
C&E Redacción. Para Víctor Manuel Pérez, ser político significa devolverle al país parte de lo que le ha brindado a lo largo de su vida. Se define como un servidor público con trayectoria, experiencia y vocación de servicio, consciente de que el poder que la ciudadanía confiere debe estar sujeto a cuestionamientos y evaluaciones constantes sobre los resultados obtenidos.
Como diputado federal del PAN, Víctor confía en que la construcción de alianzas, especialmente rumbo al próximo proceso electoral, no significa renunciar a las convicciones políticas o personales, sino establecer acuerdos que tengan como prioridad el beneficio de la ciudadanía. No obstante, destacó la importancia de contar con un Congreso “donde nadie tenga la verdad absoluta y donde nadie tenga el poder absoluto”.
Reconoce que desde el Poder Legislativo no es posible resolver todos los problemas de raíz, aunque sí generar herramientas para impulsar cambios. Por ello, hace un llamado a no responsabilizar únicamente a las y los legisladores de las problemáticas del país, ya que muchas soluciones requieren una coordinación con el gobierno federal y las instituciones encargadas de ejecutarlas.
1. ¿Cómo explicarías a la ciudadanía la importancia de las y los regidores, diputados y senadores en el sistema de gobierno y su vida diaria?
Yo creo que uno de nuestros grandes errores ha sido hacerle sentir a la gente que la política es algo lejano, cuando en realidad está presente prácticamente en todo lo que hacemos.
Cuando sales de tu casa y encuentras una calle en buenas condiciones o llena de baches; cuando utilizas el transporte público; cuando llevas a tus hijos a la escuela; cuando necesitas seguridad, servicios públicos o una obra para tu colonia, detrás de muchas de esas cosas hay decisiones que alguien tomó desde el gobierno o desde un Congreso.
Por eso es importante entender qué hace cada uno.
Los regidores tienen una responsabilidad muy cercana a la gente, porque forman parte de las decisiones que se toman en el municipio. Su trabajo es ayudar a construir, junto con el alcalde y el resto del Cabildo, acuerdos y decisiones que beneficien directamente a la ciudad y a sus habitantes. Es el nivel de gobierno que muchas veces tiene contacto más directo con los problemas cotidianos de una comunidad.
Los diputados locales también tienen una función fundamental: representan a los ciudadanos de su estado, crean y modifican leyes y, sobre todo, deben ser un contrapeso al Poder Ejecutivo estatal, o sea, el gobernador. También participan en la aprobación del presupuesto que permite que existan obras y acciones que impactan directamente en nuestros municipios y nuestras ciudades.
En el ámbito federal, los diputados federales cumplen una función similar de representación, pero a nivel nacional. Son un contrapeso al Presidente de la República, participan en la creación y modificación de las leyes federales y tienen una responsabilidad muy importante en la discusión y aprobación del presupuesto federal, que termina teniendo impacto en estados, municipios y en la vida diaria de millones de mexicanos.
Y los senadores complementan ese trabajo. El Senado participa como cámara revisora en muchas de las decisiones que pasan primero por la Cámara de Diputados, pero además tiene responsabilidades propias muy importantes, particularmente en temas relacionados con la política exterior y la relación de México con otros países.
Al final, aunque cada cargo tiene responsabilidades diferentes, todos tienen algo en común: tomamos decisiones que pueden cambiar para bien o para mal la vida de las personas.
Y creo que ahí está también nuestra mayor responsabilidad. Un legislador no debería medir su trabajo solamente por cuántas iniciativas presenta o cuántos discursos da en tribuna. Debería preguntarse algo mucho más sencillo:
¿Lo que estoy haciendo realmente le sirve a alguien allá afuera?
Porque al final la política debería tratar justamente de eso: de representar, de escuchar, de generar acuerdos y de tomar decisiones que ayuden a que la vida de las personas sea un poco mejor.
2. ¿Por qué decidiste ejercer el servicio público desde el cargo que tienes hoy como legislador?
Porque después de muchos años de conocer la política desde diferentes espacios, entendí que también tenía que asumir la responsabilidad de participar directamente en las decisiones.
Pero también hay una razón mucho más personal.
Me considero una persona muy afortunada. He tenido muchas bendiciones en mi vida. Tuve la fortuna de nacer en un país tan maravilloso como México, vivir en un estado tan rico y lleno de oportunidades como Nuevo León y crecer en Santa Catarina, una ciudad que me dio mucho.
Tengo una familia, un techo, comida en la mesa y trabajo. He podido desarrollar mis pasiones, aprender, equivocarme, volver a empezar y construir una vida de la que me siento profundamente agradecido.
Y creo que llega un momento en la vida en el que uno tiene que preguntarse qué va a hacer con todo aquello que ha recibido.
Para mí, estar en la política y, particularmente, tener la oportunidad de participar como legislador, también significa regresarle un poco a México, a Nuevo León y a mi ciudad de lo mucho que me han dado.
