
C&E Redacción. Consciente del impacto que tiene la labor legislativa en la vida de las personas, Tania Palacios Kuri se desempeña como diputada federal con la convicción de impulsar leyes, reglas o normativas sin pensar en la siguiente elección, sino en las próximas generaciones.
“Una buena ley es como un buen sistema de vuelo: casi nadie piensa en ella cuando funciona. Pero puede cambiarlo todo cuando algo falla. Eso es lo que a veces olvidan: discutimos artículos, fracciones y presupuestos, pero afuera nadie vive en artículos ni fracciones. La gente vive las consecuencias. Por eso representar es conseguir que la realidad de la gente tenga una silla en la mesa donde se toman las decisiones”, explicó para Campaigns and Elections.
Integrante de la bancada del PAN, reconoce que la oposición se mide por la calidad de alternativas que presenta más que por la cantidad de veces que dice no y reconoce que uno de sus mayores logros en la Cámara de Diputados es lograr unanimidad en tiempos de México contra México.
1. ¿Cómo explicarías a la ciudadanía la importancia de las y los regidores, diputados y senadores en el sistema de gobierno y su vida diaria?
La política parece lejana hasta que una decisión del poder toca la puerta de tu casa. Y tarde o temprano, siempre la toca.
La ley está y se respira prácticamente en todas partes. Aunque no la veamos, aunque no la cumplamos, aunque a veces pareciera que se hizo para burlarse.
Está cuando una mamá deja a su hijo en una escuela. Cuando alguien abre un negocio. Cuando una mujer denuncia violencia. Cuando una familia entra a un hospital. Cuando tomas una carretera y esperas regresar seguro a casa. Cuando tus necesidades se vuelven propuesta.
Yo veo a la persona legisladora como una especie de ingeniera de vuelo.
No necesariamente es quien lleva las manos en los controles todos los días, pero sí participa en el diseño de las reglas, los límites, los contrapesos y los sistemas de seguridad que hacen posible que todo un país avance sin depender únicamente de quien esté “piloteando” en ese momento.
Porque un país feliz no puede depender de tener siempre un buen piloto ejecutivo.
Tiene que estar diseñado para resistir y tener contrapesos. El equilibrio es la fuente de salud en un país.
Ahí está la enorme responsabilidad de legislar: construir reglas pensando no solamente en las próximas elecciones, como se ha hecho costumbre barata, sino en las próximas generaciones.
Una buena ley es como un buen sistema de vuelo: casi nadie piensa en ella cuando funciona. Pero puede cambiarlo todo cuando algo falla.
Eso es lo que a veces olvidan: discutimos artículos, fracciones y presupuestos, pero afuera nadie vive en artículos ni fracciones. La gente vive las consecuencias.
Por eso representar es conseguir que la realidad de la gente tenga una silla en la mesa donde se toman las decisiones.
2. ¿Por qué decidiste ejercer el servicio público desde el cargo que tienes hoy como legisladora?
Porque hay cosas que me indignan o me motivan demasiado como para limitarme a opinar sobre ellas.
En política es muy fácil diagnosticar. México lleva décadas diagnosticándose. Sabemos qué duele. Sabemos dónde.
Por eso ser legisladora siempre fue un propósito, no una meta política. Porque aquí una indignación o una causa puede convertirse en una iniciativa, una iniciativa en ley y de ahí a un dolor menos o una vida transformada.
Hoy me toca ser oposición, y creo profundamente que una oposición no se mide por la cantidad de veces que dice que no, sino por la calidad de las alternativas que pone sobre la mesa y el tamaño de lo que defiende. Construir es uno de mis verbos favoritos en política.
No vine a contar cuántas veces subí a tribuna.
Quiero poder contar cuántas veces algo cambió después de que bajé de ella.
3. ¿Cuál consideras que ha sido tu principal logro desde que asumiste el cargo y qué resultados concretos has obtenido para la ciudadanía?
Mi mayor logro ha sido conseguir unanimidad en tiempos de México contra México.
Por ejemplo: cuando propuse proteger a niñas y niños de las garras del monstruo del turismo sexual infantil y se aprobó en la Cámara de Diputados.
Yo prefiero imaginarlo distinto.
Una niña camina con un adulto hacia una habitación de hotel, no se valida la legal compañía, el resto de la historia ya la sabemos. Deberíamos asumir que detrás de esas puertas existe una industria pública preparada para detectar, prevenir y denunciar cualquier situación de explotación o riesgo.
Eso es lo que significa una ley cuando sale del papel.
He trabajado en protección de niñas, niños y adolescentes, seguridad, igualdad e inclusión. Y he logrado construir acuerdos incluso con legisladores que piensan distinto a mí.
