
NOMBRE COMPLETO: Carlos Orvañanos Rea
AFILIACIÓN POLÍTICA: Partido Acción Nacional (PAN) — Coalición Va por la CDMX
ESTADO: Ciudad de México
ALCALDÍA: Cuajimalpa de Morelos
Redacción C&E.- Para Carlos Orvañanos, dirigir una alcaldía compleja y mantener la coordinación con los distintos órdenes de gobierno no ha sido fácil; sin embargo, ha asumido el reto y comparte el camino recorrido para alcanzar los objetivos que se planteó al inicio de su gobierno.
Su administración ha tenido que operar entre carencias heredadas y nuevas exigencias. A partir de ese punto de partida, ha buscado recuperar servicios, ordenar la administración y responder a necesidades inmediatas sin perder de vista los problemas estructurales.
Sin descartar la posibilidad de reelegirse, el panista comparte un consejo para los próximos alcaldes o alcaldesas de Cuajimalpa: “Quien llega creyendo que ya sabe lo que la gente necesita, pierde tiempo valioso y pierde confianza, que es mucho más difícil de recuperar. Y que nunca olvide que este encargo no es suyo: es de los vecinos. Ellos te lo prestan. Devuélvelo mejor de como lo recibiste”.
1. A casi dos años de tu gobierno, ¿cuáles consideras que han sido los principales retos de este encargo?
Cuajimalpa cargaba con más de una década de abandono institucional. El primer reto fue real y concreto: recibimos una alcaldía con instalaciones deterioradas, trabajadores sin insumos básicos, presupuestos opacos y una ciudadanía que había dejado de creer que alguien escuchaba. Revertir esa inercia en tiempo récord, sin descuidar los servicios del día a día, fue el desafío más exigente. Luego está lo estructural: somos una demarcación con suelo de conservación, urbanización irregular en zonas de alta vulnerabilidad y una presión demográfica creciente en Santa Fe. Gobernar con esas tensiones encima, coordinando con distintos órdenes de gobierno, no es sencillo. Pero lo hemos hecho.
2. ¿Qué factores han dificultado más el cumplimiento de tus objetivos de gobierno?
Dos, principalmente. El primero es presupuestal: las alcaldías seguimos siendo el orden de gobierno con mayor contacto directo con la ciudadanía y con recursos relativamente acotados. La gente llega a nosotros por agua, alumbrado, seguridad, basura — lo más cotidiano y lo más urgente — y hay que responder con lo que hay, siendo muy creativos y muy cuidadosos en el uso de cada peso. El segundo es la herencia: luminarias que llevaban años sin repararse, deportivos abandonados, calles olvidadas, servicios básicos que simplemente habían dejado de funcionar. Sanear todo eso mientras sigues operando el día a día cuesta tiempo y recursos. No es queja, es parte del trabajo. Pero sería poco honesto no nombrarlo.
3. ¿Realmente se puede consolidar un proyecto de gobierno en los municipios durante tres años o se requiere más tiempo?
Tres años alcanzan para demostrar que se puede gobernar diferente y para cimentar bases sólidas. No alcanzan para transformar estructuralmente una demarcación. Pero creo que la pregunta de fondo no es el plazo: es si lo que se construye tiene vocación de permanencia
más allá de quien ocupa el cargo. Por eso documentamos, medimos con indicadores y publicamos los resultados. No para el informe, sino para que lo que se construya hoy pueda continuar y crecer. Un buen gobierno no termina cuando se va el alcalde — eso es lo que hay que aspirar a dejar.
4. De las decisiones que has tomado como alcalde, ¿hay alguna que cambiarías?
Hubiera avanzado más rápido en algunas reorganizaciones internas. Al inicio fui quizás más cauteloso de lo necesario en ciertos cambios administrativos, pensando en no generar conflictos innecesarios. Con el tiempo aprendí que la parálisis también tiene un costo, a veces más alto que el del conflicto mismo. En las decisiones de política pública me siento tranquilo. Podría haber comunicado mejor algunas cosas, pero la dirección fue la correcta.
