
Redacción C&E. Lorena de la Garza incursionó en la política por esa inquietud de mejorar su ciudad desde el servicio público y hoy, como diputada local de Nuevo León impulsa políticas que impacten de manera directa en la vida cotidiana de las familias de su estado.
Una de las legisladoras de mayor peso del Grupo Parlamentario del PRI, Lorena ha construido su trayectoria política a partir de una visión enfocada en la responsabilidad pública, la preparación y el compromiso con su comunidad. Su carrera refleja una combinación de experiencia en el servicio público y la convicción de generar resultados concretos desde las instituciones.
“Hoy el reto ya no es llegar a más espacios de decisión; ese primer paso ya se dio. El verdadero desafío es cómo los ejercemos. La paridad abrió puertas que durante décadas estuvieron cerradas, y eso es un avance que no podemos minimizar. Pero ahora la conversación tiene que ir más allá de cuántas mujeres hay en un cargo. Lo importante es qué hacemos desde ahí: que esa presencia se traduzca en gobiernos mejor organizados, en decisiones bien pensadas y en resultados que se sientan en la calle”, expone en esta entrevista con Campaigns and Elections en español.
- ¿Cómo recuerdas el inicio de tu trayectoria en la vida pública y qué te llevó a elegir el camino de la política?
Lo recuerdo muy bien. Empezó como la inquietud de participar para mejorar mi ciudad. Siempre he visto en Monterrey y en todo Nuevo León una tierra de oportunidades. Crecí en una familia donde el trabajo era la base de todo, y mi mamá siempre me decía que la mejor herencia que podía darme era la educación.
Desde la prepa me involucré como voluntaria en grupos estudiantiles; luego, en el Instituto Estatal de la Juventud, y ahí entendí que detrás de cada programa y de cada política pública hay historias y sueños. Estudié Relaciones Internacionales en el Tec de Monterrey y elegí esa carrera porque quería comprender cómo se toman las decisiones que impactan a la gente. Muy pronto confirmé algo que sigo creyendo: gobernar no es un juego, es una responsabilidad enorme. Por eso elegí este camino, convencida de que el servicio público, cuando se ejerce con preparación y carácter, puede mejorar la vida de las personas de verdad.
- A lo largo de tu carrera, ¿cuál ha sido el cargo o proyecto que más te ha marcado y por qué?
Hasta el momento, ser diputada local por el Distrito 8 de Monterrey. Lo veo como una señal muy clara de lo que la gente está buscando: seriedad, preparación y un perfil que sepa resolver. Obtener el 56 % de la votación fue una enorme responsabilidad, porque cuando la confianza es tan contundente, el compromiso también lo es.
Y ya en el Congreso, haber presidido la primera mesa directiva integrada al cien por ciento por mujeres en la historia de Nuevo León, no solo por lo simbólico, sino porque demostró que las mujeres estamos listas para conducir con institucionalidad y firmeza. Para mí, ambos momentos confirman algo muy sencillo: la ciudadanía quiere resultados y liderazgo responsable.
- De las acciones y proyectos que has encabezado en el servicio público, ¿cuáles consideras que han tenido un mayor impacto social o político?
En más de veinte años de servicio público he impulsado proyectos en distintas áreas: desde apoyar a jóvenes hasta defender a mujeres. He trabajado en movilidad, en combate a la contaminación y en la defensa de Nuevo León frente a la corrupción. Todo ha sido relevante.
Pero en este momento, presidir la Comisión de Presupuesto ha tenido un gran impacto. El presupuesto no es un trámite administrativo; es el instrumento más poderoso que tiene un gobierno para definir prioridades. Ahí se decide si habrá recursos suficientes para seguridad, transporte público, salud y para los municipios que todos los días atienden a las familias.
Encabezar ese proceso ha implicado sentar a todas las bancadas en la mesa, revisar cifras con rigor, cuestionar lo que no cuadra y sostener posiciones firmes, incluso bajo presión. Defender a Nuevo León significa cuidar cada peso, exigir claridad frente al endeudamiento y garantizar que el dinero público se use con responsabilidad. Ese trabajo no siempre es visible, pero su impacto es directo: da estabilidad, orden y rumbo al estado.
- Hoy en día, ¿qué retos enfrenta la mujer política mexicana?
Hoy el reto ya no es llegar a más espacios de decisión; ese primer paso ya se dio. El verdadero desafío es cómo los ejercemos. La paridad abrió puertas que durante décadas estuvieron cerradas, y eso es un avance que no podemos minimizar. Pero ahora la conversación tiene que ir más allá de cuántas mujeres hay en un cargo. Lo importante es qué hacemos desde ahí: que esa presencia se traduzca en gobiernos mejor organizados, en decisiones bien pensadas y en resultados que se sientan en la calle.
