
Redacción C&E. Vero Delgadillo hoy encabeza el gobierno municipal de Guadalajara en un momento clave para la capital jalisciense y es una de las figuras más representativas de Movimiento Ciudadano en Jalisco, cartas suficientes para estar en esta lista de 60 mujeres poderosas de México.
Como alcaldesa de una de las ciudades más importantes del país, Vero Delgadillo ha impulsado una visión de gobierno que apuesta por la inclusión, el desarrollo sostenible y la modernización de los servicios públicos.
Con la claridad que la caracteriza, Vero Delgadillo comparte en esta entrevista su visión sobre los desafíos de gobernar una de las ciudades más representativas de México y sobre el papel que Movimiento Ciudadano busca desempeñar en los próximos años.
1. ¿Cómo recuerdas el inicio de tu trayectoria en la vida pública y qué te llevó a elegir el camino de la política?
Desde muy pequeña me movía la idea de hacer algo por mi comunidad, de que fuera un mejor lugar para vivir. Comencé en el activismo estudiantil. A partir de ahí recibí distintas invitaciones para participar en espacios políticos, pero en ese momento decidí no hacerlo porque no creía en la política ni en los políticos que veía. Preferí organizarme desde la sociedad: impulsé agrupaciones de estudiantes y colectivos enfocados en mejorar nuestro entorno.
En 2012 tomé una decisión que cambió mi rumbo: decidí apoyar a Enrique Alfaro en su primera campaña para gobernador. Me sumé sin pensarlo, sin pedir nada a cambio, únicamente por la profunda convicción de que había cosas que podían hacerse mejor.
Después me invitaron a ser candidata a diputada por Movimiento Ciudadano y gané por votación directa. Mi vida dio un giro. Descubrí que la política, cuando se ejerce con propósito, sí es una herramienta real para transformar el entorno. Ahí entendí que podía hacer política a mi manera: sin perder mi esencia, siendo la política que yo quería ver en los espacios de representación. Simplemente actuando como actuaría una buena persona si estuviera en ese lugar, con responsabilidad, cercanía y compromiso.
2. A lo largo de tu carrera, ¿cuál ha sido el cargo o proyecto que más te ha marcado y por qué?
Todos los cargos que he desempeñado me han marcado de distintas maneras. No explico mi presencia al frente de Guadalajara sin cada una de las responsabilidades que la antecedieron.
He sido diputada local, diputada federal, senadora y vicepresidenta del Senado; ocho años consecutivos en las cámaras. Cada etapa me dio herramientas, experiencia y perspectiva para hoy poder estar al frente de mi ciudad. Sin duda, todos esos cargos fueron retadores y profundamente transformadores. Pero el que hoy hace vibrar mi corazón y todo mi ser es estar al frente de Guadalajara.
Y, al mismo tiempo, sé que sin cada una de esas piezas previas no estaría tan completa para asumir este momento. Todo el camino recorrido me preparó para estar aquí.
3. De las acciones y proyectos que has encabezado en el servicio público, ¿cuál consideras que ha tenido un mayor impacto social o político?
Sé que lo que hago como presidenta de Guadalajara impacta directamente en la vida de las personas; por eso me mueve la idea de gobernar desde el cuidado y demostrar que una nueva forma de gobernar es posible: con firmeza para tomar decisiones difíciles, pero también con profunda empatía para entender y atender las necesidades de la gente, y haciendo una invitación constante a la corresponsabilidad.
Eso también implica una forma de gobernar que reconoce los aciertos de quienes me antecedieron, que parte del piso que ya existe y honra las luchas de hombres y mujeres que han ido poniendo los escalones para que hoy podamos estar aquí.
Tengo claro que mi tarea fundamental es cumplir con la función que se espera de un gobierno: administrar bien y dar resultados. Pero no quiero renunciar a la posibilidad de hacer más que eso. Mi aspiración es mejorar los servicios públicos, recuperar espacios, fortalecer la policía de proximidad, llevar programas sociales con enfoque de cuidados a quienes más lo necesitan; pero también aspiro a impactar en los valores de nuestra comunidad: despertar un mayor amor por la ciudad, fortalecer el sentido de pertenencia, sembrar conciencia social y asumir, juntas y juntos, la responsabilidad de cuidar Guadalajara.
4. Hoy en día, ¿qué retos enfrenta la mujer política mexicana?
Desmontar lo que no sirve del sistema, aquello que reproduce desigualdad: esa es parte fundamental del reto que tenemos enfrente. Se trata de cuestionar lo establecido cuando deja de responder a la gente y de abrir nuevos caminos para transformar nuestros espacios.
