
@DanielEskibel
Es de noche (siempre es de noche cuando se produce esta escena).
El candidato está con su gente de confianza. Sus colaboradores. El equipo de campaña. Todos pendientes del televisor encendido. Hipnotizados por la voz del periodista que revela los primeros resultados del acto electoral.
Los números. ¡Ahí están los números! Suspenso. Interrogantes. Dudas. Ansiedad. Esperanza y miedo, todo junto.
El candidato y su equipo imaginan el futuro. Sus cerebros casi que lo ven, lo escuchan, lo tocan, lo huelen. El futuro cercano. Los próximos meses. Los próximos años. ¡Qué distinto será todo si ganan o si pierden!
En la pantalla del televisor se van acumulando los datos de la elección. Las cifras no son las esperadas.
No puede ser. Todavía falta mucho. No llegaron aún los datos de los circuitos donde votamos mejor. No puede ser. ¿Qué está pasando? Noo.
La incredulidad inicial abre paso a una confusa maraña de sentimientos negativos. Perdimos, dice alguien. Otros se aferran a un cambio de rumbo de la información. Todavía se aferran, pero cada vez se asemejan más a náufragos en alta mar, náufragos apenas sostenidos por un frágil y precario salvavidas.
Perdimos, finalmente perdimos. Unos lo dicen con rabia y otros con tristeza.
Ya nada se puede hacer. Otro será el Presidente, el Alcalde, el Gobernador o el Legislador. Otros sus colaboradores. Esos otros que no somos nosotros.
Jaque Mate. Fin de partida.
La escena temida
La anterior es la escena más temida por todos aquellos que se embarcan en una campaña electoral.
Solo uno triunfa. El resto, todo el resto, no llega a la meta. Y seguramente todos han puesto lo mejor de sí para llegar. Se han esforzado, han invertido, han soñado, han trabajado. Pero solo uno gana.
Perder duele. Pero después de perder, ya no hay nada que hacer. Solo pensar en la próxima, tal vez. Y analizar por qué se perdió, intentando corregir el rumbo futuro. Pero duele.
La derrota es, definitivamente, la escena más temida por los candidatos y sus equipos de campaña.
¿Dónde perdimos?
La pregunta salta de inmediato y se prende a la yugular del equipo de campaña. ¿Dónde perdimos?
- ¿Perdimos en los medios de comunicación?
- ¿Perdimos en alguna ciudad o distrito importante?
- ¿Perdimos en algún segmento clave de la población?
- ¿Perdimos en el contacto persona a persona?
- ¿Perdimos en los rumores populares?
- ¿Perdimos en la vía pública?
No. Nones.
Perdimos en el cerebro del votante.
El cerebro, la mente, la psicología…allí es donde siempre se pierde (curiosamente, o no tanto, es el mismo lugar donde siempre se gana…).

Todo lo demás importa, claro, pero las grandes ligas se definen en el cerebro humano. Allí donde cada votante toma su decisión de voto.
El cerebro humano, entonces, es parte del problema pero también es parte de la solución. O sea: si una campaña electoral dispusiera de un buen conocimiento acerca de cómo funciona la mente del votante, entonces sus probabilidades de triunfo mejorarían explosivamente.
La salida del laberinto
El cerebro humano es como un laberinto oscuro. ¿Recuerdan el mito del Minotauro? El laberinto incesante de pasillos que parecen conducir a ninguna parte, los pobres humanos que circulan extraviados y a tientas, y el monstruo mitológico que finalmente los destruye.
¿Alguien podía encontrar la salida del laberinto? Uno, solo uno, lo logró: Teseo. ¿Cómo lo hizo? Aferrado a un largo hilo sostenido desde afuera por Ariadna, lo cual le permitió volver a encontrar el camino.
El hilo de Ariadna cumplió la misma función que cumplen los carteles luminosos en nuestro tiempo: señaló el camino, marcó el rumbo, ofreció una brújula.
Guiado por aquel rudimentario GPS, Teseo encontró el camino correcto para escapar del laberinto. Y bien: la mente del votante es un oscuro laberinto.
Allí se pierden casi todas las campañas electorales. Allí se destruyen. Ese es el problema central de toda campaña.
Los mensajes políticos se extravían y se destruyen dentro de ese laberinto.
Campañas electorales efectivas
Las campañas electorales más efectivas serán aquellas que logren que su mensaje sobreviva y encuentre la salida del laberinto del cerebro hacia la urna electoral.
Del cerebro que analiza y decide a la mano que deposita la hoja de votación. ¿Qué debe hacer una campaña electoral para lograrlo? Debe colocar y encender, dentro del oscuro y laberíntico cerebro del elector, 7 carteles luminosos que marquen e iluminen el camino.
Adelanto cuáles son dicho:
# Target
# Problema
# Solución
# Personalidad
# Marca
# Posicionamiento
# Confianza
Colocar y encender en la mente del votante estos 7 carteles luminosos no es una sumatoria de acciones sino una estructura, un sistema de trabajo, un modo preciso de ordenar una campaña electoral. En este esquema, la Psicología Política es el hilo de Ariadna.

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