Es cierto que a las mujeres se nos observa con más lupa, pero también es cierto que eso nos ha llevado a prepararnos más y a asumir el poder con mucha responsabilidad. La siguiente etapa es consolidar el liderazgo: que cada espacio que ocupemos se convierta en autoridad, en decisiones firmes y en capacidad real de gobernar.
- A más de un año de que inició el gobierno de la primera mujer presidenta, Claudia Sheinbaum, ¿consideras que hay más justicia social y política para las mujeres?
El hecho de que México tenga por primera vez a una mujer en la Presidencia es histórico. Es un mensaje muy poderoso para millones de niñas y jóvenes, y eso nadie lo puede minimizar.
Pero la justicia social y política no se mide solo por quién ocupa un cargo, sino por lo que cambia en la vida diaria de las mujeres. La violencia sigue siendo una realidad grave y, además, continúan faltando condiciones estructurales para que las mujeres puedan desarrollarse plenamente.
Por ejemplo, el acceso efectivo a servicios de salud, la infraestructura de cuidados, las escuelas de tiempo completo y las estancias infantiles son herramientas fundamentales para que una mujer pueda trabajar, estudiar o emprender. Si no existen o no son suficientes, la carga vuelve a recaer sobre ellas y su desarrollo se limita.
Si volteamos a ver lo local, en Nuevo León solo nueve de los 51 municipios son gobernados por una mujer, y ninguno pertenece a la zona metropolitana. Eso también habla de que el avance todavía no es parejo.
La presidenta ha dicho que “no llegó sola, que llegaron todas”. Ojalá eso se refleje plenamente en políticas públicas que garanticen seguridad, salud, infraestructura de cuidados y autonomía económica. Porque la presencia es un paso importante, pero la justicia, de verdad, se demuestra en resultados concretos en la vida de las mujeres.

- ¿Qué programas o proyectos en particular consideras que han mejorado la vida de las mujeres este último año?
Hay distintos programas para apoyar a las mujeres y eso es positivo, pero el verdadero impacto se logra cuando esos apoyos se convierten en herramientas para que puedan generar ingresos propios, tomar decisiones con libertad y vivir con mayor seguridad.
En Monterrey, por ejemplo, el alcalde Adrián de la Garza impulsó la Academia de Emprendedoras, donde mujeres reciben capacitación en administración, ventas, finanzas y asesoría legal, y después pueden acceder a créditos municipales sin intereses para arrancar o fortalecer su negocio.
También el Sistema Municipal de Cuidados ha sido un avance importante. Reconoce que el trabajo de cuidados recae principalmente en las mujeres y crea redes de apoyo, talleres de corresponsabilidad y acciones para recuperar espacios públicos más seguros. A través del Instituto Municipal de las Mujeres Regias se han fortalecido programas de prevención de violencia y atención directa.
Desde lo personal, también fundé el proyecto Para Ellas, enfocado en capacitación y acompañamiento para que más mujeres desarrollen habilidades y fortalezcan su autonomía económica.
Cuando combinas capacitación, financiamiento accesible, políticas de cuidado y prevención de violencia, no solo estás ayudando en el corto plazo: estás construyendo mujeres más libres, más seguras y con mayores oportunidades.
- ¿Cuáles consideras que hace falta impulsar?
Creo que lo que más hace falta impulsar es una estrategia integral que combine prevención, acceso rápido a la justicia y condiciones reales para que las mujeres puedan desarrollarse.
En violencia contra las mujeres no basta con tener leyes; necesitamos que la justicia sea ágil. Hoy muchos procesos se tardan demasiado, y eso desincentiva la denuncia. Cuando una mujer acude al Ministerio Público, el Estado tiene que responder con rapidez, con personal capacitado y con seguimiento puntual. Sin justicia pronta y sin consecuencias claras, la impunidad se convierte en un mensaje muy peligroso.
También hace falta fortalecer la infraestructura de cuidados. Muchas mujeres no pueden trabajar o estudiar porque no tienen dónde dejar a sus hijos con seguridad. Guarderías, escuelas de tiempo completo y redes de apoyo son fundamentales para que puedan desarrollarse económicamente y tomar decisiones con libertad.
La prevención debe ser permanente, la justicia debe ser rápida y la impunidad debe ser cero. Solo así podemos hablar de un cambio real en la vida de las mujeres.
- Con un Congreso de la Unión paritario y más mujeres encabezando distintos niveles de gobierno ¿Cómo evalúas el papel que actualmente desempeñan las mujeres en la política nacional?