No creo que la política deba ser solamente una carrera para llegar a un cargo. Creo que también puede ser una forma de agradecer. Y yo quiero que mi paso por el servicio público tenga precisamente ese sentido: poder devolver, aunque sea una pequeña parte, de las oportunidades que este país y esta comunidad me han dado.
Además, después de muchos años de conocer la política desde abajo, desde las campañas, desde el territorio, desde la asesoría y desde las instituciones, aprendí que una cosa es opinar sobre lo que debería hacerse y otra muy distinta es estar ahí, tomar decisiones y asumir la responsabilidad de que esas decisiones tengan resultados.
Por eso decidí participar.
No llegué pensando que tenía todas las respuestas. Llegué con experiencia, con muchas cosas aprendidas en el camino y, sobre todo, con la convicción de que escuchar a la gente es indispensable para entender lo que realmente está pasando.
Para mí, ser legislador no significa solamente ocupar una curul. Significa tener la oportunidad de convertir muchas de las preocupaciones que escuchamos todos los días en propuestas, en leyes, en acuerdos y en acciones que puedan ayudar a resolver problemas.
Y también significa entender que el cargo es temporal, pero la responsabilidad permanece.
Uno pasa por una posición pública, pero las decisiones que toma pueden quedarse durante muchos años. Por eso creo que hay que ejercerla con seriedad, con cercanía y con los pies en la tierra.
Al final, si algo quiero que represente mi participación en el servicio público, es eso: agradecimiento, responsabilidad y la posibilidad de devolver un poco de lo mucho que la vida y mi país me han dado.
3. ¿Cuál consideras que ha sido tu principal logro desde que asumiste el cargo y qué resultados concretos has obtenido para la ciudadanía?
Uno de los mayores logros que me deja mi trabajo legislativo es haber impulsado reformas que atendieron problemas muy concretos que durante mucho tiempo afectaron al sector del autotransporte de carga, pero que también tenían consecuencias para todos los ciudadanos.
Para mí, legislar tiene sentido cuando una iniciativa no se queda en el papel, sino cuando logra convertirse en una herramienta para resolver un problema.
Una de las reformas más importantes fue elevar a rango constitucional el robo al autotransporte de carga como un delito grave que amerita prisión preventiva oficiosa. ¿Qué significa esto en términos sencillos? Que una persona detenida por robar un camión de carga ya no podía simplemente salir casi de inmediato y volver a delinquir. Se buscó cerrar esa llamada “puerta giratoria” y generar mayores condiciones de seguridad para los transportistas, pero también para las mercancías y para las personas que todos los días utilizan nuestras carreteras.
También impulsamos una reforma para prohibir los llamados inhibidores de señal, esos equipos que bloquean la telefonía celular o la transmisión de datos. Estos dispositivos eran utilizados para facilitar robos, porque impedían que los sistemas de comunicación y localización funcionaran correctamente. Con esta reforma se prohibió su fabricación, comercialización, adquisición, instalación, portación y uso. Es decir, utilizamos la ley para quitarle una herramienta a quienes se dedicaban a cometer este tipo de delitos.
Y hubo una tercera reforma relacionada con el bloqueo de casetas. Se establecieron sanciones para quienes bloquearan las vías de comunicación con fines de lucro. Y aquí quiero ser muy claro: una cosa es protestar y otra muy distinta es utilizar una protesta para hacer negocio. El derecho a manifestarse debe respetarse, pero también debe garantizarse que los transportistas y los ciudadanos puedan circular libremente por las carreteras.
Las tres reformas tienen algo en común: dar certeza, proteger a quienes trabajan y garantizar que las reglas se cumplan.
Y creo que ese es uno de los resultados que más valoro: haber podido convertir problemas que durante años se vivieron en las carreteras en decisiones concretas desde el Congreso.
Porque detrás de un camión no solamente hay una unidad y un conductor. Hay una familia, hay una empresa, hay mercancías que necesitamos todos y hay una economía que depende de que esas carreteras funcionen.
Por eso, más que hablar de leyes, me gusta hablar de lo que hay detrás de ellas: personas que necesitan trabajar seguras, regresar a casa y tener la certeza de que las instituciones están de su lado.
4. ¿Cómo mantener la comunicación directa con los ciudadanos para incorporar sus demandas en tu trabajo diario?
Creo que la primera condición para mantener una comunicación directa con la ciudadanía es algo muy sencillo: escuchar.
Hoy tenemos muchas herramientas para comunicarnos con la gente: redes sociales, WhatsApp, reuniones, recorridos, medios de comunicación. Pero ninguna herramienta sustituye estar cerca de las personas y conocer de primera mano lo que están viviendo.
A mí me gusta escuchar a la gente directamente, porque muchas veces desde una oficina podemos pensar que conocemos un problema, pero cuando vas a una colonia, cuando platicas con un transportista, con un comerciante, con una madre de familia o con un trabajador, descubres que el problema tiene muchas más dimensiones.