5. ¿Qué opinas de la reforma electoral (Plan B) que envió la presidenta y se aprobó en el Congreso de la Unión?
Mi postura es de preocupación. México construyó durante décadas instituciones electorales que le dieran certeza a todos los actores políticos y, sobre todo, a los ciudadanos. Eso fue un logro colectivo que costó mucho. Cuando se modifican esas reglas sin un consenso amplio y sin un diagnóstico claro de qué necesita mejorarse, se corre el riesgo de debilitar lo que ya funciona. No me opongo a que las leyes electorales evolucionen — deben hacerlo — pero los cambios de fondo requieren diálogo, tiempo y acuerdos que trasciendan a una sola mayoría legislativa. Las instituciones se construyen juntos o no se construyen bien.
6. ¿Estás de acuerdo con que se ponga un límite de 15 regidurías para los ayuntamientos?
Cuajimalpa es una alcaldía de la Ciudad de México, así que la figura de las regidurías no nos aplica directamente — nuestra estructura de gobierno local es distinta. Dicho eso, el principio detrás de la medida me parece válido: racionalizar el gasto en estructuras políticas es razonable cuando se hace con criterio. Lo que habría que cuidar es que esa reducción no limite la representación de minorías o concentre demasiado poder en el ejecutivo municipal. El número de representantes no es el principal problema del gasto público; la opacidad y el uso discrecional de los recursos sí lo son.
7. ¿Qué tanto va a afectar esta modificación o hasta cuánto se podrían ahorrar en tu municipio?
Como mencioné, en Cuajimalpa operamos bajo un esquema de alcaldía, no de ayuntamiento con regidores, así que el impacto directo no aplica a nuestra demarcación. Lo que sí puedo decir es que desde el inicio de esta administración trabajamos con una lógica de austeridad inteligente: redujimos gastos superfluos, eliminamos plazas injustificadas y redirigimos recursos hacia servicios. El ahorro real en cualquier gobierno no viene de ajustar órganos colegiados; viene de combatir la corrupción en adquisiciones y obra pública. Ahí es donde están los grandes números.
8. Otras de las reformas aprobadas en el último año fueron para prohibir la reelección inmediata y el nepotismo, ¿qué te parecen?
Son reformas que van en la dirección correcta. El nepotismo en la administración pública reproduce clientelismo y mediocre gestión — lo hemos visto en muchos gobiernos. Que haya reglas claras que lo limiten es un avance. Sobre la reelección, el tema es más complejo. Bien diseñada, la reelección puede ser un incentivo poderoso para rendir cuentas: el ciudadano premia o castiga con su voto. Prohibirla sin matices a veces protege también a quienes gobiernan mal. Pero entiendo la lógica detrás de la reforma, y el objetivo de evitar el enquistamiento en el poder es legítimo.
9. Sin embargo, estas modificaciones entran en vigor hasta 2030. ¿Buscarás la reelección como alcalde en la elección de 2027?
Es una decisión que se tomará en su momento y con la gente de Cuajimalpa. Lo que puedo decirles hoy es que mi foco está completamente puesto en este período, en los compromisos que quedan pendientes y en dejar bases sólidas para lo que sigue. Si al final de esta gestión la ciudadanía considera que vale la pena continuar este proyecto, esa conversación se dará. Pero no voy a distraerme con ese tema ahora — no sería justo para los vecinos.
10. Hay quienes consideran que el candado antinepotismo atenta contra los derechos ciudadanos de familiares de servidores públicos, ¿qué opinas?
El argumento tiene una lógica que hay que tomar en serio: todos los ciudadanos tienen derechos políticos y el hecho de ser familiar de un funcionario no debería cancelarlos automáticamente. Dicho eso, la experiencia mexicana nos muestra que sin reglas claras, la tendencia ha sido usar esos vínculos para capturar el aparato público en beneficio de grupos familiares. Mientras no tengamos sistemas de mérito sólidos y procesos de selección genuinamente transparentes, la restricción tiene sentido como medida de protección del interés general. No es perfecta, pero es necesaria en este momento.
