
C&E REDACCIÓN. Esteban Villegas Villarreal es uno de los dos gobernadores que mantiene el PRI a nivel nacional y al frente del Gobierno de Durango sostiene que su prioridad ha sido impulsar inversiones, generar empleos, fortalecer la seguridad y ampliar los servicios de salud, educación e infraestructura en todas las regiones del estado.
Ha construido su trayectoria pública a partir de una visión marcada por su formación como médico, la cercanía con la ciudadanía y la convicción de que gobernar implica escuchar, diagnosticar y resolver. Originario de San Juan del Río, Durango, asegura que sus raíces familiares y el contacto con las comunidades definieron desde temprana edad su vocación de servicio.
En esta entrevista con Campaigns and Elections, el mandatario priista habla sobre los retos que enfrenta México, la necesidad de reducir las desigualdades regionales y la importancia de mantener una relación institucional entre los distintos niveles de gobierno, más allá de las diferencias partidistas. También reflexiona sobre la participación de los jóvenes, el futuro de su partido, el impacto de la inteligencia artificial en la comunicación política y el legado que busca dejar al frente de Durango.
1.- ¿En qué momento de tu vida te decidiste a iniciar una carrera política?
Mi vocación pública empezó antes de pensar en una candidatura. Yo estudiaba Medicina y, desde la vida universitaria, entendí que organizarse servía para resolver problemas que parecían pequeños, pero que para una persona podían cambiarlo todo. Vengo de San Juan del Río, Durango, municipio donde nació Francisco Villa, y de una familia que me enseñó a trabajar y a no olvidar de dónde viene uno. Eso marcó mi manera de ver el servicio público.
La medicina me enseñó algo que sigo aplicando como gobernador: primero hay que escuchar, después hacer un buen diagnóstico y finalmente atender. En el gobierno pasa igual. No se puede resolver desde un escritorio lo que no se conoce en la calle, en una comunidad o en una colonia. Así nació mi carrera: no del deseo de ocupar un cargo, sino de la convicción de que, cuando la gente pide y el gobierno escucha, el gobierno tiene la obligación de responder.
2.- ¿Hubo alguna figura en específico que te inspiró para iniciarte en el servicio público?
Mis primeros referentes fueron mis padres. De ellos aprendí el valor de la palabra, el trabajo y la familia. También me inspiró la gente de mi tierra: campesinos que se levantan antes de que salga el sol, madres que sacan adelante a sus hijos, y médicos que atienden con una vocación inquebrantable. Ahí entendí que servir no es un discurso; es estar cuando alguien te necesita.
En la vida pública he aprendido de muchas personas y de distintas generaciones. No creo en copiar biografías ni estilos. Cada época exige su propia respuesta. Lo que sí conservo es una idea muy clara: la política vale la pena cuando acerca, cuando construye acuerdos y cuando convierte las necesidades de la gente en soluciones concretas.
3.- ¿Qué tan difícil es para un joven iniciar una trayectoria política hoy en día?
Es un reto importante, pero también es una época llena de posibilidades. Hoy un joven puede hacerse escuchar sin pedir permiso; tiene herramientas, información y una capacidad de organización que antes no existían. El reto es no confundir visibilidad con liderazgo. Tener seguidores ayuda a comunicar, pero el liderazgo se demuestra resolviendo, formando equipos y sosteniendo la palabra cuando llegan los momentos complicados.
A los jóvenes les diría que no esperen a que alguien les entregue un espacio. Que estudien, recorran su comunidad, se preparen y empiecen por una causa real. La política necesita menos poses y más vocación. También necesita partidos e instituciones que abran puertas de verdad, no solamente en el discurso. México gana cuando incorpora la energía de los jóvenes y la combina con experiencia, disciplina y sentido de responsabilidad.
4.- Para ti, ¿qué es lo mejor de estar en el servicio público?
Lo mejor es ver que una decisión pública cambia una historia. Que una niña reciba atención médica a tiempo; que una familia tenga agua, una calle digna o un empleo bien pagado; que un ganadero aguante la sequía y no pierda su patrimonio; que un joven no tenga que irse de Durango para construir su futuro, pero que tenga las condiciones para volar si así lo decide. Eso le da sentido a todo.
