, López Obrador profundizó esa acusación. En La mafia que se adueñó de México… y el 2012 sostuvo que la frase “Es un peligro para México” no fue “producto de una simple ocurrencia”, sino parte de “toda una estrategia de comunicación perversa” y de “un plan orientado a la manipulación psicológica para crear consenso” en su contra. Años después, ya como Presidente, en ¡Gracias!, atribuyó de manera directa esa operación a Dick Morris y Antonio Solá, a quienes señaló como los publicistas extranjeros que “crearon la leyenda negra” sobre su persona e “idearon” la propaganda que lo presentó como “un peligro para México”; añadió que la ofensiva se desplegó también mediante internet, correos electrónicos y call centers, dentro de lo que describió como “una campaña orquestada por profesionales”.

Lo cierto es que el papel de Morris en aquella contienda no descansa únicamente en la versión de López Obrador. Austin Hart, politólogo de la American University, documentó en un estudio publicado por Cambridge University Press que, cuando Felipe Calderón se encontraba diez puntos abajo y no conseguía recortar la ventaja de López Obrador, despidió a su principal estratega, pagó 20 mil dólares por una asesoría de fin de semana con Dick Morris y emprendió un cambio radical de comunicación. Calderón buscó entonces “activar el voto económico” y convirtió a “la economía” en el eje de su mensaje, un giro que, destaca Hart, ocurrió sin que hubiera cambiado de manera sustancial el contexto económico del país.

El Presidente de EU, Donald Trump, hizo público este día su vínculo con Dick Morris, quien asesoró las campañas presidenciales de Vicente Fox y Felipe Calderón.
De izquierda a derecha, se encuentran Andy Rivas (de espaldas), Fernando Cerimedo, Donald Trump Jr., Brad Parscale y Dick Morris. Foto: Facebook Nadia Beller

La operación de Morris en México

El propio Morris escribió el 3 de abril de 2006 en el New York Post una columna titulada «Menace in Mexico», en la que presentó a López Obrador como un candidato de “ultraizquierda”, recogió versiones, sin aportar pruebas, sobre un supuesto financiamiento de Hugo Chávez a su campaña y sostuvo que el mexicano podía convertirse en la “pieza final” de un proyecto encabezado por Chávez y Fidel Castro para consolidar una izquierda latinoamericana enfrentada a Estados Unidos. La existencia, fecha y contenido de esa columna han sido documentados posteriormente en estudios académicos sobre la campaña presidencial mexicana de 2006.

En ese mismo texto, Morris vinculó directamente una eventual victoria de López Obrador con una amenaza para la seguridad y los intereses estratégicos de Estados Unidos. “¿Crees que tenemos problemas de seguridad ahora, con Vicente Fox al frente de México? Espera a que tengamos una frontera de 3 mil 200 kilómetros con un amigo de Chávez y Castro”, escribió. Después reconoció abiertamente su cercanía con el partido que postulaba a Calderón: “He trabajado como consultor para Fox y el PAN, así que comprendo la delicadeza de la situación política en México”. En contraste con López Obrador, presentó al panista como un político “plenamente comprometido con la economía de libre mercado” y favorable a “una estrecha relación” con Estados Unidos.

México, con sus vastos recursos petroleros, su extensa frontera y su tratado de libre comercio con Estados Unidos, sería la joya de la corona para los enemigos de Estados Unidos”, sostuvo. Y cerró su columna: “Solo nos queda esperar que el Congreso no apruebe una legislación que aleje al electorado mexicano y entregue el país en manos de AMLO”.

La columna fue publicada apenas tres meses antes de la elección presidencial del 2 de julio de 2006 y expuso públicamente el mismo marco discursivo que presentó a López Obrador como un riesgo para México y para los intereses estadounidenses.

La participación de Morris en campañas mexicanas, sin embargo, había comenzado antes. Jorge G. Castañeda relata en Amarres perros. Una autobiografía que el consultor estadounidense formó parte del equipo que trabajó en la campaña presidencial de Vicente Fox en 2000 y que tuvo una intervención directa en su estrategia de comunicación.

