
Abelardo de la Espriella, candidato presidencial de Colombia por Defensores de la Patria, ganó la primera vuelta con el 43.74% de los votos, una ventaja de más de 673 mil votos sobre el candidato oficialista Iván Cepeda. Detrás de la campaña estuvo un equipo de marketing político que se encargó de posicionarlo como uno de los principales contendientes de la elección y posteriormente llevarlo a convertirse en el aspirante más votado, pese a que varias encuestas previas a la elección lo ubicaban en segundo lugar.

La estrategia fue encabezada por Carlos Suárez Rojas, CEO de Estrategia&Poder, firma colombiana especializada en consultoría, comunicación y marketing político. La campaña construyó la imagen del candidato alrededor de un tigre, animal asociado al liderazgo, la fuerza y la determinación. El símbolo fue rápidamente adoptado por sus simpatizantes, quienes comenzaron a identificar al abogado y empresario como “el tigre” dispuesto a enfrentar a quienes considera responsables de los problemas del país.
Bajo esa narrativa surgieron los spots y la canción oficial de campaña. Aunque la mayoría de las piezas audiovisuales fueron elaboradas con Inteligencia Artificial, los mensajes mantuvieron un tono directo contra la clase política tradicional y los demás contendientes, presentando a De la Espriella como una alternativa de cambio.
Uno de los materiales más recordados fue “¡Llegó el tigre que ruge y muerde!”, un video que simulaba un anuncio de una figura de acción inspirada en el candidato. La pieza lo mostraba como una especie de superhéroe acompañado de un tigre mascota y de su lema “Firme por la patria”, mientras niños jugaban con el muñeco y repetían la consigna.
La canción oficial, titulada “El tigre de la Patria”, reforzó esa construcción simbólica mediante referencias patrióticas, religiosas y familiares que más allá de vender promesas, vendió su imagen como el candidato ideal. En los comentarios del video publicado en YouTube, varios simpatizantes señalaron que el material les transmitía esperanza ante la difícil situación que enfrenta Colombia.
Su campaña tampoco fue convencional. En lugar de los mítines tradicionales, apostó por eventos acompañados de música, pirotecnia y una producción visual llamativa que convertía sus actos proselitistas en espectáculos masivos, una estrategia con la que buscó acercarse a los votantes y diferenciarse de sus adversarios.
La imagen personal del candidato también se convirtió en un elemento recurrente dentro de la conversación pública. Su parecido físico con el presidente salvadoreño Nayib Bukele generó comparaciones constantes en redes sociales y medios de comunicación, especialmente por sus propuestas de seguridad y su discurso de mano dura contra la delincuencia. Asimismo, gestos recurrentes como el saludo militar, la mano sobre el pecho y el puño en alto contribuyeron a proyectar una imagen de liderazgo, autoridad y firmeza, elementos centrales de su estrategia de comunicación.


Abelardo de la Espriella y Carlos Suárez dejaron una importante lección sobre el manejo del discurso político. Tomaron símbolos y estrategias que ya tuvieron éxito en países como Argentina y El Salvador, y los adaptaron a las necesidades que el electorado colombiano proyectó, entendiendo que la atracción de masas ya no se queda en palabras, sino en lo que se puede hacer sentir a través de otros elementos.

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