
LECCIONES DE MÉXICO Y ESPAÑA
1. Confianza como capital político
La política local depende más de la confianza que de la obra pública. Alcaldes y gobiernos locales o municipales pueden inaugurar infraestructura, pero si la ciudadanía percibe opacidad o corrupción, los logros materiales se diluyen en desconfianza. En el ámbito local (el nivel de gobierno más cercano a la ciudadanía) la confianza se convierte en el capital político más importante: permite gobernar con legitimidad, facilita la participación comunitaria y reduce tensiones sociales.
En México, los municipios gestionan servicios básicos como agua, seguridad o alumbrado; en España, los ayuntamientos administran urbanismo, cultura, servicios sociales y policía local. En ambos casos, fortalecer la confianza no es solo un deber ético, sino una estrategia de largo plazo.
2. Transparencia y rendición de cuentas
Aunado a lo anterior y continuamente es menester decir que la confianza comienza con la transparencia. En México, los gobiernos municipales y estatales enfrentan una exigencia creciente de mostrar cómo gastan y qué resultados generan. Sin embargo, los portales suelen ser poco accesibles y la participación en presupuestos es baja. La OCDE (2025) reporta que, aunque la confianza en el gobierno nacional es del 54%, en lo local persisten grandes retos.
En España, el Eurobarómetro 2024 señala un 53% de confianza en la administración local, ligeramente superior a la media europea (49%). Desde 2013, existen leyes de transparencia y portales de datos abiertos, aunque persisten problemas de coordinación y evaluación. La diferencia clave es que en España la transparencia se institucionalizó. No obstante, en el ámbito del Gobierno Abierto, persisten problemas de transparencia en la evaluación de compromisos, con mecanismos de rendición de cuentas insuficientes. La fragmentación y descoordinación entre diversas iniciativas gubernamentales han dificultado avances reales en la materia. mientras que en México depende en gran medida de la voluntad política local en la cual existe una brecha entre lo que las normativas establecen y la realidad cotidiana del acceso a la información, lo que puede ser un obstáculo para la rendición de cuentas y la participación ciudadana.

3. Participación ciudadana
Asimismo, la participación ciudadana funge un papel importante, conecta gestión pública y legitimidad democrática. En el sentido de que no solo se trata de consultar opiniones, sino de permitir que la ciudadanía incida en decisiones y vigile resultados.
En México, ciudades como CDMX, Guadalajara, León o Mérida aplican presupuestos participativos, aunque con baja calificación en el Open Budget Survey 2023 (30/100). En España, varios municipios como Madrid, Barcelona y Zaragoza han desarrollado plataformas de participación digital como Decide Madrid o Decidim en Cataluña; que permiten votar proyectos, proponer normativas y dar seguimiento a políticas. Estas herramientas generan credibilidad porque trasladan parte del poder de control a la comunidad.
4. Herramientas digitales y comunicación política
Desde hace unos años y también a partir de la pandemia, se aceleró la digitalización: transmisiones en vivo, grupos vecinales en WhatsApp, cabildos abiertos y denuncias en línea. Estas prácticas acercan a los gobiernos, sin embargo, si no hay respuestas efectivas se convierten en simulación.
En México, personas titulares de presidencia, congreso legislativo y presidencias municipales usan Facebook Live o redes sociales para ganar visibilidad, con riesgo de “populismo digital”: propaganda sin políticas y hechos verídicos detrás. En España, la e-administración facilita trámites y pagos en línea, consolidando la digitalización como servicio público en sus auyuntamientos. Figurando entre los países con mayor avance en gobierno digital de la UE. El contraste muestra dos escenarios: En México usan las redes sociales sobre todo como herramienta de cercanía, mientras que España las integra a la gestión administrativa.
5. Riesgo de populismo digital vs. activismo de la ciudadanía
La cercanía digital puede derivar en espectáculo político (fotos, frases motivacionales, transmisiones vacías, etc.) que generan popularidad momentánea pero no confianza real. La ciudadanía distingue entre informar y manipular: cuando percibe propaganda excesiva, la credibilidad se erosiona.
En muchos países existe la tentación de usar redes sociales únicamente como escenario político más que como canal de servicio: Por ejemplo, en México, líderes locales abusan de transmisiones, mensajes motivacionales, retos, “subirse a trends” o bailes para mantener visibilidad en varias redes sociales. En España, algunos ayuntamientos han sido criticados por convertir la comunicación institucional en propaganda partidista, especialmente en periodos electorales.
Frente a ello, las redes también pueden ser motor democrático. En Nepal, en septiembre 2025, la prohibición de redes sociales desató protestas masivas de la Generación Z, que denunció corrupción y nepotismo, popularizando etiquetas como #NepoBaby y #NepoKids. El activismo digital coordinó apagones, marchas y consiguió la dimisión del primer ministro. El caso evidencia que las plataformas no solo son propaganda: también son instrumentos de rendición de cuentas y presión ciudadana.

6. Conclusión comparativa
Concluyendo, Construir confianza en lo local es complejo, pero indispensable como base sobre la cual se sostienen la legitimidad democrática y la gobernabilidad cotidiana. México enfrenta avances limitados: hay innovación digital, pero la falta de institucionalización deja espacio al “populismo digital” y a la desigualdad entre municipios.
Por otra parte, España muestra mayor estabilidad gracias a leyes de transparencia y plataformas ciudadanas, aunque también sufre el riesgo de convertir comunicación institucional en propaganda partidista. Es decir, la infraestructura legal y digital no debería sustituir la necesidad de una comunicación ética.
Y actualmente, Nepal aportó un recordatorio especialmente la juventud. Cuando las instituciones fallan, la confianza se deposita en la comunidad organizada en activismo digital y en territorio.
A saber, la confianza política no se simula. Si las redes sociales se usan solo como espectáculo, terminan minando la credibilidad del gobierno o de la persona. Requiere coherencia entre discurso y práctica, instituciones sólidas y una comunicación ética para sustentar la legitimidad. La ciudadanía no es pasiva y puede revertir intentos de censura o control, transformando las plataformas en herramientas de democratización.
Finalmente, considero que, en el nivel local y comunitario debe construirse sobre cinco pilares:
1. Una Transparencia verificable, que demuestre cómo y en qué se usan los recursos.
2. Participación ciudadana vinculante, que permita a la ciudadanía incidir en las decisiones.
3. Canales digitales útiles, que resuelvan problemas reales y no solo simulen cercanía.
4. Comunicación política ética, que priorice la información sobre la propaganda.
5. Capacidad de respuesta ciudadana, que garantice que las redes sean un medio de control democrático frente a posibles excesos gubernamentales.

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