Por eso creo que un legislador no puede encerrarse en una oficina ni limitarse a aparecer cuando necesita pedir el voto. La cercanía tiene que existir antes, durante y después de una elección.
También creo que las redes sociales han cambiado la manera en que debemos hacer política. Hoy cualquier ciudadano puede escribirte directamente, señalarte un problema, hacerte una propuesta o incluso cuestionar una decisión. Y eso, lejos de verlo como una molestia, debemos entenderlo como una oportunidad para saber qué está pensando la gente.
Pero escuchar no es suficiente. Hay que darle seguimiento.
Cuando alguien se acerca y plantea un problema, mi responsabilidad es revisar qué se puede hacer desde el ámbito legislativo, qué corresponde gestionar y qué cosas simplemente no están dentro de nuestras facultades. Y también hay que tener la honestidad de decirlo.
Yo no creo en prometerle a la gente que todo se puede resolver desde un Congreso. Creo en decir qué sí podemos hacer, qué no podemos hacer y, sobre todo, qué vamos a intentar hacer.
Para mí, la comunicación con los ciudadanos no debe ser solamente para informar lo que ya hicimos. También debe servir para saber qué debemos hacer.
Porque un buen legislador no debería trabajar únicamente con lo que piensa él, sino con lo que escucha de la gente que representa.
La política empieza escuchando y se demuestra dando resultados.
5. Actualmente se discute una reforma en materia de derechos de las audiencias y regulación de los medios de comunicación, ¿Consideras que fortalece el derecho a la información o representa un riesgo para la libertad de expresión?
Creo que tenemos que separar dos cosas.
El objetivo de proteger a los ciudadanos, combatir las extorsiones, mejorar la seguridad y tener mejores herramientas para enfrentar delitos me parece correcto. Todos queremos un país más seguro y todos queremos que las autoridades tengan herramientas para proteger a la gente. El espíritu de buscar una mejor protección para la ciudadanía no está mal.
Mi preocupación está en la manera en que se pretende llevarlo a la práctica.
Cuando una misma autoridad tiene la posibilidad de establecer las reglas, decidir qué información considera correcta o incorrecta y, además, determinar cuándo debe sancionarse, corremos el riesgo de que se convierta en juez y parte.
Y eso es delicado.
Porque una cosa es combatir una mentira deliberada que pueda poner en riesgo a una persona y otra muy distinta es que una autoridad tenga la facultad de decidir qué información es verdadera, qué información es falsa o qué opinión puede considerarse válida.
El problema es que los límites pueden volverse muy difíciles de definir. ¿Quién determina qué es verdad? ¿Quién decide cuándo una información es un error, una opinión, una investigación periodística o una crítica al gobierno? Y, sobre todo, ¿quién vigila a quien tiene la facultad de decidirlo?
Ahí es donde veo el riesgo.
Porque si quien establece los criterios también es quien interpreta esos criterios y además tiene facultades para sancionar, podemos terminar generando un mecanismo que, en lugar de proteger a las audiencias, termine inhibiendo a periodistas, medios de comunicación y ciudadanos para expresarse libremente por miedo a una sanción.
Yo sí creo en proteger a la ciudadanía. Sí creo en combatir la desinformación cuando ésta tenga consecuencias reales y en tener medios responsables. Pero también creo que quien tiene el poder de sancionar necesita tener límites muy claros y contrapesos.
No podemos proteger el derecho a la información poniendo en riesgo otro derecho fundamental: la libertad de expresión.
Para mí, la solución no es dejar a la ciudadanía desprotegida, sino construir reglas claras, transparentes y con suficientes contrapesos para que ninguna autoridad pueda convertirse al mismo tiempo en quien pone las reglas, interpreta las reglas y castiga.
El Estado debe proteger al ciudadano, pero también debe proteger al ciudadano del abuso del propio Estado.

6. También se abrió una consulta para restringir el acceso de menores de 16 años a las redes sociales, ¿Cómo equilibrar la protección de la niñez con los derechos digitales y las libertades individuales?
Creo que aquí también tenemos que encontrar un punto medio.
Como padre, entiendo perfectamente la preocupación. Todos queremos proteger a nuestros hijos de contenidos que no son adecuados para ellos, del acoso, de la violencia, de la explotación y de personas que pueden utilizar las redes para hacerles daño.
Pero también creo que prohibir no siempre significa proteger.
Las redes sociales ya forman parte de la vida de nuestros jóvenes. Son una herramienta para comunicarse, aprender, informarse, crear y también para relacionarse con los demás. Pretender que simplemente desaparezcan de su vida por decreto puede ser poco realista.
Yo creo que tenemos que pasar de una lógica de prohibición a una lógica de protección, acompañamiento y responsabilidad.
Las plataformas deben tener responsabilidades mucho más claras. Deben existir mecanismos reales para verificar edades, proteger los datos de los menores, detectar cuentas o contenidos que puedan ponerlos en riesgo y reaccionar rápidamente cuando exista una situación de acoso, explotación o violencia.
