
La senadora Verónica Rodríguez entiende la labor legislativa como un servicio directo a la ciudadanía: una oportunidad para acercar el Congreso a la gente y convertir las demandas cotidianas en decisiones que realmente mejoren vidas. Su visión parte de la cercanía, la claridad y la convicción de que la política debe ser útil, transparente y profundamente humana.
Por ello, su visión legislativa está encaminada hacia una seguridad fortalecida con estrategias humanas, medicamentos garantizados, participación ciudadana real, órganos autónomos fuertes y un país donde el poder responda a la gente, no a la concentración en unas cuantas manos. Considera que México está en una encrucijada, y la ruta hacia el futuro debe elegirse con diálogo, técnica y responsabilidad.
Ante el ritmo acelerado de cambios impulsados a nivel federal, señala la importancia de que toda reforma -especialmente las constitucionales- se construya con diálogo, técnica y pluralidad. Más que cuestionar el rumbo, subraya la necesidad de cuidar el equilibrio institucional y garantizar que cada transformación fortalezca la confianza pública, la justicia y la participación democrática.
1. ¿Qué es lo que más te apasiona de ser legisladora?
Lo que más me apasiona es la oportunidad de servir. Ser legisladora te coloca en un espacio donde cada decisión puede cambiar la vida de miles de personas. Me conmueve profundamente pensar que, detrás de cada voto, detrás de cada iniciativa, hay familias que necesitan respuestas, mujeres que buscan mejores condiciones para vivir, jóvenes que quieren oportunidades y adultos mayores que esperan pensiones dignas, seguridad y dignidad. Hay un México que defender.
Me motiva trabajar por un San Luis Potosí y por un México donde los derechos no sean un privilegio, sino una garantía que todas y todos conocen. Donde el poder no esté al servicio de unos cuantos, sino al servicio de la gente. Poder contribuir a eso desde el Senado es un honor que he asumido con mucha responsabilidad y con el corazón puesto en mi tierra.
2. ¿Cómo afrontar el reto de ser legisladora en una sociedad donde muchos desconocen el impacto de este trabajo?
Con humildad, paciencia y claridad. La distancia entre el Congreso y la ciudadanía no se cierra con discursos, se cierra con cercanía y con transparencia. Cuando he tenido oportunidad de recorrer las calles en los distintos municipios, de escuchar a las personas en sus casas, en las escuelas o en sus comunidades, me doy cuenta de que la gente no exige perfección; exige honestidad, coherencia y resultados claros.
Afrontar este reto implica explicar nuestras competencias, lo que podemos hacer y lo que no, acompañar para llevar causas al Senado y demostrar con hechos para qué sirve un Poder Legislativo fuerte. Es un trabajo de todos los días, un ejercicio constante de educación cívica y una oportunidad para dignificar la política.
3. ¿Cómo comunicas esas acciones para que el mensaje llegue a la ciudadanía?
Si algo he aprendido es que comunicar no es solo hablar bonito o publicar contenido llamativo, es conectar. Por eso busco hablar con claridad, sin tecnicismos innecesarios o aburridos, explicando cómo cada reforma impacta la vida diaria de las personas. Utilizo redes sociales, visitas a las colonias, encuentros con agrupaciones, espacios académicos y reuniones con sectores productivos.
Hacer política como senadora panista es escuchar más que hablar. Cuando la gente entiende que no le estás hablando “desde el Senado”, sino desde la empatía y la responsabilidad, el mensaje llega. Porque lo que mueve no son los cargos, son las causas y los resultados que das.
4. ¿Cómo describirías el primer año del gobierno de Claudia Sheinbaum desde la perspectiva legislativa?
Ha sido un año intenso, marcado por decisiones que buscan demoler la arquitectura institucional del país. Sin embargo, esta velocidad y profundidad también generan inquietudes que no son menores. Desde el PAN hemos advertido que las prisas nunca han sido buenas consejeras, y que las reformas constitucionales deben construirse con técnica, consenso, pluralidad y visión de Estado.
En este primer año hemos pedido en muchas ocasiones desde la tribuna que las decisiones no se tomen desde la imposición, sino desde el diálogo. México necesita estabilidad, confianza y rutas claras de cómo vamos a avanzar, no confrontación política ni debilitamiento institucional.

5. ¿Cuál consideras que ha sido la reforma más relevante de esta administración y por qué?
Sin duda, la reforma judicial ha sido la más relevante por su enorme impacto y por el enorme daño que puede causar. Por eso voté en contra y me mantuve en el debate en ese mismo sentido de manera firme y convencida.
Esta reforma no busca mejorar la justicia: busca someterla. Modifica la estructura completa del Poder Judicial, vulnera la independencia de jueces y magistrados, abre la puerta a la politización de los tribunales y debilita el equilibrio democrático que tanto trabajo le ha costado construir a México.
