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Ecuador sube de nivel: cómo el gobierno de Daniel Noboa recuperó la confianza económica internacional y mejoró la calificación del país

Aquí está la clave política: la reputación financiera es reputación de gobernabilidad. En economías con presión social y restricciones fiscales, la pregunta del mercado no es solo qué se anuncia, sino qué se ejecuta y se sostiene. 

Por Gabriela Avendaño | Estratega política 

En su informe publicado el 25 de febrero de 2026, Fitch Ratings mejoró la calificación soberana de Ecuador a B-desde CCC+ y asignó perspectiva estable. El mensaje técnico es directo: la agencia observa una reducción del riesgo inmediato asociado al financiamiento del Estado, mayor flexibilidad para administrar vencimientos y señales de consolidación fiscal que apuntalan la confianza del mercado en el corto y mediano plazo.

Este resultado no se explica por una sola decisión ni por un ciclo comunicacional. Se explica por ejecución. Tomo 2023 como referencia porque allí se concentraba el desafío de fondo: un país con credibilidad financiera por reconstruir, restricciones de financiamiento y alta sensibilidad a shocks. Desde esa línea base, 2025 consolidó señales que cambiaron el clima de percepción, y 2026 aportó el elemento decisivo: una operación de deuda que disminuye presiones de refinanciamiento y refuerza la liquidez.

En este proceso, es indispensable reconocer el rol del equipo económico y, en particular, de Sariha Moya, ministra de Economía y Finanzas. En crédito soberano, la confianza se construye cuando el Ministerio de Finanzas logra alinear disciplina fiscal, estrategia de financiamiento y gobernabilidad. No basta con tener un plan; hay que sostenerlo bajo presión. La calificación, en última instancia, es un veredicto sobre consistencia.

Dos señales que explican la mejora, según Fitch.

La primera señal es la propia decisión de Fitch: subir la calificación y asignar perspectiva estable. La perspectiva estable indica que, en el escenario base de la agencia, Ecuador se mueve hacia una fase de mayor previsibilidad. Para el país, esto se traduce en una señal clara hacia inversionistas y contrapartes financieras: la probabilidad de un deterioro cercano del perfil crediticio disminuye y la credibilidad deja de depender del “momento” para sostenerse en una ruta.

La segunda señal es el componente operativo que Fitch destaca con mayor peso: la reducción del riesgo de refinanciamiento. La agencia subraya la operación de manejo de pasivos de enero de 2026, en la que el gobierno emitió USD 4.000 millones en eurobonos para recomprar casi USD 3.000 millones de bonos en circulación y asegurar USD 1.000 millones de financiamiento presupuestario. Fitch estima que esta transacción recorta el servicio de eurobonos en alrededor de USD 1.400 millones durante los próximos cinco años y reporta que los colchones de cajaaumentaron hasta USD 2.700 millones tras la operación. En términos prácticos, esto significa menos presión por pagos en el corto plazo, menor exposición a episodios de estrés por vencimientos y más capacidad estatal para planificar su financiamiento con orden.

2025: fundamentos que empezaron a hablar

Fitch también apoya su evaluación en un desempeño externo que fortaleció la posición de liquidez del país. La agencia estima un superávit récord de cuenta corriente de 6,0% del PIB en 2025 y reporta que las reservas internacionalesllegaron a USD 9.800 millones al cierre del año. En un país dolarizado, este punto es estructural: reservas y cuenta externa son el respaldo operativo de la estabilidad. Cuando se acumulan, el sistema gana resistencia frente a shocks y la percepción de riesgo suele ajustarse.

En paralelo, Fitch estima que la deuda bruta del gobierno general se mantuvo alrededor de 51,1% del PIB en 2025, un nivel considerado moderado frente a países comparables. Este dato no elimina retos fiscales, pero ayuda a explicar por qué, con mejor acceso a financiamiento y una administración de pasivos más ordenada, Ecuador puede mejorar su perfil sin caer en soluciones de corto plazo que comprometan la sostenibilidad.

Reformas y ejecución: credibilidad económica es credibilidad de gobernabilidad

El informe de Fitch reconoce el avance de reformas asociadas a la consolidación fiscal. Entre las medidas de mayor relevancia, destaca la eliminación de un subsidio al diésel de larga data que costaba más de USD 1.000 millones anuales, equivalente a 0,8% del PIB. Fitch subraya que, pese a llamados a movilizaciones, la conflictividad se mantuvo contenida y la medida se implementó.

En la lectura del mercado, este es un punto crucial: la reputación financiera de un país es inseparable de su reputación política para gobernar. La confianza crece cuando el Estado demuestra capacidad de tomar decisiones difíciles, ejecutarlas y sostenerlas, sin perder el control de la calle ni del timón fiscal. Allí se conecta el liderazgo del presidente Daniel Noboa con la conducción económica: gobernabilidad y economía se vuelven una misma ecuación.

Lo que viene: convertir el avance en tendencia

El valor de esta mejora no está solo en el anuncio, sino en lo que habilita. Ecuador ha demostrado capacidad para reducir riesgos de corto plazo, ordenar su calendario de vencimientos, fortalecer liquidez y sostener una agenda económica ejecutable. Esa combinación eleva el estándar de credibilidad.

El desafío estratégico ahora es sostener la trayectoria. Los mercados observarán señales de continuidad: disciplina fiscal consistente, preservación de liquidez, fortalecimiento adicional de reservas y estabilidad institucional. En dolarización, estos elementos no son accesorios; son el núcleo que sostiene la confianza.

Ecuador sube de nivel. El objetivo es que esta mejora no sea un episodio aislado, sino el inicio de un nuevo estándar: financiamiento más predecible, estabilidad defendible y una reputación económica que vuelva a jugar a favor del país.