Gobernar no es hablar por la gente, sino escucharla y trabajar con ella. Nuestra lógica es sencilla: primero escuchamos, luego resolvemos. A veces la solución es una gran obra y otras veces es un trámite que deja de ser una carga, una medicina que llega o una puerta que por fin se abre. Eso lo vivo todos los días atendiendo a la gente cara a cara en los eventos y resolviendo todo lo que se puede. El servicio público te permite multiplicar el bien cuando tienes sensibilidad, método y un equipo que entiende que el poder solamente se justifica si se usa para atender.
5.- ¿Cuál ha sido el momento más difícil en este ámbito y qué aprendiste de él?
Sin duda, la elección de 2016. Perder una gubernatura después de haber trabajado tanto fue un golpe fuerte. Pero las derrotas también pueden ser grandes maestras. Me obligó a detenerme, escuchar más, revisar errores y volver a lo esencial: mi esposa Marisol y mis hijos, mi familia, mis raíces y la razón por la que había entrado a la política.
Aprendí que una caída no define tu destino; lo define lo que haces después. No me escondí ni me llené de resentimiento. Me reinventé, seguí preparándome y mantuve vivo el sueño. Seis años después, la gente me dio una nueva oportunidad y llegué a la gubernatura con más experiencia, humildad y claridad. Hoy puedo decirles a quienes atraviesan una derrota: perder no es el final. A veces es la parte del camino que te forma para estar a la altura de lo que viene.
6.- ¿Cuál consideras que es el principal reto que enfrenta México y qué acciones concretas propondrías para atenderlo?
El principal reto de México es cerrar las brechas que nos dividen: entre regiones, entre el campo y la ciudad, entre quienes tienen oportunidades y quienes todavía esperan tenerlas. Esa desigualdad también alimenta inseguridad, desconfianza y migración. No se resuelve con una sola política ni con un solo nivel de gobierno.
Necesitamos un acuerdo nacional con cuatro prioridades: seguridad con inteligencia y coordinación; educación y salud que igualen oportunidades; infraestructura hídrica, energética, carretera y digital para atraer inversión; y una política de desarrollo regional que aproveche la vocación de cada estado. Los gobernadores debemos hacer equipo con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; con los municipios, con el sector privado y con la sociedad. México no puede desperdiciar tiempo en pleitos que no le resuelven nada a una familia. Podemos pensar distinto y, aun así, caminar juntos en lo fundamental: paz, prosperidad y un futuro digno para todos.
7.- ¿Visualizas alternancia o continuación para México en 2027 y 2030?
Las elecciones no se adivinan; se construyen con resultados y las decide la ciudadanía. En 2027 habrá evaluaciones locales y en 2030 México tomará una decisión nacional. Mi responsabilidad no es hacer pronósticos, sino gobernar bien y entregar cuentas.
Creo que la gente ya no vota solamente por colores. Evalúa cercanía, capacidad y resultados. Quien escuche y resuelva tendrá la confianza; quien se encierre en la confrontación se alejará de ella. Desde Durango vamos a mantener una relación institucional y productiva con la presidenta de México, independientemente de la afiliación partidista de cada quien. El país necesita una democracia competitiva, pero también autoridades capaces de colaborar después de la elección. Primero México, primero Durango y primero la gente.
8.- ¿Consideras que el país está mejor o peor que antes?
México ha avanzado en derechos, programas sociales, infraestructura y en la incorporación de millones de personas a la vida pública. También conserva desafíos muy serios en seguridad, salud, productividad, agua y desigualdad. Por eso no me parece responsable reducir al país a un “mejor” o “peor” usado como consigna. México es más grande y más complejo que cualquier sexenio.
Lo que sí puedo afirmar es que tenemos una oportunidad extraordinaria. La relocalización de inversiones, el talento de nuestra gente y la posición de México en Norteamérica pueden abrir una etapa de prosperidad. Para aprovecharla necesitamos certidumbre, energía, agua, seguridad y unidad nacional. Reconocer lo que funciona no obliga a callar lo que falta; señalar lo pendiente no significa negar los avances. Un estadista debe hacer ambas cosas y ponerse a trabajar.
