CÓMO COMUNICAR POLÍTICAMENTE EN TIEMPOS DE PANDEMIA - Campaigns and Elections México

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CÓMO COMUNICAR POLÍTICAMENTE EN TIEMPOS DE PANDEMIA

No es solo comunicación de crisis, sino, además, crisis de la comunicación política como la hemos conocido o reconocido hasta ahora.

No es solo comunicación de crisis, sino, además, crisis de la comunicación política como la hemos conocido o reconocido hasta ahora.¿Cómo deben enfrentarse los Gobiernos a una sociedad confinada y que explora el teletrabajo, con profundos cambios en la cotidianeidad? ¿Cómo entender y, sobre todo, cómo comunicar los mensajes institucionales? ¿Cómo se gobierna a una sociedad conectada constantemente, enfadada y con miedo?El mismo tiempo de atención indica que, si un Gobierno quiere tener éxito comunicativo, se terminaron las grandes y largas exposiciones, discursos o debates. Si alguien quiere informarse más, ya se informará, pero la sencillez y la simplicidad deben ser lo prioritario. No se trata de hablar con menos palabras o más simples, sino de que esas palabras generen memorabilidad en un mundo de incertidumbre y de descrédito político. Cada vez más, el valor de las palabras no es su simple pronunciación, sino su sentido, su intención. Intuimos que hay líderes que conocen el vocabulario, pero ignoran su sentido, su trascendencia. Vuelven las palabras que conmueven, vuelve el tono, el timbre, el registro, el color de la voz. Para liderar habrá que decidir, hacer, decir y sentir. Generar confianza y certidumbre a través de la palabra y la información.Obviamente, en el contexto actual se ven muy reducidas las visitas y presencias físicas. Como Gobierno, no se puede hacer comunicación de esos actos y visitas, pero sí multitud de acciones para seguir relacionándose con las personas. Es por ello que hay que llamar, llamar y llamar. En cualquier Gobierno será necesario un exhaustivo listado de posibles contactos, e ir alimentando, en una base de datos, tanto las llamadas realizadas como las potenciales llamadas a hacer. Se trata del mejor modo de tener presencia, y de mostrar fortaleza, seguridad y liderazgo. Se necesita un equipo preparado para localizar personas y entidades a las que llamar, y generar buenos argumentarios. El aumento de relaciones, en tiempos de telepolítica, es básico, y es la única manera. Nada, excepto una relación cara a cara, puede competir con una llamada telefónica.Vivimos en un mundo cada vez más visual. En redes, si el contenido es el rey, el formato audiovisual lo es de los contenidos. Pero no solo. Se trata de informar y de comunicar con diferentes formatos: vídeos con discursos musicados, emisiones en directo y con datos, agradecimientos constantes, diálogo, mensajes a personas concretas, reflexiones compartidas en redes, respuestas a preguntas online de la ciudadanía… No todo es informar, también hay que ir variando las tipologías de contenidos. Estas también deben generar visibilidad en los medios de comunicación, que, en estos tiempos de hiperconexión, se convierte en un factor cada vez más más importante. Estar en los medios con los mensajes propios se traduce, también, en estar en redes.Cada mensaje que lance el Gobierno debe estar coordinado y consensuado, ya que, cualquier anuncio no previsto, podría ocasionar una gran crisis comunicativa, al no estar todo el Gobierno avisado, con la posibilidad de preparar un argumentario en común. Es un hecho importante, porque cualquier error va a ser duramente criticado en redes y medios y, cuando sea desmentido o rectificado, habrán pasado horas y habrá crecido aún más el descrédito del Gobierno. Constantes rectificaciones, errores y desmentidos generan una percepción de caos.Obviamente, hay menos protestas en la calle, pero mayor organización online, en redes, con contenidos que llegan también a los medios pero, sobre todo, a cualquiera que navegue en redes (especialmente Twitter). Los Gobiernos que antes podían conseguir que, en algunos medios, no salieran determinadas informaciones de protestas que ocurrían en las calles, ahora no se pueden esconder. Si a ello le sumamos un gran aumento de la polarización, observamos ya luchas constantes en redes sociales por conseguir el trending topic más insultante, por la visibilidad instantánea o por unas horas de un mensaje partidista. No sirve de mucho, especialmente en Twitter, que se ha convertido en lodazal político, pero sigue siendo, por ahora, un campo de batalla constante.Ser líder en tiempos de crisis implica ser empático/a con la situación que le toca vivir a la sociedad, entender de sentimientos y emociones de las personas y poder transmitir así los mensajes más adecuados en cada momento. La cercanía se agradece, y reconforta. No hace falta tener todas las respuestas para generar certezas. Vamos a necesitar faros inspiradores que sean capaces de ejercer su autoridad, no solo por la fuerza de sus competencias. Dirigir es iluminar, orientar y dar sentido. El confinamiento global pone a debate los atributos de distancia y proximidad física y digital. Cerca y lejos ya no es solo un concepto físico. Las palabras importan. Y los atributos cambian.Un líder en un momento de crisis también es aquel que busca consensos, que habla con la oposición y llega a acuerdos, o que avanza lo que se va a hacer a otros líderes de su país. Hay que hablar, con todos, y comunicarlo. Ni siquiera una mayoría sólida, no digamos una mayoría complicada, por legítima que sea, otorga suficiente poder para enfrentarse a una crisis de estas características. El Gobierno tiene muchos resortes, pero necesitará una colaboración amplia y estrategias de cogobierno y codecisión para salir adelante, pactar y aceptar aportaciones de otros. En la percepción ciudadana, hay que pensar más en colaborar que en competir electoralmente.La política (líderes, partidos, instituciones o sistemas) se enfrentan a un gran desafío de comprensión. Medir emociones será más relevante que medir solo opiniones. Estudiar los comportamientos dará más información. Analizar las relaciones y las reacciones asociadas será más estratégico. Vamos a necesitar otra demoscopia, otra mirada, otra lectura de la sociedad nerviosa. La política debe rearmarse moralmente para entender, abrazar y canalizar un estado de ánimo colectivo de alta emocionalidad. O se entiende el corazón de las personas u otras fuerzas entenderán mejor sus tripas.La comunicación política o es clara o dejará de ser útil en tiempos de sombras, tinieblas y tempestades.