Como panista y como senadora, he defendido que ningún poder debe estar por encima de la ley, y que la justicia solo puede servir a la ciudadanía cuando es autónoma, profesional y libre de presiones políticas. La reforma judicial del gobierno federal no cumple con esos principios.
Transformar al Poder Judicial sí era necesario, pero hacerlo así, sin técnica, sin diálogo y sin garantías de independencia, pone en riesgo derechos que todas y todos hemos ganado y abre un futuro de incertidumbre para el país.
6. ¿Las reformas electoral y judicial fortalecen o debilitan la democracia?
Ambas reformas, tal como están planteadas, representan riesgos importantes. Debilitan contrapesos y abren la puerta a la concentración del poder. La democracia mexicana no se hizo en un día; es el resultado de décadas de lucha, de avances, de errores corregidos y de instituciones que han evitado abusos.
Una reforma democrática debe ampliar derechos, no reducirlos. Debe garantizar pluralidad, no sofocarla. Nuestro deber es cuidar esa frágil pero valiosa construcción, porque sin democracia no hay justicia, no hay crecimiento y no hay futuro.
7. ¿Qué opinas sobre los cambios propuestos para los plurinominales?
Los plurinominales no son un capricho: son una garantía de representación. México es diverso, desigual y profundamente complejo. Si eliminamos ese mecanismo sin un rediseño que garantice la representación de todas y todos, corremos el riesgo de silenciar a minorías, regiones y voces que hoy tienen un espacio en el Congreso.
Estoy a favor de mejorar el sistema político, hacerlo más transparente y más cercano, pero jamás de sacrificar pluralidad a cambio de mayorías automáticas.
8. ¿Qué opinas de la reforma contra el nepotismo y de eliminar la reelección inmediata?
Combatir el nepotismo es indispensable, pero debe hacerse con reglas claras y sin convertirlo en un instrumento de control político y sobre todo con congruencia, ahí está que se aprobó, pero hasta 2027 para que la presidenta no perdiera su control político. La reelección inmediata, por su parte, ha demostrado en muchos casos mejorar la profesionalización legislativa. Eliminarla puede fomentar la improvisación y el cortoplacismo.
Lo que México necesita no es prohibir, sino evaluar: medir resultados, incentivar la buena política y castigar abusos. La democracia se fortalece con transparencia, no con retrocesos.
9. En materia de seguridad y justicia, ¿qué reformas son urgentes?
La inseguridad es el dolor más grande del país y el que más lastima a nuestras familias. Urge fortalecer policías locales, independizar realmente las fiscalías, invertir en inteligencia y tecnología, y despolitizar las instituciones de justicia. Sin investigación, no hay justicia; sin justicia, no hay paz.
También debemos atender las causas: oportunidades para jóvenes, apoyo a mujeres, y atención a víctimas. La seguridad se construye con fuerza, sí, pero también con acciones de Gobiernos humanistas, el ejemplo está claro en estados como Querétaro y Aguascalientes.
10. ¿Qué reformas te gustaría impulsar para fortalecer la democracia y el desarrollo del país?
Me gustaría impulsar reformas que:
- Aseguren medicamentos a todas y todos, como la Ley de Reembolso que presentamos en el Senado.
- Garanticen la participación ciudadana en la legislación o la elaboración de Leyes, que el Congreso no sea un espacio cerrado para quienes quieren aportar sus voces y experiencia en los distintos temas.
- Fortalezcan órganos autónomos para que nunca más se utilicen instituciones con fines políticos.
- Impulsen a emprendedores y sectores productivos con incentivos verdaderos.
Mi visión es un México donde el gobierno confíe en su gente y donde la política sea herramienta, no obstáculo.
11. ¿El país avanza hacia un modelo más participativo o más centralizado?
Hoy vemos una tendencia preocupante hacia la centralización. Muchas decisiones se concentran en pocas manos, y eso nunca ha sido bueno para una democracia. Pero afortunadamente también veo una ciudadanía más despierta, más informada, más exigente.
Creo que estamos en una encrucijada: si fortalecemos contrapesos y participación, México puede avanzar hacia un modelo más democrático. Si permitimos que se siga reduciendo la pluralidad, corremos el riesgo de retroceder décadas.
12. ¿Cómo evalúas la percepción ciudadana sobre las reformas?
La ciudadanía tiene sentimientos encontrados y es algo que he medido en las calles: esperanza por algunos cambios, pero también preocupación por la forma en que se están haciendo. La gente quiere un país seguro, con salud, con empleo y con instituciones que funcionen. Por eso interpreta estas reformas con cautela, saben que se están haciendo mal las cosas por la imposición y por la falta de diálogo.
Creo que la percepción general es clara: México necesita cambios, sí; cambios responsables, transparentes y construidos con la gente, no encima de ella.
Más historias
THEODOROS KALIONCHIZ
TANIA PALACIOS KURI
ROSARIO MORALES