Es un avance importante que hoy tengamos un Congreso paritario y más mujeres encabezando espacios de decisión. Eso habla de un cambio cultural profundo. Pero también creo que no podemos analizar la actuación de las mujeres como si fuera un bloque homogéneo. Ser mujer no garantiza automáticamente buenas decisiones. Hemos visto casos en los que legisladoras han defendido lo indefendible, y también hemos visto mujeres extraordinarias que, desde la oposición o desde distintos espacios, han dado una batalla firme por la legalidad, el equilibrio de poderes y las causas ciudadanas. El análisis tiene que hacerse caso por caso. Lo que realmente importa no es solo el género de quien ocupa el cargo, sino la congruencia entre lo que promete y lo que vota, entre el discurso y las decisiones que toma. La ciudadanía no espera simbolismos; espera coherencia y responsabilidad. La paridad es un punto de partida. El verdadero valor está en el liderazgo que cada mujer construye desde su preparación, su autonomía y su compromiso real con la gente.
- ¿Cuáles consideras que son los principales asuntos pendientes en México para garantizar la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres?
Para que exista igualdad sustantiva necesitamos algo más que representación: necesitamos condiciones reales de desarrollo. Hay tres pendientes muy claros. El primero es el salario justo y el acceso efectivo a oportunidades. Muchas mujeres siguen enfrentando brechas salariales, empleos informales o techos que limitan su crecimiento profesional.
La igualdad implica que el mismo trabajo tenga la misma remuneración y que existan verdaderas oportunidades de ascenso y emprendimiento. El segundo es la redistribución de las responsabilidades de cuidado. Mientras el cuidado de hijos, adultos mayores o personas enfermas recaiga casi exclusivamente en las mujeres, su desarrollo económico seguirá limitado.
Necesitamos sistemas de cuidado sólidos y una corresponsabilidad real entre hombres, familias y Estado. Y el tercero es la seguridad y el acceso a la justicia. Sin seguridad y sin instituciones que respondan con rapidez, cualquier avance se vuelve frágil. Por eso hablo tanto de autonomía económica. Desde Para Ellas he impulsado capacitación y herramientas para fortalecer esa independencia. Porque la igualdad no se logra solo con discursos, se construye cuando las mujeres tienen ingresos propios, tiempo disponible y un entorno seguro para ejercer plenamente su libertad.
- ¿Qué cambios consideras necesarios en los partidos políticos para impulsar un liderazgo femenino real y no solo cumplir con la paridad?
La paridad fue un paso muy importante, pero no puede ser el punto final. Si queremos un liderazgo femenino real, los partidos tienen que animarse a postular más mujeres en cargos donde realmente se gobierna, no solo para cumplir con la cuota.
En mi caso, mi partido me dio la oportunidad de competir y de representar a mi distrito, y aquí estoy. Pero esa oportunidad no puede ser la excepción, tiene que convertirse en regla para muchas más. Y algo que me parece clave: el liderazgo femenino no puede quedarse solo en las llamadas “agendas rosas”.
Las mujeres no estamos para hablar únicamente de temas de género. Estamos listas para gobernar en seguridad, en presupuesto, en desarrollo económico, en movilidad. El liderazgo tiene que notarse en decisiones firmes y en resultados concretos. Las mujeres debemos estar en la boleta, sí, pero también en las mesas donde se define el rumbo, el presupuesto y las prioridades. La paridad abre la puerta. El liderazgo se demuestra cuando te dan la responsabilidad… y respondes con resultados.

- ¿Qué desafíos ves para las mujeres que buscarán cargos de elección popular en los comicios de 2027?
En Nuevo León y en el país el desafío es muy serio. La violencia política contra las mujeres no es un tema teórico. En el proceso electoral 2024, el INE recibió 209 quejas por Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género, identificó 151 víctimas y 259 personas denunciadas. Eso incluye intimidación, coacción, amenazas contra su seguridad, campañas de desprestigio e incluso presiones para renunciar al cargo una vez que ya fueron electas.
Ese es uno de los principales retos rumbo a 2027: que las mujeres puedan competir y ejercer el cargo sin miedo y sin presiones. Además, en lo local, también existe el riesgo de retrocesos disfrazados de ajustes legales: reinterpretaciones de criterios de paridad o reformas a modo que, en los hechos, benefician a una persona y no fortalecen a las mujeres en general.
El riesgo es claro: que la paridad se use como discurso, pero se limite en la práctica. Y hay otro punto importante: no se trata solo de que haya más mujeres en las boletas, sino mujeres preparadas, con trayectoria y experiencia en el servicio público. La igualdad no se fortalece improvisando perfiles; se fortalece apostando por liderazgo serio, con capacidad real de gobernar.