Pero también hay una responsabilidad que no podemos quitarle a la familia.
No podemos pedirle todo al gobierno ni a las plataformas. La primera línea de protección de un menor tiene que estar en casa. Tenemos que enseñarles a nuestros hijos que detrás de una pantalla también existen riesgos, que no todo lo que ven en internet es verdad, que no deben compartir información personal con cualquiera y que pedir ayuda cuando algo les incomoda no significa que hayan hecho algo malo.
Y hay una tercera parte: los propios jóvenes. Tenemos que enseñarles a utilizar la tecnología, no solamente a tenerle miedo.
Porque la tecnología va a seguir avanzando. Hoy hablamos de redes sociales y mañana estaremos hablando de inteligencia artificial, realidad virtual y herramientas que todavía ni siquiera conocemos.
Por eso creo que la pregunta no debería ser solamente “¿cómo evitamos que nuestros hijos entren a las redes?”, sino “¿cómo hacemos para que cuando estén en ellas estén más seguros y sepan utilizarlas responsablemente?”
Sí a proteger a nuestros niños. Sí a exigir responsabilidad a las plataformas. Sí a que existan límites cuando haya un riesgo real.
Pero también sí a educar, acompañar y enseñar a nuestros hijos a vivir en el mundo que les tocó, porque no podemos protegerlos de la realidad simplemente tratando de desconectarlos de ella.
7. ¿Qué cambios consideras indispensables en la Reforma Judicial para garantizar una justicia más eficiente, independiente y confiable?
Creo que cualquier reforma judicial debería partir de una pregunta muy sencilla: ¿qué necesita una persona cuando tiene un problema de justicia?
Necesita que la escuchen, que su caso se resuelva a tiempo, que quien tenga enfrente conozca la ley y, sobre todo, que tenga la certeza de que la decisión no depende de quién es, cuánto dinero tiene o a quién conoce.
Por eso creo que la Reforma Judicial no puede quedarse solamente en cambiar quiénes llegan a los tribunales. El verdadero reto es lograr que la justicia funcione mejor.
Necesitamos jueces y magistrados preparados, con experiencia y con una verdadera independencia para tomar decisiones. Pero también necesitamos evaluarlos por su trabajo, por la calidad de sus resoluciones y por la manera en que atienden a la ciudadanía.
La justicia tampoco puede tardar años. Para una persona que está esperando resolver un problema familiar, laboral, patrimonial o penal, una justicia que llega demasiado tarde muchas veces deja de ser justicia.
También necesitamos instituciones con mejores herramientas, procesos más sencillos y mayor uso de la tecnología. Hay muchos trámites que todavía pueden hacerse de manera más rápida y transparente.
Y hay algo que para mí es fundamental: la independencia judicial debe funcionar en los dos sentidos.
Un juez no debe responderle a un partido político, pero tampoco debe responderle al gobierno en turno. Su compromiso tiene que ser con la ley y con la ciudadanía.
Yo no creo que la justicia se arregle solamente cambiando personas. Se arregla construyendo instituciones que funcionen, que tengan controles, que rindan cuentas y que puedan tomar decisiones sin presiones políticas.
Al final, la ciudadanía no está pidiendo una clase de derecho. Está pidiendo algo mucho más sencillo:
Que cuando tenga un problema, pueda confiar en que la justicia va a escucharlo, que va a resolverlo y que lo va a hacer de manera imparcial.
Ese debería ser el verdadero objetivo de cualquier Reforma Judicial: una justicia más cercana, más rápida, más profesional y, sobre todo, independiente.
8. ¿Cuál consideras que es hoy el principal desafío en materia de seguridad y qué propuesta concreta impulsarías para atenderlo?
Creo que uno de los grandes desafíos que tenemos hoy en materia de seguridad es entender que no existe una solución única ni inmediata. Es un problema que tiene décadas y que requiere un trabajo permanente.
Desde la Cámara de Diputados, como presidente de la Comisión de Comunicaciones y Transportes, hemos visto de manera muy cercana particularmente el problema de la seguridad en las carreteras. El robo al autotransporte, los asaltos y las condiciones de inseguridad que enfrentan todos los días quienes transportan mercancías son problemas que no vamos a erradicar de un día para otro.
Y también hay que decirlo con claridad: la seguridad no depende solamente del Congreso.
El Poder Legislativo puede hacer leyes, establecer responsabilidades y asignar recursos, pero la operación diaria corresponde al Ejecutivo y a las autoridades de seguridad. En el ámbito federal participan instituciones como la Guardia Nacional y la SEDENA, pero también necesitamos que los estados hagan su parte y que exista coordinación con los municipios.
La seguridad es un trabajo conjunto. En muchos casos necesitamos una coordinación federal, estatal y municipal mucho más efectiva, porque los delincuentes no respetan límites territoriales y las autoridades tampoco deberían trabajar como si esos límites fueran una barrera.
Por eso creo que una de las propuestas más importantes es invertir más y mejor en seguridad.
