Mucha testosterona y poca pólvora.- Por Antoni Gutiérrez-Rubí/El País - Campaigns and Elections México

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Mucha testosterona y poca pólvora.- Por Antoni Gutiérrez-Rubí/El País

El próximo mes de septiembre, se cumple un año de la orden ejecutiva con la que Donald Trump cambió el nombre del Departamento de Defensa por el de Departamento de Guerra:“Vamos a pasar a la ofensiva, no solo a la defensa. Máxima letalidad, no tibia legalidad. Efecto violento, no políticamente correcto”, dijo en su día Pete Hegseth, el ahora secretario de Guerra, para justificar la decisión.

No ha sido el único cambio semántico y cultural dentro de la maquinaria de defensa de Estados Unidos. Pocas semanas después, la administración convocó a todos los generales a una reunión inédita en la base de Quantico, en Viriginia, ante la amenaza de una “invasión desde dentro”. Entre los enemigos señalados, destacaron las políticas progresistas que supuestamente han ablandado al ejército. Al parecer, Hegseth considera que hay demasiados negros, mujeres y gordos con uniforme y que ya no se da una imagen lo suficientemente varonil ni tampoco viril. A partir de entonces, quedaron abolidas las políticas de igualdad y la corrección política, al igual que las barbas, las melenas y el exceso de peso.

El movimiento MAGA tiene en la masculinidad una de sus piedras angulares. Para ellos, Estados Unidos está en peligro porque se ha puesto en entredicho el papel central del hombre blanco en la sociedad. La supuesta cultura woke de las últimas décadas ha revalorizado demasiado el papel de la mujer y de las minorías, perjudicando el desarrollo social y cultural de la nación. Por eso, es necesario mostrar fuerza y no limitarse a la defensa. Hay que hacer la guerra. Y hay que hacerla no solo con tácticas, estrategias y armamento, sino también con músculos abultados y abdómenes planos. La estética y el cuerpo como parte del mensaje. 

Hegseth ha implementado esta idea desde que inició la segunda presidencia de Trump. Puso en marcha una campaña para “renovar la masculinidad” que promueve una nueva filosofía centrada en restaurar el “ethos guerrero”. Esta política le ha llevado a relevar a las mujeres de la mayor parte de los puestos de alto mando que ocupaban y creó una comisión especial para acabar con los programas de diversidad e igualdad. También, en sus redes sociales, es típico que publique vídeos levantando pesas o haciendo ejercicio físico con las tropas.

Esta visión tiene un apoyo considerable en parte de la sociedadSegún un estudio de tribus políticas hecho este año por Echelon Insights, 18% de los estadounidenses, en su mayoría hombres, forman parte de lo que se considera la “derecha leal”. Son los más fervientes seguidores del movimiento trumpista y tienen una visión tradicional de la sociedad con el hombre blanco en el centro. Temen que la pérdida de masculinidad esté generando un retroceso.

Esta idea no solo tiene impacto en la política. Va más allá. La creciente importancia que tiene el desarrollo de la fuerza física ha hecho que los tratamientos de testosterona se pongan de moda. Ocurre en todo el mundo, pero de forma especial en Estados Unidos, donde se calcula que desde 2020 han aumentado las prescripciones en un 154%. En las redes sociales abundan las publicaciones virales en las que se calcula cuánta testosterona debería producir un hombre según su edad y los llamados gymbros recomiendan cada vez más el consumo de suplementos especiales, a pesar de las advertencias médicas contra esta práctica. El propio Hegseth se unió a esta tendencia recientemente al anunciar que el Pentágono realizará pruebas de testosterona entre los militares mayores de 30 años. Los que tengan déficit podrán someterse a terapias. 

Durante el primer año de la vuelta de Trump, este cambio cultural fue de la mano de un incremento de la letalidad de las fuerzas armadas estadounidenses, lo que incluso llegó a provocar denuncias de posibles violaciones de los derechos humanos. En ese tiempo realizaron 658 ataques aéreos en todo el mundo, casi tantos como los 694 de la administración Biden en todos sus cuatro años de mandato. Y estaban orgullosos de mostrarlo. En redes se viralizaron los vídeos de la destrucción de narcolanchas, de bombardeos a objetivos nucleares iraníes y de la captura de Nicolás Maduro en plena madrugada. La guerra como espectáculo visual y digital. 

Pero ahora, parece que se ha acabado la pólvora. La masculinidad sin estrategia ha chocado de lleno con la realidad. Las últimas noticias apuntan a que Estados Unidos ha abortado los ataques a Irán porque se ha empezado a quedar sin municiones. Mucho músculo en las redes sociales, pero poca fuerza de fuego real porque el arte de la guerra es realmente mucho más que disparar a mansalva sin calcular. Quizá deberían haber dedicado a leer a Sun Tzu en lugar del tiempo que perdieron viendo y creando vídeos de gymbros. Mucho tratamiento de testosterona y poco suministro.

Esta situación ha hecho que se agrie la relación entre Trump y Hegseth, que llegó a ser uno de sus ministros favoritos. Según reporta The Washington Post, el presidente le ha recriminado su falta de visión ante la escasez de municiones y que la guerra en Irán se ha alargado mucho más de lo previsto. Además, el funcionario todavía no ha podido convencer al Congreso para que aprueben el nuevo presupuesto de Defensa. Todo parece apuntar a que el excesivo proselitismo en la guerra cultural descuidó cómo se hace técnicamente la guerra convencional. Estamos en manos de agitadores, no de profesionales.