Porque soy oposición y tengo convicciones claras, pero confundir firmeza con incapacidad para acordar es una de las enfermedades de nuestra política.
Una oposición que solo grita puede conseguir muchos videos.
Una oposición que además construye puede conseguir logros en el Congreso.
Yo prefiero que mis iniciativas acumulen votos y cambien más realidades que likes.
4. ¿Cómo mantener la comunicación directa con los ciudadanos para incorporar sus demandas en tu trabajo diario?
Hay que salir de la burbuja política y de la ceguera de taller que da la grilla de forma cotidiana.
En la Cámara podemos pasar horas discutiendo el nombre técnico de un problema que afuera alguien explica perfectamente en segundos:
“No me alcanza.”
“Tengo miedo.”
“No encuentro medicina.”
“Mi hijo no encuentra trabajo.”
“Llevo meses esperando.”
Ahí empieza la política de verdad.
Cuando camino Querétaro no estoy buscando que las personas aprendan lenguaje legislativo. Mi trabajo es exactamente al revés: convertir su lenguaje de vida en legislación.
Y después regresar.
Hay políticos que conocen perfectamente su distrito electoral en campaña o que se llenan la boca por ir a una colonia para tomarse una fotografía. La cercanía sin resultados es una botarga inútil.
Volver para explicar qué hiciste con lo que te dijeron es representación.
5. Actualmente se discute una reforma en materia de derechos de las audiencias y regulación de los medios de comunicación, ¿consideras que fortalece el derecho a la información o representa un riesgo para la libertad de expresión?
Siempre desconfío cuando el poder quiere definir demasiado cuidadosamente los límites de quienes pueden criticarlo. El control y la libertad penden de un hilo muy delgado.
Y desconfiaría exactamente igual si gobernara mi partido.
Esa es la prueba de congruencia democrática: defender una regla también cuando no te beneficia.
Por supuesto que necesitamos derechos de las audiencias, responsabilidad, mecanismos y reglas claras. Pero existe una frontera que ningún gobierno debería sentirse tentado a cruzar.
Imaginemos a una periodista que descubre corrupción en un gobierno. No importa si ese gobierno es de Morena, PAN, PRI, Movimiento Ciudadano o cualquier otro partido.
La pregunta democrática es muy sencilla:
¿Puede publicarlo sin tener miedo del gobierno?
Si la respuesta empieza a depender de quién gobierna, tenemos un problema.
La libertad de expresión no existe para proteger al gobierno del periodista incómodo o la plataforma que sea. Existe también para proteger al periodista del político incómodo con la verdad. Existe para que los ciudadanos tengan elementos para saber la verdad. Existe por derecho humano.

6. También se abrió una consulta para restringir el acceso de menores de 16 años a las redes sociales, ¿cómo equilibrar la protección de la niñez con los derechos digitales y las libertades individuales?
La innovación y la integridad de la infancia deben encontrar un equilibrio.
Una niña sube una fotografía.
Alguien la descarga.
Un cobarde detrás de la inteligencia artificial desnuda digitalmente su cuerpo.
La imagen es falsa.
La humillación y las secuelas son absolutamente reales.
Esa es la discusión que la política todavía no termina de dimensionar.
Seguimos intentando legislar el siglo XXI con reflejos del siglo XX.
Deepfakes, clonación de voz, grooming, algoritmos capaces de conocer las vulnerabilidades de un adolescente mejor que muchos adultos: el Estado no puede llegar diez años tarde a cada revolución tecnológica. Tengo un paquete de iniciativas en esa materia.
Pero tampoco creo que gobernar sea simplemente prohibir. Hay que exigir responsabilidad a las plataformas, educar digitalmente, perseguir delitos, dar herramientas a las familias y actualizar nuestra legislación.
No quiero un Estado que sustituya a los padres. Prefiero un Estado que deje de abandonar a los padres frente a riesgos tecnológicos que saben muchísimo más de sus hijos que ellos mismos.
Antes enseñábamos a los niños a no aceptar dulces de un extraño.
Ahora tenemos que explicarles que el extraño puede tener la fotografía de su amigo, escribir como él y hasta hablar con su voz.
Pero tampoco podemos privar a los jóvenes del futuro, de la innovación y de las herramientas. La palabra es: equilibrio.
7. ¿Qué cambios consideras indispensables en la Reforma Judicial para garantizar una justicia más eficiente, independiente y confiable?
En México hemos discutido muchísimo quién debe ser juez. México está ávido de una reforma judicial que no deforme la posibilidad de acceder a la justicia con narrativas baratas que cuestan caras.