Necesitamos más tecnología para prevenir y detectar delitos, mejores sistemas de vigilancia y comunicación, herramientas de inteligencia, mejor equipamiento y, algo fundamental, policías y elementos de seguridad mejor pagados y mejor preparados.
No podemos pedirle a un policía que enfrente a la delincuencia con recursos insuficientes. Si queremos mejores resultados, tenemos que darle mejores herramientas, capacitación, tecnología y condiciones laborales.
Y en el caso particular de las carreteras, necesitamos utilizar mucho más la tecnología: sistemas de videovigilancia, comunicación, monitoreo y herramientas que permitan reaccionar con mayor rapidez ante un delito.
Pero también necesitamos reconocer algo: la seguridad nunca va a ser un tema que podamos dar por resuelto.
Siempre tendremos que estar un paso adelante de quienes buscan hacerle daño a la sociedad. Por eso cada año necesitamos revisar qué está funcionando, qué no está funcionando y qué nuevas herramientas necesitamos.
Yo no prometería que vamos a terminar con la inseguridad al cien por ciento, porque sería engañar a la gente. Lo que sí podemos comprometernos a hacer es trabajar para reducirla, prevenirla y responder mejor.
Y para lograrlo necesitamos algo que muchas veces se olvida: coordinación, presupuesto y voluntad para trabajar juntos.
La seguridad de los ciudadanos tiene que estar por encima de colores partidistas o de límites entre gobiernos. Al ciudadano no le importa si el problema corresponde a la Federación, al estado o al municipio; lo que quiere es poder salir de su casa, trabajar y regresar seguro.
Ese debería ser nuestro punto de partida y también nuestra responsabilidad.
9. ¿Qué medidas deberían implementarse para mejorar el empleo, atraer inversiones y fortalecer la economía de tu demarcación?
Para que una empresa decida llegar a un municipio no basta con ofrecerle un terreno o decirle que hay mano de obra. Tenemos que generar las condiciones para que un inversionista tenga confianza de poner ahí su dinero, pueda trabajar con tranquilidad y encuentre todo lo necesario para que su empresa funcione.
Lo primero es garantizar el estado de derecho y seguridad. Una empresa no va a invertir donde siente que puede estar en riesgo su patrimonio, sus instalaciones, sus trabajadores o sus propios directivos. Necesitamos ciudades y estados seguros, donde quien venga a invertir tenga la certeza de que su inversión va a estar protegida.
Lo segundo es tener infraestructura. Si queremos que lleguen grandes empresas, tenemos que preparar los municipios para recibirlas: accesos adecuados a los parques y polígonos industriales, vialidades para proveedores, conectividad y servicios suficientes.
Y hay algo que muchas veces no se toma en cuenta: también hay que pensar en el trabajador.
Una empresa puede tener excelentes instalaciones, pero si sus empleados tardan dos horas en llegar porque no existe un buen sistema de transporte público, también estamos generando un problema. Por eso necesitamos municipios bien conectados, con transporte público eficiente y accesos que permitan que los trabajadores puedan llegar a tiempo y regresar a sus hogares de manera segura.
El tercer elemento son los estímulos para la inversión y para la generación de empleos.
Tenemos que trabajar de la mano con el Gobierno del Estado y con los municipios para generar políticas públicas y estímulos fiscales que hagan atractivo invertir. Y creo que debemos ir un paso más allá: premiar la generación real de empleos.
Si una empresa llega, invierte y genera cientos o miles de empleos formales, debe encontrar beneficios y estímulos que reconozcan esa aportación a la economía local.
Porque al final, una inversión no solamente se mide por cuánto dinero llega a una ciudad. Se mide también por cuántas familias tienen ahora un ingreso, cuántos jóvenes encuentran su primera oportunidad laboral y cuántos pequeños negocios empiezan a venderle a esas nuevas empresas.
Por eso creo que la fórmula es relativamente sencilla, aunque llevarla a cabo requiere mucho trabajo: seguridad, infraestructura, conectividad, estado de derecho y estímulos para quien invierte y genera empleos.
Si logramos ofrecer esas condiciones, no tenemos que perseguir a las empresas para convencerlas de venir. Las empresas van a querer venir porque encontrarán un lugar seguro, conectado, con infraestructura, talento y condiciones para crecer.
Y cuando una empresa crece, también crece la comunidad que está alrededor de ella.
10. En un ambiente de alta polarización por la cercanía con las elecciones de 2027, ¿cómo construir acuerdos sin renunciar a las convicciones de cada fuerza política?
Yo creo que no necesitamos renunciar a nuestras convicciones para construir acuerdos. Lo que necesitamos es poner primero al ciudadano.
Todos los partidos tienen diferentes formas de entender la política. Tienen distintas ideologías, distintas doctrinas y diferentes maneras de enfrentar los problemas. Y eso no necesariamente es malo. Al contrario, la democracia existe precisamente porque podemos pensar diferente.
El problema empieza cuando nuestras diferencias se vuelven más importantes que las necesidades de la gente.
