
Redacción C&E. Andrea Jauregui Lapuente, directora general de Tijuana Zonkeys, ha construido una trayectoria en la que la gestión, el liderazgo estratégico y el compromiso social convergen en un mismo propósito: demostrar que el deporte puede ser un motor real de transformación comunitaria. Desde la dirección de una de las organizaciones deportivas más representativas de la región, ha impulsado un modelo que combina disciplina administrativa, visión empresarial y vocación social.
Su experiencia al frente de Tijuana Zonkeys le ha permitido consolidar un proyecto que trasciende la cancha. Bajo su liderazgo, el deporte no solo se entiende como espectáculo, sino como herramienta para fortalecer el tejido social, generar identidad colectiva y abrir oportunidades para niñas, niños y jóvenes en una ciudad dinámica y desafiante como Tijuana.
En esta charla, Andrea Jauregui Lapuente reflexiona sobre su incursión en la vida pública, el papel del deporte como política social, los retos que enfrentan las mujeres en espacios de liderazgo y su visión sobre el futuro del país.
1.- ¿Cómo recuerdas el inicio de tu trayectoria en la vida pública y qué te llevó a elegir este camino?
Mi entrada a la vida pública no fue por ambición de cargo, sino por responsabilidad. Empecé desde la gestión, aprendiendo a organizar equipos, a tomar decisiones bajo presión real y a responder por resultados, no por discursos. En ese mundo entendí algo que me marcó: cuando fallas, no se cae una narrativa; se cae una familia que depende de un empleo, se cae un proyecto que sostiene a una comunidad.
Desde ahí comprendí que la política —bien hecha— no es una “carrera”, sino una herramienta. Elegí este camino porque me di cuenta de que muchas realidades no cambian solo con voluntad; cambian cuando existe estructura, cuando hay visión y cuando se toman decisiones públicas con disciplina. Para mí, el poder no es mandar; es hacerse cargo.
2.- ¿Cuál ha sido el cargo o proyecto que más te ha marcado y por qué?
Dirigir un proyecto deportivo con impacto social ha sido la experiencia más transformadora de mi vida pública, porque el deporte exige lo que la política muchas veces evade: consistencia, resultados medibles, disciplina diaria y rendición de cuentas frente a una comunidad que no compra pretextos.
Hay un momento que siempre recuerdo: ver a familias completas reunidas, a niñas y niños con los ojos encendidos, a jóvenes que encuentran identidad en algo propio. En una ciudad como Tijuana, donde la vida va rápido y a veces es dura, crear un espacio de orgullo colectivo es una forma real de reconstruir el tejido social.
El deporte no solo entretiene; forma carácter, genera pertenencia, enseña reglas, respeto y demuestra que la disciplina también es una forma de libertad. Eso me marcó porque me reafirmó que el liderazgo con propósito cambia destinos.
3.- ¿Qué acciones han tenido mayor impacto social o político?
Para mí, el mayor impacto ha sido demostrar que el deporte no es un accesorio, sino un motor económico y social. Cuando se gestiona bien, genera empleos directos e indirectos, activa el turismo, impulsa el comercio local, fortalece la identidad comunitaria y, sobre todo, crea un lenguaje común donde antes había fragmentación.
En paralelo, trabajar con niñas y niños desde la formación es quizá la acción más profunda, porque ahí está la prevención real. Una ciudad no se cuida solo con reacción; se cuida con oportunidades, con referentes y con espacios donde la juventud se sienta parte. Si logramos que un joven elija disciplina, equipo y propósito, evitamos muchas tragedias antes de que existan.
4.- ¿Qué retos enfrenta hoy la mujer política mexicana?
La mujer en la vida pública vive una exigencia constante: demostrar el doble, cuidar el triple y resistir el juicio permanente. Todavía existe violencia de género, descalificaciones basadas en estereotipos y un intento sistemático de cuestionar la autoridad femenina como si siempre estuviera “en evaluación”.
Pero, para mí, el reto más fuerte hoy es ejercer el poder con autonomía real. Muchas veces se permite que las mujeres lleguen, pero se intenta controlar cómo deciden, con quién se rodean o qué postura toman. Ahí es donde se prueba el carácter, porque no solo se trata de llegar, sino de sostenerse con independencia, tomar decisiones con firmeza y no permitir que te conviertan en una figura decorativa.
5.- A más de un año del inicio del gobierno de la primera mujer presidenta, ¿hay más justicia para las mujeres?
Es un cambio histórico que transforma la narrativa del país. La representación importa: abre puertas mentales y culturales, especialmente para las niñas y jóvenes que hoy pueden imaginarse en espacios donde antes solo veían hombres.
Pero la justicia sustantiva no se mide por el símbolo; se mide por resultados. Se mide en seguridad, en acceso a oportunidades, en independencia económica y en la capacidad de las mujeres para vivir sin miedo y decidir sin tutelas. La presidencia de una mujer es un parteaguas; ahora el reto es que ese parteaguas se traduzca en mejoras concretas en la vida cotidiana.