9.- ¿Qué te llevó a militar en tu partido actual?
Llegué al PRI siendo joven porque ahí encontré una vía para participar, organizar causas y servir desde lo local. Es un partido con una profunda tradición municipalista y social, en el que pude crecer desde la vida estudiantil, cultural y comunitaria. Me dio oportunidades y también me enseñó que ningún partido puede vivir solamente de su historia: tiene que renovarse, escuchar y volver a ganarse todos los días la confianza de la gente.
Soy priista y lo digo con claridad, pero como gobernador no administro colores. Gobierna un hombre postulado por partidos, sí; pero, al tomar protesta, se convierte en gobernador de todas y de todos. Por eso trabajo con presidentes municipales, legisladores y con la presidenta de la República sin preguntar primero de qué partido son. Las diferencias democráticas son legítimas; la obligación de dar resultados es común.
10.- ¿Cuál consideras que ha sido tu mayor aportación desde tu posición política?
Mi mayor aportación ha sido cambiar la expectativa de lo que Durango puede lograr. Durante años nos acostumbramos a escuchar que las grandes inversiones pasarían de largo. Hoy hay proyectos reales en operación, en construcción o en preparación, y Durango ya está en el mapa de empresas globales. Entre los proyectos en marcha y los que siguen en proceso se perfila una inversión que rebasa los 8 mil millones de dólares. Fermachem, por ejemplo, representa una inversión de 28 mil millones de pesos y permitirá producir fertilizante estratégico para todo el campo mexicano.
Estamos por arrancar también el centro de datos más grande de México, en conjunto con NVIDIA y Fermaca, el cual pondrá a Durango en el centro del ecosistema digital de nuestro país; Todo esto no sería posible si nuestro estado no fuera uno de los más seguros del país. Llevamos más de tres años entre los primeros lugares en materia de paz.
Pero no quiero que mi aportación se mida solamente en anuncios. Se debe medir en la gran cantidad de empleos que estamos generando, en los mejores ingresos y en las oportunidades que llegan a cada región. Los próximos dos años serán los más fuertes de Durango: vendrán inversiones que todavía no podemos revelar, obras y resultados sociales. Todo parte de una fórmula muy humana: recorrer, escuchar, ordenar prioridades y resolver. Estamos llevando a Durango al lugar que siempre debió ocupar.
11.- ¿Quién es tu referente político?
No tengo un solo referente encerrado en una fotografía. Mis referentes más profundos son mis padres y la gente trabajadora de Durango, porque de ellos aprendí valores antes que política. En la historia pública admiro a quienes supieron entender su tiempo, unir a la sociedad y tomar decisiones que trascendieron su periodo.
También he aprendido de presidentes, gobernadores, alcaldes y liderazgos de diferentes partidos. No me interesa la imitación, sino la capacidad de recoger buenas ideas. México necesita menos culto a la personalidad y más instituciones, equipos y acuerdos. El mejor referente, al final, es la gente: si uno no pierde la capacidad de escucharla, difícilmente pierde el rumbo.
12.- ¿Qué cambio propondrías para impactar positivamente al país, considerando los retos actuales?
Impulsaría un gran acuerdo nacional para el desarrollo regional. México no puede seguir creciendo a dos velocidades. Hay estados con infraestructura, agua, energía y conectividad suficientes, mientras otros tienen talento y recursos, pero no las mismas condiciones para competir. El lugar de origen de una persona no debe determinar el tamaño de sus oportunidades.
Ese acuerdo debe trascender sexenios y partidos: una cartera prioritaria de proyectos de agua, energía, carreteras, ferrocarril y conectividad digital; reglas claras para la inversión; formación técnica vinculada con los empleos del futuro; fortalecimiento de municipios; y seguridad coordinada. La presidenta, los gobernadores y el Congreso debemos definir qué necesita cada región y cumplirlo con calendarios verificables. Si unimos al sur, al centro y al norte en una sola visión de desarrollo, México no solo crecerá más: crecerá mejor y con mayor justicia.
13.- ¿Y a nivel local?