Al reconstruir uno de los momentos críticos de aquella contienda, Castañeda escribe que se reunieron Paco Ortiz, Carlos Flores, Santiago Pando y “Dick Morris, el ahora ultrarreaccionario comentarista de Fox News, antes el principal consultor político de Bill Clinton, y que en las últimas semanas de la campaña de Fox casi le dictaba los spots al equipo de Paco”. Y añade: “Allí, en pleno brainstorming, los cuatro descubrieron la diabólica fórmula para los spots por transmitirse esa noche y las subsiguientes. Si hubo un momento crítico de la campaña, fue ese; y si un grupo cumplió con su responsabilidad, fue ese”.

Castañeda detalla incluso una maniobra diseñada por Morris alrededor del primer debate presidencial de 2000 para instalar ante la audiencia televisiva la percepción de que Fox avanzaba en las encuestas. “Dick Morris ideó una maniobra grandiosa: colar un spot en el noticiero del Canal 2 antes del debate presidencial, mostrando cómo las encuestas se inclinaban ya ligeramente a favor de Fox, y otro, al término del debate, insistiendo en el mismo punto y acelerando la tendencia, y otro más, durante el posdebate, ilustrando con gráficas sencillas la ola creciente de transferencias de intención de voto de Labastida y Cárdenas hacia Fox”, relata.

Según Castañeda, Paco Ortiz “logró comprar el tiempo en Televisa de modo subrepticio para poner en práctica esta astucia” y, junto con las encuestas difundidas durante el posdebate y el desempeño del candidato, “generamos una imbatible dinámica ascendente de triunfo”.

La conexión Trump-Morris

Veinte años después, el nombre de Dick Morris ha reaparecido a raíz de sus vínculos con el trumpismo y Fernando Cerimedo, el consultor argentino que trabajó con las estructuras digitales de Javier Milei y que en los últimos años se convirtió en uno de los puentes entre la nueva derecha latinoamericana y operadores políticos de Estados Unidos.

Cerimedo, de hecho, trabajó con Morris para gestionar el respaldo de Donald Trump al hondureño Nasry Asfura. The Washington Post reveló hace unos días cómo el argentino apareció como instructor de la Dick Morris Academy, una plataforma de formación en línea para políticos y miembros de campañas electorales.

Reactionary International dio a conocer cómo, mientras Cerimedo trabajaba sobre el terreno en Honduras, Morris funcionó como enlace para conseguir el respaldo de Trump y Brad Parscale, antiguo jefe de campaña del republicano, quien aportaba desde Estados Unidos la estrategia de datos.

Cerimedo había firmado en marzo de 2025 una alianza con las empresas de Parscale, Campaign Nucleus y Eyes Over, para representarlas en América Latina. El proyecto combinaba análisis de datos, seguimiento de opinión pública, herramientas de inteligencia artificial y campañas digitales.

Según Reactionary International, esa estructura confluyó en Honduras con Morris: Cerimedo operaba políticamente, Parscale suministraba capacidades tecnológicas y Morris servía de puente hacia Trump. The Washington Post documentó además que Cerimedo mantenía una relación estrecha con Parscale, a quien agradeció públicamente en Mar-a-Lago, y que sus vínculos estadounidenses lo fueron colocando cada vez más cerca del ecosistema MAGA.

Morris reveló, por su parte, en 2022 que durante la campaña presidencial de 2020 asesoró secretamente al entonces Presidente Donald Trump en más de cien conversaciones entre abril y el día de la elección. Morris explicó en su libro The Return: Trump’s Big 2024 Comeback que los consejos abarcaron prácticamente todos los frentes de la operación electoral: estrategia de campaña, publicidad positiva y negativa y discursos presidenciales. Morris sostuvo que él y Trump habían acordado mantener esa colaboración fuera del organigrama público: su papel sería “anónimo, no oficial y no remunerado”.

El propio Trump confirmó esa cercanía al promocionar el libro. “Dick Morris y yo nos consultamos regularmente durante las campañas de 2016 y 2020”, afirmó, y aseguró que el estratega lo ayudó a perfeccionar su mensaje y dirigirlo hacia las audiencias que buscaba movilizar. La frase con la que cerró su reconocimiento fue todavía más clara: “Es mi consejero”.

De hecho, la interlocución entre ambos se mantiene hasta la actualidad. El pasado 5 de octubre, Trump volvió a amplificar públicamente a Morris al compartir en Truth Social un análisis suyo sobre el respaldo electoral al movimiento MAGA. Morris sostuvo que las mediciones mensuales de McLaughlin Group habían situado la aprobación del mandatario entre 47 y 50 por ciento desde noviembre de 2025 y argumentó que los sondeos subestiman sistemáticamente a los seguidores de Trump.