11. ¿Qué aspectos considera que dejaron fuera las últimas reformas en materia electoral y cuál incorporarías?
Lo más urgente que no se abordó con suficiente profundidad es el financiamiento de campañas. Podemos ajustar estructuras y plazos, pero si el dinero de origen dudoso sigue fluyendo hacia las contiendas electorales, el problema de fondo no se resuelve. Incorporaría mecanismos mucho más estrictos de trazabilidad del gasto de campaña, con tecnología y
acceso ciudadano en tiempo real. Y reforzaría los candados para el uso de programas sociales con fines electorales — ese sigue siendo uno de los grandes pendientes de nuestra democracia.
12. ¿Cómo es la coordinación con el gobierno de la Ciudad de México para atender problemas de seguridad pública?
Ha sido muy buena, y lo digo sin reservas. La jefa de gobierno, Clara Brugada, ha mantenido una disposición genuina al diálogo y a la colaboración con todas las alcaldías, independientemente del partido. Eso no es menor — y hay que reconocerlo. Tenemos comunicación directa con la Secretaría de Seguridad Ciudadana y participamos activamente en los esquemas de coordinación metropolitana. Los resultados hablan: Cuajimalpa es hoy la segunda alcaldía más segura de la Ciudad, con la tasa de inseguridad más baja registrada por el INEGI en 2024. Eso no se logra solo — requiere trabajo conjunto, información compartida y voluntad política de ambas partes. Donde ha habido fricciones, las hemos resuelto con pragmatismo, porque la seguridad de los vecinos no admite protagonismos de ningún lado.
13. ¿Y con el gobierno federal?
Ha sido una coordinación más acotada, como corresponde a las competencias de cada orden de gobierno. En los temas donde el federal tiene presencia directa hemos mantenido canales abiertos y una disposición genuina al diálogo. Somos un gobierno de oposición, pero eso no significa que seamos un gobierno de confrontación. Lo que nos mueve es resolver los
problemas de la gente de Cuajimalpa, y para eso buscamos colaborar con quien sea necesario, con respeto institucional y sin perder nuestra identidad.
14. ¿Qué proyectos buscas impulsar para tu alcaldía en la recta final de tu mandato?
Todo lo que falta tiene un hilo conductor: la familia. Porque cuando una familia está bien, casi todo lo demás tiene posibilidades de estarlo también. Con esa convicción cerramos el programa «Cuajimalpa Brilla» — el alumbrado no es solo infraestructura, es seguridad, es que una madre llegue tranquila a su casa de noche. Queremos ampliar la cobertura de la
Tarjeta Madre y del programa Salud para mi Familia, porque el bienestar del hogar empieza por tener ingresos y acceso a salud. Y seguimos consolidando espacios públicos dignos en las zonas con mayor rezago, porque una cancha, una plaza, un parque iluminado, son los lugares donde las familias se encuentran y los vecinos se reconocen. Eso es lo que queremos terminar de dejar.
15. Si pudieras, ¿qué consejo le darías hoy al alcalde o alcaldesa que ocupará tu lugar cuando dejes el cargo?
Que salga a las colonias desde el primer día. Que escuche antes de proponer. Cuajimalpa tiene comunidades muy distintas entre sí — Acopilco no es Chimalpa, y ninguna de las dos es Cuajimalpa centro — y cada una tiene sus urgencias y sus propias formas de organizarse. Quien llega creyendo que ya sabe lo que la gente necesita, pierde tiempo valioso y pierde confianza, que es mucho más difícil de recuperar. Y que nunca olvide que este encargo no es suyo: es de los vecinos. Ellos te lo prestan. Devuélvelo mejor de como lo recibiste.

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