
Por Robert Tatterson
La rápida innovación en inteligencia artificial está brindando a los consultores políticos, directores de políticas públicas y directores de campaña un mayor control, no menor, sobre sus mensajes y la programación de sus campañas para diversos temas y candidatos. Adoptar este cambio y anticiparse a esta tendencia permitirá un debate público y campañas políticas más eficientes y rentables.
En definitiva, esto tiene el potencial de lograr un electorado mejor informado. Dicho de otro modo: «salvemos la democracia» aprovechando estas tecnologías ahora, en las elecciones de mitad de mandato.
La reciente advertencia en las páginas de opinión de The New York Times hecha por el columnista Thomas Edsall aviva la histeria en torno a la inteligencia artificial en la política.
«Para bien o para mal, la inteligencia artificial está provocando una profunda transformación en la política estadounidense que alterará la esencia y el carácter de las campañas», escribe Edsall. «La IA se ha convertido en una poderosa herramienta política con el potencial de mejorar la calidad de la toma de decisiones el día de las elecciones o, por el contrario, de subvertir el proceso».
La columna, que comienza con el titular «Las campañas políticas no tienen ni idea de lo que se les viene encima», diagnostica erróneamente el desenlace final para nuestra democracia. Si bien existe un temor válido de que la IA pueda usarse para subvertir la deliberación, esta visión pasa por alto el potencial transformador de la tecnología —cuando se aplica con rigor ético— para mejorar realmente la calidad de la toma de decisiones el día de las elecciones.
Que las campañas políticas no estén preparadas para el impacto de la inteligencia artificial refleja correctamente la disrupción que se avecina. Sin embargo, esto también resta mérito a los directores de campaña y de políticas públicas por su capacidad para adaptarse a esta nueva realidad con el apoyo de los proveedores de tecnologías emergentes.
El panorama político actual se caracteriza por el «ruido»: un aluvión de mensajes genéricos que a menudo no captan las verdaderas preocupaciones del votante. En Amygdala, la empresa de inteligencia artificial donde ejerzo como CEO, creemos que la solución reside en la alineación neuronal, en lugar de en intentos de manipulación masiva. Mediante el uso de algoritmos avanzados basados en neurociencia, impulsados por IA, y «gemelos digitales del votante» (réplicas de votantes creadas con IA), las campañas pueden ir más allá de las meras conjeturas de las encuestas y pruebas de mensajes tradicionales. Cuando comprendemos las vías cognitivas del electorado, no buscamos «engañar» al cerebro, sino comunicarnos con él con una claridad que hasta ahora no habíamos visto.
El desafío al que nos enfrentamos no es un ataque a la democracia, sino el desmantelamiento de un modelo de comunicación ineficiente propio del siglo XX. Si adoptamos la IA como herramienta para una comprensión humana más profunda, veremos que el electorado llega a las urnas más informado, más conectado y más decidido que nunca.
He aprendido valiosas lecciones al postularme para un cargo público en Wisconsin, donde la política puede ser una lucha encarnizada. Perdí mis batallas electorales, pero tal vez gané la guerra. Hemos descubierto que la neurociencia y la IA, en conjunto, ayudan a ganar elecciones al filtrar la información irrelevante y abordar los temas que realmente preocupan a los votantes.
En lugar de la IA que supuestamente amenaza con quitarles los puestos de consultor político, los profesionales de las campañas deberían recuperar el control con herramientas avanzadas basadas en la neurociencia. Concéntrense en la estrategia y dejen que la IA neurocientífica se encargue de los grupos focales, las pruebas de mensajes, las encuestas, la creación de mensajes y la segmentación de audiencias.
El Dr. Robert Tatterson es el fundador y director ejecutivo de Amygdala, una plataforma de inteligencia artificial. Es doctor y máster en ingeniería por la Universidad de Michigan.

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