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¿El poder de los objetos o los objetos de poder?

Por Rodrigo Reyes Martinez @roy_0836 Basta que observemos a nuestro alrededor para notar que el mundo, la realidad y la cotidianidad están colmados de objetos, algunos justificados por un uso racional que es imperativo para nuestras funciones más simples; sin embargo, otros cumplen una función simbólica, brindando satisfacción de afiliación, reconocimiento y autorrealización, sí, bajo la misma tesis expuesta en 1943 por el psicólogo norteamericano Abraham Maslow (La denominada "Jerarquía de las

Por Rodrigo Reyes Martinez@roy_0836Basta que observemos a nuestro alrededor para notar que el mundo, la realidad y la cotidianidad están colmados de objetos, algunos justificados por un uso racional que es imperativo para nuestras funciones más simples; sin embargo, otros cumplen una función simbólica, brindando satisfacción de afiliación, reconocimiento y autorrealización, sí, bajo la misma tesis expuesta en 1943 por el psicólogo norteamericano Abraham Maslow (La denominada «Jerarquía de las necesidades humanas»).Nuestra relación e interacción con los objetos va mucho más allá de atender funciones prácticas, de hecho, un objeto puede gozar de características simbólicas que lo convierten en un instrumento de comunicación, poder y, desde luego, dominación, como bien lo postuló el pensador francés Jean Baudrillard, al afirmar que más que brindar mera satisfacción o utilidad material, los objetos crean conexiones culturales, simbólicas e incluso mentales entre quien los porta y el mundo que lo interpreta. Basta ubicar el discurso manifiesto y latente que cada objeto conlleva en sí mismo, tal es el caso de la vajilla “especial” que solo se usa en ciertos momentos, el perfume para las “ocasiones únicas”, la silla ubicada en la cabecera de la mesa, así como todos los rituales, señales de autoridad y obediencia que se desprenden de esta; el discreto portafolio de un alto ejecutivo3 y, por supuesto, una corona, un bastón de mando, una banda y silla presidencial, objetos todos con valores de uso, de cambio e impregnados de manera contundente de un alto y significativo valor simbólico.Los objetos nos complementan en nuestra incansable lucha por estatus, poder, prestigio, belleza, acción decorativa; de no ser así, le pido al lector que ubique qué representaría un general desnudo (parafraseando una expresión de Facundo Cabral). De hecho, contribuyen a nuestro relato, narrativa y, además, son portadores de información: recordemos el sombrero y bastón de Chaplin que abonaron a la construcción de su icónico personaje Charlot, sin estos, la estrella del cine mudo perdería parte de su fuerza comunicativa.Así como Charlot, todo personaje requiere de sus objetos para fortalecer su relato y, por supuesto, como bien señala Baudrillard, también sirven como diferenciadores, especialmente bajo una lógica de un consumo galopante que permea en casi todas las esferas de la vida, por lo menos en occidente, en donde se ha construido una falsa idea de felicidad y éxito a través del consumo. Sin embargo, esto no es algo extraño para el mundo del poder y la política, pues el poder, desde el origen de las más primitivas comunidades humanas, ha necesitado de los objetos para manifestarse y perpetuarse.Podría pensarse que al hablar de los objetos dirigimos la conversación sobre un terrero frívolo e infértil, pero existe un efecto psicológico que estos tienen sobre nosotros. Para enmarcar la situación, es necesario ubicar cómo la banda presidencial al pasar de un mandatario a otro ejerce un transmisión de autoridad y poder, claro, esto inmerso en un complejo ritual en la sucesión del poder como lo es una toma de protesta en sistemas políticos, como es el caso de México.Al comprender que los objetos gozan de distintos tipos de valor (uso, cambio y simbólico), el usuario puede emplearlos estratégicamente; sin embargo, si los ignora, los objetos están usándolo a él. Por ello, es pertinente ubicar lo que señala el sociólogo francés Baudrillard al reconocer la idea del “objeto al mando”, situación donde uno no ejerce el poder a través de los objetos, sino que pasa a ser un instrumento del propio objeto.Además, es útil señalar que el valor simbólico de los objetos también se debe a que estos tienen la particularidad de evocar, invocar y provocar, pues gozan de significado, y en ocasiones, de importantes anclas psicológicas con sus potenciales usuarios y/o audiencias, por lo que saber elegir cuál objeto es más o menos pertinente para determinada ocasión o receptor es fundamental para ejercer el poder.Asimismo, los objetos tienen significados privados-íntimos y públicos-colectivos. Para ejemplificar esto, es útil ubicar una camiseta de fútbol regalada por un padre a su hijo: el jersey tendrá para el niño-padre un significado privado e íntimo, pero al momento de portarla en un partido del equipo, el referente se traslada a un significado público- colectivo.Así como el lenguaje constituye un medio de expresión, los objetos nos representan, contribuyen a nuestro relato, a la construcción de una narrativa a través de las personas, objetos y el entorno. Por ello, entenderlos como una manera estratégica de complementarnos a nosotros mismos resulta una idea por demás necesaria si queremos ser más eficaces a la hora de comunicar con precisión.La boina del Che, el saxofón de Clinton, la casaca militar de Fidel Castro, los lentes de acetato de Salvador Allende, el pasamontañas del subcomandante Marcos, solo por mencionar algunos, son objetos que aisladamente no representan nada más allá que su valor de cambio y de uso, pero en la persona de los antes citados permite la construcción del personaje, la narrativa y en algunos casos, el mito.Se expone a continuación una aproximación sobre la teoría del valor de Jean Baudrillard, que sirve como una breve y concisa síntesis del texto que construimos en las anteriores páginas, destacando los puntos más importantes para entender el amplio espectro comunicativo de los objetos.Valor de uso: La función del objeto. Ejemplo: una pluma, sirve para escribir.Valor de cambio: El costo del objeto en una lógica de mercado (oferta-demanda).Aquí se analizan factores como costos de producción, comercialización y utilidad.Valor simbólico: El mismo objeto (recordemos el ejemplo de la playera de fútbol) pero siendo este un valor añadido por situaciones circunstanciales específicas. La emoción, sentimiento y subjetividad serán los grandes pilares donde se sostiene este tipo de valor.Valor signo: En este apartado toman fuerza las marcas como elementos diferenciadores. Retomando la idea de la pluma, es aquí donde una marca, como MontBlanc, brinda algo mucho más allá de ser una simple herramienta de escritura, convirtiéndose en un instrumento diferenciador para la persona dentro de su propia tribu, con lo cual busca reafirmar y/o acrecentar su estatus, ideología,cultura, poder adquisitivo, etc.Algunas de las funciones de los objetos:1. 1)  Uso/instrumental, en donde el objeto es una herramienta, una extensióndel ser humano.2. 2)  Personificar las relaciones humanas, siendo aquí el valor afectivo quelos objetos cobran dentro de la vida de las personas, la mejor forma deenmarcar esto es a través de los regalos.Es así como los objetos con importante carga simbólica dejan de satisfacer su valor de uso para orientarse como objetos de poder, estatus y/o prestigio, lo que nos permite ir a la pregunta con la que se titula este escrito: ¿El poder de los objetos o los objetos de poder? Como todo enunciado provocador, el único que tiene la respuesta es el lector, quien ahora goza de mayores elementos para distinguir que los objetos van mucho más allá de ser entidades inertes, pues cada uno tiene un amplio abanico de posibilidades que solo en la interacción entre ellos mismos, el actor y su entorno son capaces de descubrirse, utilizarse y aprovecharse para comunicar, influenciar y dominar.