
Redacción C&E. Emanada del PAN, Imelda Sanmiguel Sánchez es hoy senadora de la República por Tamaulipas. Actualmente se desempeña como vicepresidenta de la Mesa Directiva del Senado, una responsabilidad que la coloca en el centro de los debates nacionales y en la conducción de los trabajos legislativos en momentos clave para el país.
Con experiencia previa como regidora, diputada local y presidenta del Congreso de Tamaulipas, su carrera ha transitado por distintas etapas del servicio público, lo que le ha permitido comprender tanto las necesidades inmediatas de la ciudadanía como la complejidad del diseño institucional.
En plática con Campaigns and Elections, Imelda Sanmiguel Sánchez expone los desafíos que enfrentan las mujeres en la política, el papel de la oposición en la vida democrática y las perspectivas rumbo a los próximos procesos electorales.
1. ¿Cómo recuerdas el inicio de tu trayectoria en la vida pública y qué te llevó a elegir el camino de la política?
Mi inicio fue por el ejemplo de mi padre, quien dedicó parte de su vida a la política. Ver su amor y pasión por servir a los demás a través del quehacer público me motivó a seguir sus pasos.
A mis 18 años me registré en Acción Nacional y, tras 13 años de militancia, me otorgaron el cargo de regidora; dentro del partido me eligieron como la primera mujer presidenta del comité municipal del PAN.
2. A lo largo de tu carrera, ¿cuál ha sido el cargo o proyecto que más te ha marcado y por qué?
Mi carrera se había centrado en la política local dentro de Tamaulipas, pero ahora, al ser senadora de la República, tengo una enorme responsabilidad; el salto al ámbito federal ha sido sumamente enriquecedor. México es un país que se debate entre el federalismo y el centralismo, y cuando comprendes que todas las decisiones que se toman desde el centro repercuten en todas y todos los mexicanos, debes ser sumamente respetuoso.
Ahora mis decisiones y acciones no solo abarcan a mi estado; tengo una mayor responsabilidad y compromiso con México.
3. De las acciones y proyectos que has encabezado en el servicio público, ¿cuál consideras que ha tenido un mayor impacto social o político?
Considero que todo lo que he hecho en política ha sido significativo; ha tenido repercusiones importantes y ha servido como un camino que, en todo momento, busca mejorar la vida y la dignidad de las personas.
Como regidora, la convivencia directa con la gente y con sus necesidades más urgentes fue profundamente enriquecedora, una experiencia que todo político debería tener.
Como diputada local entendí el impacto de la ley en los ciudadanos: cada voto, cada iniciativa y cada discurso son actos que influyen en su vida; mientras mejor preparados estemos, mientras más estudiemos y reflexionemos, ese impacto será más positivo. Además, tuve el honor de presidir el Congreso de Tamaulipas y conducir sus trabajos, con la enorme labor de ser puente en la construcción de acuerdos entre personas y grupos políticos que piensan diferente, que tienen proyectos distintos y, a veces, antagónicos. Sin duda, fue una experiencia importante.
Ahora, como vicepresidenta del Senado y representante de mi estado ante el Congreso de la Unión, tengo la oportunidad de ser una voz en momentos críticos de la vida política de nuestro país, donde a diario se ponen en riesgo nuestra democracia, nuestra estabilidad y nuestro futuro. Es, sin duda, una responsabilidad y un reto enormes.
4. Hoy en día, ¿qué retos enfrenta la mujer política mexicana?
En los últimos años hemos tenido avances importantes, a veces no con la velocidad que quisiéramos, pero han sido constantes: desde la conquista del derecho a votar y ser votadas hasta la paridad en la conformación de los órganos colegiados del país.
La ley, sin duda, refleja un triunfo en cuanto a los derechos de la mujer; sin embargo, ello no necesariamente se refleja en la realidad. El siguiente reto —y uno muy grande— es que lo que hemos conquistado en la letra permita una transformación social, un cambio cultural que normalice que la mujer puede acceder a cualquier cargo.
El reto es lograr que, aun sin cuotas de género, paridad por decreto o acciones afirmativas, la mujer tenga los mismos derechos en la vida pública del país.
5. A más de un año de que inició el gobierno de la primera mujer presidenta, Claudia Sheinbaum, ¿consideras que hay más justicia social y política para las mujeres?
No. Debemos reconocer el logro que implica la llegada de una mujer a la Presidencia; no lo regateamos ni lo demeritamos.