Mi postura es muy concreta: paridad real, sin trampas y sin intimidaciones. Las mujeres deben poder competir, ganar y ejercer el poder con respaldo institucional y protección efectiva. La igualdad no puede depender de coyunturas ni de intereses personales; tiene que estar garantizada en los hechos.
- Pensando en las elecciones de 2030, ¿qué papel crees que jugarán las mujeres en la definición del proyecto de nación?
Vamos a jugar un papel central. Hoy ya no es excepcional ver a mujeres encabezando espacios clave y eso cambia la conversación. Pero, insisto, lo más importante no es solo que ocupemos esos cargos, sino que definan agenda. Que impulsen prioridades claras en seguridad, economía, cuidados, movilidad y justicia. Que su presencia se traduzca en políticas públicas mejor diseñadas y en gobiernos más responsables. Ojalá que hacia 2030 no estemos discutiendo si hay o no mujeres en los espacios de poder, sino qué resultados están dando. Ese debería ser el verdadero avance: que el liderazgo femenino sea determinante en el rumbo del país y que eso se refleje en mejores condiciones de vida para las mujeres y para las familias en general.
- ¿Ves la posibilidad de que la Presidenta deje la estafeta de la Presidencia de México a otra mujer en 2030?
Falta mucho tiempo para 2030. Hoy lo responsable es concentrarnos en dar resultados desde los espacios que ya tenemos. Dicho eso, claro que es posible que otra mujer llegue a la Presidencia. Hoy hay más mujeres preparadas que nunca para competir y gobernar. Pero más que verlo como un tema de género, lo veo como un tema de perfil, preparación y resultados.
México no necesita candidaturas simbólicas, necesita liderazgos capaces de dar rumbo y soluciones reales. Lo mismo aplica para lo que viene en 2027 en los estados y en las alcaldías. Las mujeres estamos listas para encabezar gobiernos municipales, estatales y nacionales con responsabilidad y carácter.
Si en 2030 llega otra mujer a la Presidencia, que sea porque demostró liderazgo, visión y capacidad de resolver. Esa es la igualdad que vale la pena: la que normaliza que una mujer pueda gobernar, pero que también exige que lo haga bien.
- ¿Qué mensaje les darías a las jóvenes que desean incursionar en la política, pero dudan ante los obstáculos existentes?
Les diría que no esperen a sentirse listas, porque ese momento casi nunca llega. Que se preparen, estudien y entiendan cómo funcionan las instituciones… pero que también confíen en su intuición. La política necesita mujeres valientes, que no solo participen, sino que levanten la voz cuando algo no está bien y no cedan ante la presión. Habrá críticas, habrá cuestionamientos y habrá intentos de desanimarlas. Eso es parte del camino.
Lo importante es siempre volver a levantarse y no perder de vista por qué empezaron. También les diría que busquen equipo. Nadie construye sola. Rodéense de personas que compartan valores, que las impulsen a crecer y que les exijan dar lo mejor. Y, sobre todo, que entiendan algo: la política no es un espacio reservado para unos cuantos. Es una herramienta, que todos podemos usar, para mejorar la vida de la gente. Si entran con preparación, con convicción y con carácter, pueden hacer una verdadera diferencia.
- Desde tu experiencia, ¿qué legado te gustaría dejar en la vida pública y en la lucha por los derechos de las mujeres?
Me gustaría dejar como legado haber contribuido a dignificar el servicio público. Que la gente vuelva a ver en un funcionario a un aliado y no a un obstáculo. Que cuando alguien toque la puerta de sus representantes encuentre orientación clara, respuesta oportuna y un servicio de calidad. Para mí, servir significa estar del lado de la gente: escuchar, dar seguimiento y resolver.
Que quien se acerca a mí sepa que no está sola, que hay alguien que responde con seriedad, profesionalismo y compromiso. En la lucha por los derechos de las mujeres, mi meta es muy concreta: contribuir a construir espacios más libres, más seguros y justos. Más prevención y menos impunidad, más oportunidades de empleo y emprendimiento, más espacios públicos iluminados y seguros, y políticas públicas diseñadas desde la realidad que viven todos los días.
Si logro que más mujeres lleguen a cargos con preparación y experiencia, y que los gobiernos actúen con orden, congruencia y responsabilidad, sabré que valió la pena. Porque el verdadero legado no es un cargo. Es dejar una ciudad donde nuestras hijas puedan crecer sin miedo, con oportunidades reales y con la certeza de que el gobierno está para servir, no para improvisar.

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