Yo creo que ningún partido político nace con la intención de perjudicar a los mexicanos. Podemos tener diferencias profundas sobre cómo llegar a una solución, pero si todos estamos de acuerdo en que queremos mejores condiciones para las familias mexicanas, ahí ya tenemos un punto de partida.
Para mí, la diferencia está justamente en el cómo y el qué.
El cómo representa nuestras convicciones: un partido puede pensar que un problema se resuelve de una manera y otro puede pensar que se resuelve de otra. Ahí está la discusión política y está bien que exista.
Pero el qué debe ser mucho más sencillo: ¿qué queremos lograr para el ciudadano?, ¿qué va a beneficiar a las familias?, ¿qué va a mejorar su calidad de vida?
Cuando encontramos ese punto de coincidencia, las convicciones no necesariamente desaparecen; se pueden alinear alrededor de un objetivo común.
Creo que esa debería ser la política que necesitamos: una política donde podamos debatir fuerte, defender nuestras ideas y ser firmes en nuestras convicciones, pero que también sepamos sentarnos en una mesa y decir: “en esto podemos coincidir porque le hace bien a México”.
La polarización muchas veces nos hace pensar que si reconocemos algo bueno que propone el otro, estamos traicionando nuestras ideas. Yo no lo veo así.
No se trata de darle la razón al otro partido. Se trata de darle la razón al ciudadano cuando una propuesta realmente le beneficia.
Y creo que ahí está la verdadera responsabilidad de quienes hacemos política: no confundir la defensa de nuestras convicciones con la obligación de estar siempre en contra.
Podemos pensar diferente en el camino, pero si tenemos claro que el destino es mejorar la vida de los mexicanos, siempre habrá espacios para construir acuerdos.

11. ¿Cuáles consideras que son los temas que van a definir el voto de las y los ciudadanos en 2027?
Creo que, si somos honestos, los grandes problemas que preocupan a los mexicanos son prácticamente los mismos cada tres o cada seis años: seguridad, empleo, salud, educación y una mejor economía para las familias.
Las necesidades pueden ser las mismas, pero lo que cambia con el tiempo es la forma de enfrentarlas.
Por eso creo que en 2027 el ciudadano no solamente va a preguntarse cuál es el problema, sino algo mucho más importante: ¿cómo me van a resolver ese problema?
Todos podemos decir que queremos más empleos. Pero la pregunta es: ¿cómo los vamos a generar?
Todos podemos decir que queremos más seguridad. Pero la pregunta es: ¿qué vamos a hacer diferente para conseguirla?
Todos podemos hablar de una mejor economía. Pero la gente quiere saber cómo va a mejorar eso su vida, su ingreso y las oportunidades de su familia.
Ahí es donde creo que estará una parte muy importante de la decisión del voto: en la credibilidad de las soluciones.
Pero hay otro elemento que hoy pesa muchísimo y que hace algunos años no tenía la misma importancia: la percepción que los ciudadanos tienen de quienes buscan representarlos.
Vivimos en una época en la que prácticamente todo se conoce. Las redes sociales, los medios y el acceso inmediato a la información hacen que el ciudadano no solamente conozca las propuestas de un candidato; también observa quién es,
cómo habla, cómo actúa, cómo piensa, cómo trata a los demás, cómo vive, cómo se comporta con su familia y cómo ha construido su trayectoria.
Todo eso forma una percepción.
Y esa percepción importa porque la gente no solamente vota por una propuesta; también vota por la persona que cree capaz de cumplirla.
Por eso creo que en 2027 vamos a tener dos grandes componentes: por un lado, los problemas que siguen preocupando a las familias mexicanas; y por otro, la capacidad de cada candidato para explicar de manera clara y creíble cómo piensa resolverlos.
La política ya no puede quedarse en decir “voy a generar empleos”, “voy a mejorar la seguridad” o “voy a mejorar la salud”.
La gente quiere saber cómo.
Y además quiere saber quién eres tú para hacerlo.
Por eso la trayectoria, la congruencia, la forma de comunicar, la manera de actuar y la percepción que se construye alrededor de un candidato van a ser cada vez más importantes.
Al final, creo que el ciudadano va a elegir a quien logre combinar tres cosas: entender el problema, explicar claramente cómo lo va a resolver y generar la confianza de que realmente puede hacerlo.
Porque podemos tener la mejor propuesta del mundo, pero si nadie cree en quien la está planteando, difícilmente esa propuesta va a convertirse en una decisión electoral.
12. ¿Qué papel va a jugar la Inteligencia Artificial y las nuevas herramientas tecnológicas en la campaña del próximo año?
Sin temor a equivocarme, creo que las elecciones de 2027 van a ser de las más complejas que hayamos vivido, porque vamos a tener un factor que hace algunos años prácticamente no existía: la Inteligencia Artificial.
La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra vida diaria y tiene enormes posibilidades para mejorar la manera en que nos comunicamos, informamos y hacemos campañas. El problema no es la herramienta; el problema es el uso que algunas personas pueden hacer de ella.