No podemos asumir que, por ser mujer, los resultados serán buenos. El desempeño de un político en un cargo público no se mide por el género, sino por los resultados que obtiene.
En mi opinión, estamos viviendo un sexenio complicado, donde la violencia, la inseguridad, la corrupción y la negligencia gubernamental opacan, de manera dolorosa, el festejo de que una mujer haya llegado a la Presidencia.
México no tiene más justicia social mientras no haya buenos servicios de salud, mientras el campo siga abandonado, mientras la gente no se sienta tranquila y mientras exista tanta corrupción.
6. ¿Qué programas o proyectos en particular consideras que han mejorado la vida de las mujeres este último año?
La reforma constitucional que dio la paridad institucional es un gran logro. Actualmente tenemos un Congreso federal donde ambas Cámaras son paritarias y la mayoría de los órganos del Estado también lo son.
Sabemos que se han implementado programas sociales en favor de las mujeres, como Pensión Mujeres Bienestar o las Becas de Apoyo a la Educación Básica de Madres Jóvenes y Jóvenes Embarazadas, y los vemos bien; sin embargo, nos preocupa su opacidad. Son programas pobremente fiscalizados, poco transparentes y de los que no sabemos con certeza si están cumpliendo sus objetivos o si deben replantearse.
En el PAN estamos a favor de los programas sociales, pero no dejaremos de señalar que deben tener objetivos claros y verificables, además de ser revisados y evaluados; de lo contrario, son mero populismo y terminan siendo simulación.
7. ¿Cuáles consideras que hace falta impulsar?
Uno de los programas más exitosos en favor de las mujeres fue el de Estancias Infantiles, que permitía que las madres trabajaran con la tranquilidad de dejar a sus hijos en manos de profesionales. No negamos que pudo tener áreas de oportunidad, pero desaparecerlo fue un error y creo que debe restituirse.
Los refugios para mujeres violentadas fueron un programa que primero se eliminó y luego se reimplementó de forma limitada; es necesario fortalecerlo. Dar dinero a mujeres perseguidas por sus agresores no siempre es suficiente; es indispensable protegerlas y brindarles, de la forma más sencilla posible, los servicios que requieren para garantizar su seguridad y la de sus hijos.
8. Con un Congreso de la Unión paritario y más mujeres encabezando distintos niveles de gobierno, ¿cómo evalúas el papel que actualmente desempeñan las mujeres en la política nacional?
Muchas mujeres están destacando porque estamos accediendo a cargos de primera línea y demostrando que el género no importa cuando se trabaja con tesón, talento, honestidad y responsabilidad.
Estamos en una coyuntura en la que la mujer ha demostrado que no hay diferencia por género; somos capaces de encabezar posiciones estratégicas y de relevancia en la toma de decisiones que impactan al país.
9. ¿Cuáles consideras que son los principales asuntos pendientes en México para garantizar la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres?
Es una pregunta difícil porque, como ya dije, la siguiente meta debe ser la transformación cultural, donde no exista la necesidad de que una ley diga que las mujeres tenemos los mismos derechos y que podemos participar libremente en la vida política y en cualquier otro ámbito sin ser víctimas de discriminación.
No buscamos una confrontación entre hombres y mujeres, sino una evolución conjunta, donde conservemos nuestras diferencias, pero tengamos los mismos derechos y las mismas facilidades para ejercerlos.
10. ¿Qué cambios consideras necesarios en los partidos políticos para impulsar un liderazgo femenino real y no solo cumplir con la paridad?
El primer problema que se debe resolver —no solo en los partidos, sino en cualquier institución, pública o privada— es la simulación. Sabemos que ocurre en muchos lugares y es una lucha que seguimos dando.
Por otro lado, no debemos quedarnos calladas ante las faltas que se cometan en nuestra contra; ser cómplices y solapar actos que mermen el impulso femenino nos hace partícipes de una engañosa lucha feminista.
En el Senado hemos tomado la determinación de intercalar la presidencia de la Mesa entre hombre y mujer, pero la Junta de Coordinación Política sigue siendo un pendiente. Actualmente solo hay una mujer y llevamos años en que ha sido presidida únicamente por hombres.
En algunos estados es peor: si bien existe composición paritaria, no hay mujeres en los cargos directivos.

11. ¿Qué desafíos ves para las mujeres que buscarán cargos de elección popular en los comicios de 2027?
Primero, los desafíos que enfrentarán todos los candidatos, hombres o mujeres: la inseguridad, la intervención del crimen organizado y el ambiente antidemocrático que se viene gestando desde 2018.
En el caso de las mujeres, debemos evitar la simulación y que sean impuestas por hombres para controlarlas.
12. Pensando en las elecciones de 2030, ¿qué papel crees que jugarán las mujeres en la definición del proyecto de nación?
Será esencial, el mismo que jugarán los hombres; juntos habremos de definir las reglas y los proyectos en la construcción del futuro de nuestra nación.
Muchas mujeres ocupan cargos cruciales en la política, y espero que cada vez haya más; en esa medida, podremos contribuir a un mejor país, sin exclusión de nadie.
13. ¿Ves la posibilidad de que la presidenta deje la estafeta de la Presidencia de México a otra mujer en 2030?
Claro, es totalmente posible. Lo importante no debe ser si es una mujer o un hombre, sino que ambos tengan las mismas posibilidades de llegar y lo hagan con un proyecto, con un perfil de capacidad, honestidad, experiencia y valores que lo vuelvan viable ante la ciudadanía y, sobre todo, que sienten las bases para construir un buen gobierno.
14. ¿Qué mensaje les darías a las jóvenes que desean incursionar en la política, pero dudan ante los obstáculos existentes?
Que lo hagan, que sean valientes; ya hay mucho camino recorrido y muchos obstáculos superados. Los que quedan podrán enfrentarse con la energía y frescura que da la juventud.
Es necesario que la juventud se interese en la política, que no la vea como algo perverso o como un espacio donde solo hay corrupción. La política es servicio, es construcción de futuro, y no podemos permitir que solo se observe su parte negativa.
Como decía Diego Fernández de Cevallos, la política es demasiado importante para dejársela solo a los políticos.
15. Desde tu experiencia, ¿qué legado te gustaría dejar en la vida pública y en la lucha por los derechos de las mujeres?
Honrando el legado de miles de mujeres que dieron su inteligencia, su trabajo e incluso su vida para que hoy podamos acceder a cargos públicos y ejercer derechos que siempre debimos tener, quiero hacer las cosas bien.
No sé cuál será mi legado; quizá eso deban decirlo otros. Pero estoy convencida de que mi trabajo debe ser responsable y arduo, poniendo todo mi talento y compromiso para que existan resultados que beneficien a la gente. La política debe servir para lo que está destinada: tenemos que hacer lo que debemos hacer, en el momento en que se tiene que hacer. Eso será lo que permita dejar un verdadero legado.
DIOS SIEMPRE POR DELANTE.

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