Creo profundamente que las mujeres al frente de espacios como este tenemos la responsabilidad de hacerlo: revisar lo que no funciona, señalar lo que excluye y cambiarlo. ¿Por qué? Porque no se trata solo de ocupar un cargo, sino de que nuestra presencia se traduzca en transformaciones reales, en ciudades con más oportunidades, con mayor justicia social y con instituciones más humanas.
Humanizar la política implica eso: poner a las personas al centro, desmontar inercias que generan desigualdad y escribir nuevas reglas para construir una sociedad más justa.
5. A más de un año de que inició el gobierno de la primera mujer presidenta, Claudia Sheinbaum, ¿consideras que hay más justicia social y política para las mujeres?
Estamos viviendo un proceso de transformación social. Cada vez más mujeres ocupamos cargos que antes no habían sido encabezados por nosotras, como hoy ocurre en la Presidencia de la República, en Guadalajara y en muchos otros espacios del país. Eso es, sin duda, un mensaje muy poderoso que sigue resonando porque cambia referentes, rompe techos simbólicos y abre posibilidades para muchas mujeres que antes no se veían en estos espacios.
¿Hay más justicia? Estamos en el camino, pero todavía falta mucho por hacer. Por ejemplo, cambiar las reglas del sistema, lograr que nuestra representación sea también cualitativa y que eso se traduzca en decisiones, políticas públicas y condiciones más justas. Es un proceso en marcha, y nuestra responsabilidad es que esa presencia se convierta en una transformación real.

6. ¿Qué programas o proyectos en particular consideras que han mejorado la vida de las mujeres este último año?
Gobernar desde una visión de los cuidados pone al centro a las personas. El cuidado es el acto más poderoso para la vida: no solo la mantiene, sino que la transforma, y es la herramienta que permite el desarrollo y bienestar. Por eso nuestro gobierno apuesta por hacer de Guadalajara la ciudad que te cuida.
¿Cómo es una ciudad que cuida? Es una que pone al centro a las personas y las convierte en protagonistas de sus acciones y decisiones, porque entiende y atiende lo que necesitan.
Cuidar es generar las condiciones para que el Ayuntamiento cuente con más recursos y, sobre todo, que esos recursos se administren con responsabilidad y visión; implica fortalecer la eficiencia presupuestal, optimizar el gasto público y asegurar que cada peso se traduzca en resultados concretos para la ciudad. Cuidar es apostar por la seguridad con proximidad policial; cuidar es tener espacios y servicios públicos dignos; cuidar es tener una política social enfocada en quienes más lo necesitan. Y cuidar también es entender que nuestro hogar común requiere corresponsabilidad, que todas y todos tenemos un papel en su cuidado.
7. ¿Cuáles consideras que hace falta impulsar?
A nivel nacional necesitamos dar un salto más decidido hacia la construcción de un Sistema Nacional de Cuidados sólido, articulado, territorializado y con presupuesto suficiente. No puede seguir siendo una intención; tiene que convertirse en una política de Estado.
Reconocer, redistribuir y corresponsabilizar esas tareas es una condición básica para avanzar hacia la igualdad sustantiva. Al mismo tiempo, hay que seguir cerrando brechas salariales y de acceso a posiciones de toma de decisión. La igualdad no puede ser solo presencia; debe traducirse en poder real, en condiciones justas y en oportunidades efectivas.
8. Con un Congreso de la Unión paritario y más mujeres encabezando distintos niveles de gobierno, ¿cómo evalúas el papel que actualmente desempeñan las mujeres en la política nacional?
La presencia de más mujeres en el Congreso de la Unión y encabezando distintos niveles de gobierno fortalece la democracia de nuestro país. Primero, porque son espacios que históricamente han tenido una deuda con nosotras; y también porque nuestra participación amplía la mirada: tenemos la capacidad de visibilizar lo que antes no se veía, de poner sobre la mesa agendas que durante mucho tiempo estuvieron relegadas y de enriquecer el debate público con nuevas perspectivas.
No se trata de una competencia con los hombres, sino de trabajar en equipo para resolver los retos que enfrentamos como sociedad. Cuando mujeres y hombres construyen juntos, las soluciones son más completas y más justas; ganamos todas y todos, y a México le va mejor.
9. ¿Cuáles consideras que son los principales asuntos pendientes en México para garantizar la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres?
El gran pendiente en México es que la igualdad formal se convierta en igualdad real. Eso implica cerrar brechas salariales, garantizar condiciones de seguridad, redistribuir los cuidados y asegurar que ninguna mujer vea limitado su proyecto de vida por su género.
También tenemos que reconocer que el problema es más amplio. Mientras exista un modelo que reproduce relaciones de opresión y coloca en desventaja a mujeres, personas con discapacidad, comunidades indígenas y otros grupos históricamente excluidos, la tarea estará incompleta.