Hoy es posible crear en muy poco tiempo una imagen, un audio o un video que parezca completamente real y utilizarlo para difamar, destruir la reputación de una persona, confundir al ciudadano o desinformarlo.
Y aquí tenemos un problema todavía mayor: no todos tenemos la cultura o las herramientas para comprobar inmediatamente si lo que estamos viendo o escuchando es verdadero.
Muchas veces tomamos una decisión a partir de la primera impresión. Vemos un video, escuchamos un audio o leemos una información y reaccionamos. Y aunque después se demuestre que era falso, muchas veces el daño ya está hecho.
La percepción es muy difícil de corregir después de que una mentira se instala.
Por eso creo que la inteligencia artificial va a jugar un papel muy importante en las próximas elecciones, tanto para bien como para mal. Puede ayudar a los candidatos a comunicar mejor, conocer mejor a sus ciudadanos y generar contenidos más eficientes, pero también puede convertirse en una herramienta muy peligrosa para manipular una elección.
Por eso considero indispensable que exista una vigilancia mucho más seria sobre el uso de estas herramientas durante los procesos electorales. La autoridad electoral, particularmente el INE, tendrá que estar muy atenta para detectar y sancionar aquellos usos de la inteligencia artificial que puedan constituir delitos electorales, campañas de desinformación o ataques deliberados contra candidatos y ciudadanos.
Y también tenemos que hacer nuestra parte como sociedad.
No podemos creer todo lo que vemos en internet simplemente porque está bien hecho. Tenemos que aprender a cuestionar, verificar y comparar antes de compartir.
Porque antes una mentira podía requerir tiempo, recursos y una estructura para difundirse. Hoy una persona con una computadora puede crear algo falso en cuestión de minutos y hacerlo llegar a miles o millones de personas.
Ese es el verdadero reto.
No creo que podamos detener el avance de la inteligencia artificial, ni deberíamos hacerlo. Lo que sí debemos hacer es aprender a utilizarla con responsabilidad, establecer reglas claras para su uso electoral y generar una cultura ciudadana que nos permita distinguir entre información, opinión y manipulación.
En 2027 no solamente vamos a estar votando entre candidatos y propuestas. También vamos a estar enfrentando una batalla por la credibilidad de la información.
Y ahí tenemos una responsabilidad enorme: que la tecnología sirva para informar mejor al ciudadano y no para engañarlo.
13. ¿Consideras que el grupo gobernante debe contar con mayoría en la Cámara de Diputados para continuar su proyecto de transformación o es necesario un equilibrio con más espacios para la oposición?
Yo creo que es necesario un equilibrio.
No porque estar en contra del gobierno de turno sea una obligación de la oposición, sino porque precisamente para eso existe un Congreso: para discutir, revisar, cuestionar, proponer y generar contrapesos.
El Poder Ejecutivo tiene una responsabilidad muy importante de gobernar, pero el Poder Legislativo tiene la responsabilidad de revisar lo que hace, discutir las decisiones y representar las diferentes voces de la sociedad.
Cuando un solo grupo político tiene una mayoría suficiente para aprobar prácticamente todo sin necesidad de escuchar a los demás, existe el riesgo de que la discusión se convierta simplemente en un trámite.
Y la democracia no debería funcionar así.
La democracia se enriquece cuando existen diferentes ideas y diferentes formas de entender cómo resolver los problemas. Un grupo puede tener una visión y otro puede tener una distinta, pero cuando esas visiones se sientan a discutir, se pueden construir decisiones mucho más completas.
Por eso creo que necesitamos un Congreso donde nadie tenga la verdad absoluta y donde nadie tenga el poder absoluto.
El presupuesto es un ejemplo muy claro. No se trata solamente de aprobar cuánto dinero va a gastar un gobierno, sino de discutir dónde hace más falta, qué municipios necesitan más recursos, qué obras son prioritarias y cómo podemos distribuir mejor el dinero público.
Y lo mismo sucede con las leyes. Una buena reforma no debería aprobarse solamente porque un grupo tiene los votos suficientes. Debería aprobarse porque fue discutida, analizada y, cuando sea posible, enriquecida con las propuestas de quienes piensan diferente.
Las circunstancias políticas han permitido que el grupo gobernante tenga una posición mayoritaria. Y creo que el reto de cualquier mayoría es demostrar que sabe utilizar ese poder con responsabilidad. Cuando eso no sucede, cuando las
decisiones se toman sin escuchar suficientemente a los demás, termina perdiendo el ciudadano.
Por eso considero que para 2027 sería saludable tener un Congreso más equilibrado, donde el gobierno tenga la posibilidad de impulsar su proyecto, pero donde también exista una oposición con la fuerza suficiente para revisar, cuestionar y proponer.
Porque un contrapeso no significa bloquear al gobierno.
Un buen contrapeso significa obligar al gobierno a hacer mejor las cosas.