Yo quisiera que discutiéramos con la misma intensidad qué le ocurre al mexicano que pide o se enfrenta a la justicia.
Una mujer denuncia violencia y espera.
Un ciudadano enfrenta una controversia que afecta su patrimonio y espera.
Una familia busca justicia por un homicidio y espera.
Mientras nosotros discutimos estructuras normativas e ideológicas o mecanismos de control de masas, alguien está contando días.
Por eso tengo una diferencia de fondo con la idea de que cambiar el mecanismo político automáticamente mejora la justicia y la hace “popular”. Los acordeones no resuelven, dejar chimuelas a las instituciones tampoco.
La pregunta no es solamente quién elige al juez.
Es si ese juez tiene la capacidad, el conocimiento, puede decidir con independencia y resolverá a tiempo.
Y hay una regla que deberíamos defender gobierne quien gobierne: un juez no debe tener miedo de fallarle al poder. El poder debe saber que puede perder frente a un juez.
Eso se llama Estado de Derecho.
8. ¿Cuál consideras que es hoy el principal desafío en materia de seguridad y qué propuesta concreta impulsarías para atenderlo?
México lleva años dejando a su enemigo hacer metástasis de problemas sociales: el crimen organizado. Ahora ya hasta amigo es de la política y se sienta en sillas gubernamentales.
Pero el crimen aprendió que algunas veces sale más barato comprar una puerta que derribarla.
Compra policías. Compra información. Compra protección. Influye en elecciones. Es incluso, en algunos estados, funcionario público o parte de la nómina. Lo que antes sería ciencia ficción.
Por eso hemos propuesto llevar la discusión hasta donde incomoda: consecuencias extraordinariamente severas para altos funcionarios que pongan el poder público al servicio del crimen organizado.
También he presentado iniciativas para combatir el reclutamiento forzado de menores.
Porque decimos con demasiada facilidad:
“El narco se infiltró”. No.
Alguien abrió la puerta desde dentro de los palacios gubernamentales.
Porque el crimen organizado no debería tener bancada, partido ni oficina de gobierno, ni mucho menos guarderías del crimen reclutando niños.
Y porque hay una diferencia enorme entre que el Estado no pueda detener a un criminal y que alguien desde el Estado haya decidido protegerlo.
México merece inversión en seguridad, en inteligencia, equipamiento, profesionalización de elementos y, sobre todo, voluntad política para combatir al verdadero enemigo.
9. ¿Qué medidas deberían implementarse para mejorar el empleo, atraer inversiones y fortalecer la economía de tu demarcación?
Querétaro ofrece una lección interesante. Es sinergia, no inercia.
Las inversiones no llegan porque un gobernador viaje a buscarlas. Llegan cuando durante años se construyen condiciones para que alguien esté dispuesto a arriesgar su dinero aquí.
Estado de derecho. Seguridad. Infraestructura. Talento. Universidades. Certeza jurídica. Formalidad. Instituciones con I mayúscula.
Eso es política económica, aunque no siempre produzca el mejor video.
Pero tampoco quiero caer en la autocomplacencia.
Que llegue una empresa internacional sirve de poco si el joven que vive a veinte minutos no puede conseguir un buen empleo ahí.
El siguiente paso debe ser conectar crecimiento con movilidad social.
No una economía donde presumamos empresas de clase mundial y conservemos salarios de tercera.
La inversión importa.
Pero el verdadero indicador económico sigue llegando cada quincena a una casa:
¿Alcanza o no alcanza?
10. En un ambiente de alta polarización por la cercanía con las elecciones de 2027, ¿cómo construir acuerdos sin renunciar a las convicciones de cada fuerza política?
La política mexicana está cayendo en una trampa: creer que reconocerle algo al “adversario” te hace menos leal a tus propias ideas. Y creer que lo que nos divide es más grande que lo que nos une.
En la Cámara he votado y construido con personas con las que tengo diferencias ideológicas enormes. Y después hemos vuelto a discutir al día siguiente.
Porque una democracia no necesita políticos sin convicciones ni rebaños adiestrados.
Necesita políticos cuyas convicciones sean suficientemente fuertes como para sentarse enfrente de alguien que piensa distinto sin sentirse amenazados.
La política infantil pregunta: “¿de quién vino la propuesta?”.
La política adulta pregunta: “¿le sirve a México?”.

11. ¿Cuáles son los temas que consideras que van a definir el voto de las y los ciudadanos en 2027?
Creo que en 2027 habrá una elección nacional y millones de elecciones íntimas.