Trump retomó ese planteamiento y escribió: “Las encuestas SIEMPRE han subestimado a MAGA. Intentan suprimir el voto, pero gané los siete estados bisagra, el voto popular, el 86 por ciento de los condados y el 99 por ciento de las primarias este año. ¡YO ESTOY EN LA BOLETA!”. La publicación volvió a mostrar que, años después de aquellas asesorías secretas descritas por Morris y de las campañas de 2016 y 2020, Trump sigue utilizando públicamente los análisis del consultor para apuntalar su narrativa electoral.

Trump recurrió al análisis de Morris precisamente para defender los niveles de aprobación de su Gobierno y el respaldo a su movimiento, aunque otras mediciones ofrecían un panorama muy distinto: una encuesta Reuters/Ipsos publicada ese mismo 5 de octubre situaba la aprobación presidencial en 32 por ciento.

Desde agosto de 2023, The Washington Post confirmó que Trump seguía recurriendo ocasionalmente a Dick Morris y Roger Stone como consejeros externos, personajes que operaban fuera de la cadena formal de mando de su campaña y que, según el diario, reforzaban sus impulsos más combativos.

Morris no sólo mantenía contacto con Trump, también llamaba a sus redactores de discursos y principales asesores políticos para proponer mensajes de campaña y líneas de ataque, mientras había sido visto varias veces en Mar-a-Lago. “Me encanta cuando saca los colmillos”, declaró Morris al periódico, antes de explicar una de las ideas que ambos heredaron de Roy Cohn: “Incluida la idea de la ‘ofensiva permanente’. Es muy importante”.

El estrecho vínculo entre Morris y Trump también quedó exhibido con la fotografía difundida recientemente por Nadia Beller en la que aparecen juntos Fernando Cerimedo, Dick Morris, Brad Parscale, Donald Trump Jr. y Andy Rivas. Beller sostuvo en entrevista con Los Periodistas, de SinEmbargo Al Aire, que la imagen mostraba el acceso que Cerimedo había construido al entorno MAGA.

En El camaleón. La invención de Donald Trump, la reconocida periodista de The New York Times Maggie Haberman reseña cómo la relación de Dick Morris con Trump es anterior a su primera campaña presidencial formal y cómo ya en 2011 participaba en los movimientos con los que el magnate empezó a construir una estructura política propia.

La relación entre los dos aparece, de hecho, en el contexto de la falsa teoría de que Barack Obama no había nacido en Estados Unidos. Fue en ese momento cuando Trump comenzó a evaluar seriamente una candidatura para 2012. Haberman señala que, cuando decidió ampliar esa operación, “un viejo amigo de la familia, el experto en estrategia política Dick Morris, le sugirió a Trump que hablara con un encuestador republicano llamado John McLaughlin y con su hermano Jim”. Los McLaughlin no eran figuras menores: habían trabajado para Frank Rizzo, excomisario y alcalde de Filadelfia convertido, según Haberman, en un símbolo de una política basada en la “victimización de los blancos” y en el endurecimiento de las leyes.

Haberman relata que Trump pidió a los hermanos McLaughlin que elaboraran un verdadero plan de campaña, pese a que personas de su entorno todavía dudaban de que fuera a competir. “Terco, Trump siguió pidiendo a los hermanos que trazaran un plan de campaña al que ceñirse en caso de que decidiera postularse”, escribe la periodista, quien añade que el magnate se comportaba ante ellos como “un candidato serio”. Después de un mes de trabajo, los encuestadores regresaron con una estructura que proponía a Jason Miller como director de campaña y a Corey Lewandowski para operar Nuevo Hampshire; este último terminaría convirtiéndose años después en el primer jefe de campaña de Trump en la carrera presidencial de 2016.

El episodio cobra relevancia porque ocurrió justo cuando Trump descubría el rendimiento político de la desinformación. Haberman relata que el magnate creció en las encuestas mientras insistía en la falsa teoría sobre el lugar de nacimiento de Obama y conseguía que una conspiración nacida en los márgenes llegara a los grandes medios. Tras un mitin del Tea Party en Florida, donde volvió a exigir que Obama publicara su certificado de nacimiento completo, Trump quedó impresionado por la reacción del público; semanas después, cuando la Casa Blanca difundió el documento, se atribuyó el mérito: “Conseguí algo que ninguna otra persona había logrado”.