Y al final, eso beneficia a todos: al gobierno, a la oposición y, principalmente, a los ciudadanos.
Yo no quiero un Congreso que diga que sí a todo ni uno que diga que no a todo.
Quiero un Congreso que discuta, que escuche y que tome las mejores decisiones para México.
14. ¿Te ves en la boleta de 2027?
Claro que sí. Siempre sería un honor tener nuevamente la oportunidad de representar a los ciudadanos.
Para mí, ocupar una curul, un escaño o cualquier posición desde la que podamos servir a la gente es una responsabilidad, pero también es un privilegio. La vocación de servir siempre la he tenido y creo que quienes hemos tenido la oportunidad de representar a los ciudadanos sabemos que no se trata solamente de ocupar un cargo, sino de responder a la confianza que alguien depositó en nosotros.
También creo que la experiencia cuenta.
Cada vez que uno tiene la oportunidad de estar cerca de la gente, de conocer sus problemas, de tomar decisiones y de enfrentar situaciones difíciles, aprende. Vamos acumulando experiencia, afinando el criterio y, sobre todo, desarrollando una mayor sensibilidad para entender qué necesita realmente la ciudadanía.
En lo personal, creo que he cumplido con el perfil y con la responsabilidad que mi partido me ha pedido. He procurado ser congruente con sus principios y con su postura política, pero también he entendido que cuando representamos a los ciudadanos, la responsabilidad es con ellos.
Y cuando nos ha tocado tener una responsabilidad desde el Ejecutivo o desde el Legislativo, hemos procurado no fallarles y dar resultados.
Pero yo no veo mi futuro solamente en función de una boleta.
Más que verme en una boleta, me veo como un representante de los ciudadanos.
Si en 2027 los ciudadanos y mi partido consideran que puedo representarlos mejor desde una candidatura, estaré listo y será un honor. Si consideran que puedo servir mejor desde otra posición, también lo haré con la misma responsabilidad.
Porque los cargos pasan y las personas seguimos siendo las mismas.
Lo importante para mí no es solamente llegar a un puesto, sino ser útil desde el lugar que me toque.
Y si la oportunidad de estar nuevamente en una boleta llega, la asumiré con mucha responsabilidad, con la experiencia que he acumulado y con el compromiso de seguir haciendo lo que siempre he tratado de hacer: escuchar, representar y dar resultados.
Al final, uno no debería buscar la política solamente para tener un cargo; debería estar dispuesto a ocupar el cargo donde pueda servir mejor.
15. ¿Qué le dirías a las y los ciudadanos que hoy no confían en el trabajo que desempeñan regidores y legisladores?
Primero les diría algo muy sencillo: nunca dejen de cuestionarnos.
Cuestionen a los políticos, cuestionen a los servidores públicos, cuestionen a los regidores y a los legisladores. Pregunten qué estamos haciendo, por qué lo estamos haciendo, qué resultados estamos dando y dónde están esos resultados.
Eso no debe perderse nunca, porque quienes tenemos una responsabilidad pública tenemos que rendir cuentas.
Pero también les pediría algo: investiguen.
No todos los políticos somos iguales.
Hay personas que llegan a un cargo por circunstancias de la vida, hay quienes llegan sin conocer realmente cuáles son sus facultades y hasta dónde pueden llegar
sus responsabilidades, y también estamos quienes hemos construido una trayectoria, tenemos experiencia, tenemos vocación de servicio y sabemos lo que significa asumir una responsabilidad pública.
Por eso creo que así como debemos aceptar que la ciudadanía nos cuestione, también tenemos derecho a que nuestro trabajo sea evaluado con información.
Que revisen quién trabaja y quién no. Quién presenta resultados y quién solamente aparece en las fotografías. Quién está cerca de la gente y quién solamente se acerca cuando necesita el voto. Quién conoce sus responsabilidades y quién solamente ocupa un espacio.
Porque sí, hay políticos que han quedado a deberle mucho a la ciudadanía. Y hay otros que hemos decidido hacer de la política una profesión de servicio y de resultados.
Yo no le pediría a nadie que confíe en mí simplemente porque soy político. Le pediría que me juzgue por mi trabajo.
Que cuestione lo que hago. Que revise mis resultados. Que compare. Y si después de hacerlo considera que no estoy cumpliendo, también tiene todo el derecho de señalarlo.
Pero si después de investigar encuentra que hay personas que sí trabajan, que sí dan resultados y que sí entienden la responsabilidad que tienen, entonces también creo que es importante reconocer que no todos somos iguales.
La política necesita ciudadanos más exigentes, pero también ciudadanos mejor informados.
Porque cuestionar es sano. Exigir cuentas es indispensable.
Pero antes de meter a todos en el mismo costal, hay que conocer quién está trabajando y quién no.
Al final, la confianza no se pide: se gana con trabajo, con resultados y con congruencia.

Más historias
Theo Kalionchiz
Tania Palacios Kuri
Sergio Gutierrez Luna