La del padre o de la madre que compara cuánto gastaba en el súper hace 8 años y cuánto gasta ahora.
La de la mujer que piensa dos veces antes de caminar sola.
La del paciente que consiguió o no una medicina.
La de la mamá que tiene un hijo de la generación cero dosis de vacunas.
La del padre preocupado por su hijo que no tiene comprensión lectora y no sabe distinguir entre un hecho y una opinión, como la mitad de los jóvenes estudiados en la prueba PISA.
La del joven que estudió una carrera y se pregunta si podrá comprar una casa.
La del pequeño empresario que hace cuentas cada fin de mes y no quiere hacer cuentas con el crimen organizado.
Ahí se decide una elección mucho antes de llegar a una casilla.
Pero el elector tiene un instrumento brutalmente democrático: su propia vida.
Los gobiernos pueden discutir las cifras. Lo que no pueden discutirle a una familia es cómo se siente viviendo esas cifras.
Al final, una elección siempre termina siendo una pregunta profundamente personal:
¿Quiero más de esto?
12. ¿Qué papel va a jugar la Inteligencia Artificial y las nuevas herramientas tecnológicas en la campaña del próximo año?
En 2027 podemos despertarnos con un video perfectamente creíble de una candidata confesando un delito que nunca cometió.
O con un audio de un gobernador dando una instrucción que jamás dio.
Su cara.
Su voz.
Sus palabras.
Todo falso.
Y millones de personas podrían haberlo compartido antes del desayuno.
Eso cambia radicalmente la democracia.
Hasta ahora la propaganda intentaba manipular nuestra interpretación de los hechos.
La inteligencia artificial puede manipular los hechos que creemos haber visto.
Por eso necesitamos reglas, trazabilidad, educación digital y responsabilidades claras.
13. ¿Consideras que el grupo gobernante debe contar con mayoría en la Cámara de Diputados para continuar su proyecto de transformación o es necesario un equilibrio con más espacios para la oposición?
Cuando un partido gobierna suele descubrir las virtudes de las mayorías.
Cuando pierde, redescubre milagrosamente las virtudes de los contrapesos.
Yo prefiero tener la misma posición en ambos lados.
Creo en los contrapesos gobierne Morena, gobierne el PAN o gobierne quien sea.
Porque las instituciones no fueron diseñadas solo para cuando tenemos buenos gobernantes. Fueron diseñadas también para protegernos cuando tengamos uno con malas decisiones.
Una mayoría tiene derecho a impulsar el proyecto por el que fue electa.
Pero ganar una elección no convierte a nadie en propietario del Estado.
La democracia te presta el poder. Nunca te lo regala.
Por eso necesitamos oposición, jueces independientes, prensa libre, organismos fuertes y ciudadanos vigilantes.
No porque queramos impedir que un gobierno gobierne.
Sino porque nadie debería gobernar sin que alguien pueda decirle: hasta aquí.
14. ¿Te ves en la boleta de 2027?
La pregunta no es si me veo, es si el ciudadano decide verme ahí.
Ya hay demasiados desempeñando el cargo de campaña permanente desde que tomaron protesta y frustrando resultados por ambiciones políticas. La verdadera ambición es el México que merecemos.
Yo tengo una responsabilidad presente.
Soy diputada federal, presido una comisión y tengo iniciativas que quiero convertir en realidad.
La política está llena de personas preguntándose cuál será su siguiente cargo. Yo no vivo de la política; vivo para las causas.
A mí me interesa otra pregunta:
¿Qué voy a dejar cuando termine este?
15. ¿Qué le dirías a las y los ciudadanos que hoy no confían en el trabajo que desempeñan regidores/as y legisladores/as?
Sería absurdo decirles que confíen solo porque sí.
La política mexicana gastó durante décadas un capital que no era infinito: la palabra.
Prometieron.
Regresaron a prometer.
Y después nos sorprendió que la gente dejara de creer y hoy confíe más en las redes sociales.
Así que yo no le diría a un ciudadano “confía en mí”.
Le diría:
Revísame.
Mira cómo voto.
Pregunta cuánto trabajo.
Revisa qué propuse.
Ve si regresé.
Exígeme.
Porque esa también es democracia.
Y si después de observarme decides confiar, entonces esa confianza tendrá valor porque no nació de un espectacular ni de un discurso.
Nació de los hechos.
El voto te puede dar un cargo por tres o seis años. La confianza puede darte legitimidad mucho más tiempo. Para mí el honor es más importante que una elección.
Y hay algo que la política debería volver a aprender: la confianza tarda años en construirse, segundos en perderse y ninguna campaña alcanza para comprarla.

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