6.- ¿Qué programas han mejorado la vida de las mujeres este último año?
Aquellos que fortalecen los ingresos propios, la protección frente a la violencia y el acceso a derechos. Los apoyos directos pueden ser un respiro, y los programas de atención a la violencia son urgentes.
Sin embargo, necesitamos impulsar con mayor fuerza que la política social y el desarrollo económico caminen juntos, porque la verdadera transformación ocurre cuando una mujer no solo recibe apoyo, sino que tiene acceso a financiamiento, formación, redes de cuidado y a un mercado que no la penalice por ser madre o joven.
El cambio más poderoso ocurre cuando una mujer puede elegir su vida sin depender económicamente de nadie.
7.- ¿Qué hace falta impulsar?
Hace falta colocar en el centro la autonomía económica femenina como política de Estado: acceso real a financiamiento, educación financiera, acompañamiento empresarial, compras públicas con perspectiva de género y condiciones para que el talento femenino crezca sin techo de cristal.
Pero hay algo igualmente importante: las redes de cuidado. Guarderías, estancias, sistemas comunitarios y corresponsabilidad real. Mientras el cuidado siga recayendo casi por completo en las mujeres, la igualdad seguirá incompleta.
También es necesario formar liderazgo desde temprana edad, que una niña aprenda que su voz vale, que su decisión importa y que puede dirigir equipos, negociar y construir.
8.- ¿Cómo evalúas el papel actual de las mujeres en la política nacional?
Estamos viviendo una etapa de consolidación. La paridad abrió la puerta; ahora toca demostrar capacidad técnica, visión estratégica y resultados. Cada vez hay más mujeres que ya no están pidiendo un espacio, sino que lo están ocupando con preparación y firmeza.
También estamos transformando el estilo de liderazgo. No porque seamos “más suaves”, sino porque hemos aprendido a construir con mayor colaboración, enfoque social y claridad de que el poder no se ejerce para dominar, sino para transformar.
El reto es que ese liderazgo no sea castigado por no parecerse al modelo tradicional masculino.
9.- Principales asuntos pendientes para garantizar igualdad sustantiva
Seguridad para vivir sin miedo, cierre de la brecha salarial, acceso a posiciones de decisión económica y corresponsabilidad en los cuidados.
La igualdad no es solo política; es económica. Cuando una mujer no tiene independencia financiera, su margen de decisión se reduce. Y cuando no tiene seguridad, su libertad se vuelve teórica.
La igualdad sustantiva implica que una mujer pueda trabajar, crecer, caminar, decidir y vivir sin estar calculando riesgos todo el tiempo.
10.- ¿Qué cambios necesitan los partidos para impulsar liderazgo femenino real?
Los partidos deben dejar de administrar cuotas y empezar a construir trayectorias: formación permanente, financiamiento equitativo, equipos profesionales y espacios reales de decisión.
No basta con “poner mujeres” en puestos simbólicos; hay que respaldar proyectos estratégicos liderados por ellas, permitir que tomen decisiones, que integren equipos y definan agenda. El liderazgo femenino no es una concesión.
La política no necesita mujeres obedientes; necesita mujeres capaces y libres.

11.- ¿Qué desafíos verán las mujeres rumbo a 2027?
Habrá mayor exposición pública, ataques digitales más sofisticados, campañas de desprestigio y un escrutinio que muchas veces no se aplica de igual manera a los hombres.
Pero también veremos mujeres más preparadas, con narrativa propia, equipos sólidos y redes de apoyo más fuertes. Hoy muchas saben que la reputación se defiende con estrategia y resultados.
Cuando una mujer se vuelve experta en tomar decisiones bajo presión, se vuelve difícil de derrumbar.
12.- Pensando en 2030, ¿qué papel jugarán las mujeres?
No solo participarán; influirán directamente en el diseño del proyecto de país. Tendrán incidencia en el modelo de desarrollo, en la agenda económica, en la seguridad y en la reconstrucción del tejido social.
Veremos más mujeres liderando industrias, gobiernos y organizaciones, pero también formando a otras mujeres. Eso transforma generaciones.
2030 no será un punto de llegada, sino un momento en el que el liderazgo femenino dejará de ser excepción para convertirse en regla.
13.- ¿Es posible que otra mujer llegue a la Presidencia en 2030?
Sí. Ya no es una pregunta de posibilidad, sino de preparación. La historia ya cambió; el país sabe que una mujer puede gobernar.
La pregunta de fondo es quién tiene la capacidad real, el carácter, el equipo, la visión y el temple para encabezar un proyecto de nación. El poder no se sostiene con símbolos, sino con resultados.
14.- ¿Mensaje para las jóvenes que desean incursionar en política?
Que no esperen permiso ni validación. Que se formen con seriedad técnica, emocional y ética. Que aprendan a hablar en público, leer el contexto, negociar, administrar y decidir. La política también es un oficio.
La autoridad no se impone; se construye con coherencia y resultados. No tengan miedo de destacar ni de incomodar. Y no se disculpen por ser ambiciosas: la ambición con propósito es liderazgo.
15.- ¿Qué legado te gustaría dejar?
Uno de gestión eficiente, liderazgo femenino firme y proyectos que trasciendan. Quiero que se diga que demostramos que el deporte también es política social: un espacio donde se forma disciplina, se crea comunidad y se construye orgullo.
Una ciudad, un estado y un país se fortalecen cuando su gente cree en algo propio. Si logramos que una niña en Tijuana crezca sabiendo que puede dirigir un equipo, una empresa, un gobierno o su propio destino, entonces habrá valido la pena.

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