En Durango el cambio es pasar de un gobierno que atiende solicitudes aisladas a uno que escucha de manera permanente, organiza las prioridades por municipio y resuelve con seguimiento. El objetivo es que una persona pueda decir: “lo pedimos, nos escucharon y aquí está el resultado”. Esa confianza vale tanto como la obra misma.
Los resultados se reflejan en que somos uno de los pocos estados que entrega uniformes y útiles escolares gratuitos. También contamos con un hospital completo sobre ruedas, llamado Ruta de la Salud, que mi esposa Marisol ha llevado hasta las comunidades más apartadas de la Sierra Madre Occidental. Iniciamos una campaña de cirugías extramuros, con quirófanos propios, que ha permitido devolverle la vista a más de 200 personas.
Los próximos dos años serán una etapa de ejecución muy intensa. Vamos a seguir consolidando las inversiones y convertirlas en empleos; fortalecer salud, educación, seguridad y caminos; respaldar al campo; atender el agua; y llevar resultados a todas las regiones, no solamente a las ciudades más grandes. Durango tiene recursos naturales, ubicación, talento y estabilidad. Lo que faltaba era alinear visión, gestión y confianza. Ya sembramos mucho en los primeros años; ahora viene el tiempo de cosechar y demostrar que escuchar sí transforma cuando va acompañado de decisiones.
14.- La inteligencia artificial está transformando la comunicación política. ¿Cómo ha impactado tu actividad pública? ¿Consideras necesaria una regulación específica en esta materia?
La inteligencia artificial ya cambió la actividad pública. Nos permite ordenar grandes volúmenes de información, identificar patrones en las demandas ciudadanas, agilizar procesos y comunicar de manera más clara. Bien utilizada, puede ayudar a que un gobierno escuche mejor y responda más rápido. Pero la tecnología debe ampliar la capacidad humana, no sustituir el criterio, la empatía ni la responsabilidad de quienes toman decisiones.
Sí necesitamos reglas específicas, sobre todo para proteger datos personales, identificar contenidos sintéticos, sancionar la suplantación y los deepfakes, y exigir transparencia cuando se use IA en campañas o en decisiones públicas. La regulación debe proteger la libertad de expresión y, al mismo tiempo, impedir que el engaño tecnológico destruya reputaciones o altere una elección. No se trata de frenar la innovación, sino de ponerle principios: trazabilidad, seguridad, equidad y una persona siempre responsable detrás de cada decisión.
15.- Si pudieras darle un consejo al político que eras cuando comenzaste tu carrera, ¿cuál sería?
Le diría: escucha más y no tengas prisa por demostrarlo todo de inmediato. La política suele premiar el ruido del momento, pero la vida termina premiando la constancia. Cuida a tu familia, cuida tu prestigio, conserva amigos que puedan decirte la verdad y no permitas que un cargo te haga olvidar al muchacho que salió del campo para estudiar Medicina.
También le diría que no tema a las derrotas. En 2016 pensé que una puerta se había cerrado; con el tiempo entendí que la vida me estaba preparando. La caída me dio experiencia, paciencia y una visión más humana. Uno puede reinventarse sin traicionarse, corregir sin renunciar a sus sueños y volver a intentarlo sin cargar rencor. Persistir no es repetir lo mismo: es aprender, cambiar y regresar mejor.
16.- ¿Cómo te gustaría ser recordado al final de tu trayectoria política?
Me gustaría ser recordado como un gobernador cercano que escuchó y resolvió; como alguien que unió en lugar de dividir y que ayudó a llevar a Durango al lugar donde siempre debió estar. Quiero que, al terminar, la gente pueda ver empleos, hospitales, escuelas, caminos, agua, seguridad y oportunidades, no solamente discursos.
Pero también quiero ser recordado como soy fuera del cargo: un hombre de familia, orgulloso de sus raíces, que ama profundamente a Durango y a México. Soy médico, cantante y gobernador; son tres pasiones distintas, pero las tres tienen algo en común: conectar con las personas. El médico escucha para atender, el cantante interpreta para emocionar y el gobernador escucha para resolver. Si al final puedo decir que honré a mi familia, cumplí mi palabra y abrí camino para quienes vienen detrás, habrá valido la pena.

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