El reto es transformar esas estructuras para que todas las personas, sin importar su origen, condición o identidad, puedan acceder en igualdad de circunstancias a las oportunidades. Falta mucho por hacer, en todos los sentidos. Avanzar hacia la igualdad sustantiva significa justamente eso: cambiar no solo las normas, sino las dinámicas, las reglas y las condiciones que hoy siguen generando desigualdad.
10. ¿Qué cambios consideras necesarios en los partidos políticos para impulsar un liderazgo femenino real y no solo cumplir con la paridad?
Los partidos políticos necesitan dar un paso más: dejar de entender la paridad como una obligación legal y asumirla como una convicción, porque la paridad es el punto de partida, no la meta.
No basta con abrir espacios; hay que generar condiciones para que las mujeres puedan competir y ejercer el liderazgo en igualdad. También se requiere confiar en las mujeres para encabezar espacios estratégicos y proyectos de alta responsabilidad, no únicamente aquellas candidaturas consideradas “complejas” o simbólicas.
Y, sobre todo, implica compartir realmente la toma de decisiones. Cuando las mujeres participan en las mesas donde se define el rumbo, se fortalece el partido, se fortalece la democracia y se fortalece la vida pública de México.

11. ¿Qué desafíos ves para las mujeres que buscarán cargos de elección popular en los comicios de 2027?
El principal desafío será enfrentar un contexto político cada vez más polarizado. La competencia democrática es necesaria, pero no podemos permitir que la política se convierta en una arena permanente de odio y descalificación.
Las mujeres, además, solemos ser blanco de ataques personales, campañas de desinformación y violencia digital que buscan minar nuestra credibilidad más que debatir las propuestas que presentamos. Ese es un reto real que no podemos minimizar.
Por eso necesitamos construir una cultura política basada en el respeto, en el contraste de ideas y en la discusión de proyectos, no en la agresión. La democracia se fortalece cuando debatimos con firmeza, pero también con responsabilidad. Si queremos que más mujeres participen y permanezcan en la vida pública, debemos garantizar condiciones en las que competir no implique enfrentar más violencia por el simple hecho de ser mujer.
12. Pensando en las elecciones de 2030, ¿qué papel crees que jugarán las mujeres en la definición del proyecto de nación?
Jugaremos un papel central. Estoy convencida de que el proyecto de nación hacia 2030 debe estar marcado por una visión más empática, sensible y humana; más justa e incluyente, con el cuidado como eje transversal. Ahí las mujeres tenemos mucho por decir.
Pero, sobre todo, porque rumbo a ese proceso vamos a demostrar que desde lo local se transforma lo nacional, con ejemplos, resultados y símbolos. Por eso, rumbo a 2030, nuestra participación será clave para construir un México mejor.
13. ¿Ves la posibilidad de que la Presidenta deje la estafeta de la Presidencia de México a otra mujer en 2030?
México ya rompió un techo histórico. Que la Presidencia de la República sea encabezada por una mujer ya es una posibilidad real. Pero, más que centrarnos en el género de quien encabece en 2030, lo importante es que en la vida pública de México se consolide una cultura donde el liderazgo femenino sea normal, competitivo y legítimo.
Quien encabece al país debe hacerlo porque tiene un proyecto de nación a la altura del momento histórico que vivimos y el respaldo de la gente.
14. ¿Qué mensaje les darías a las jóvenes que desean incursionar en la política, pero dudan ante los obstáculos existentes?
Que la política necesita de su voz, su mirada y su energía. Que entren con convicción, pero también con la disposición de hacer equipo. Que no permitan que el ruido del odio apague su vocación y que sepan que se puede hacer política desde el amor, la sensibilidad y la empatía; que se puede ejercer con capacidad, talento y firmeza para mejorar la vida de las personas.
15. Desde tu experiencia, ¿qué legado te gustaría dejar en la vida pública y en la lucha por los derechos de las mujeres?
Que la política también es cuidado y que se puede ejercer desde otro lugar, con otros códigos: más humanos, más justos y más cercanos.
Que se recuerde que Guadalajara tuvo una presidenta sensible y empática, pero también firme para gobernar y tomar decisiones complejas, siempre poniendo por delante el bienestar de la gente y de la ciudad. Una presidenta que trabajó de la mano de las y los tapatíos, que gobernó en equipo, en la calle, palpando la realidad, escuchando y tomando decisiones con responsabilidad; una presidenta que decidió cuidar la ciudad, cuidar las instituciones y, sobre todo, cuidar a las personas.
Si eso ocurre, el legado no estará en un cargo ni en una coyuntura, sino en la huella de una forma distinta de ejercer el poder y hacer política: una que cuida para transformar.

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