
Redacción C&E. Indira Kempis fue Senadora de la República por Nuevo León hasta 2024. Su determinación por defender sus derechos político-electorales la llevaron a convertirse en la primera mujer en la historia de México en iniciar un juicio contra un partido político para defender su ingreso en la competencia por la candidatura a la Presidencia de México.
Su llegada a la política estuvo impulsada por una experiencia personal que transformó su visión del país y la llevó a asumir un papel activo en la defensa de causas sociales y ciudadanas.
A lo largo de su carrera, ha combinado activismo, trabajo comunitario y participación institucional, construyendo un perfil que cuestiona las dinámicas tradicionales del poder y pone énfasis en la autonomía, la libertad, la ética pública y la participación ciudadana.
En esta entrevista, Ia exlegisladora platica sobre los retos de la participación femenina en la política, el papel de los partidos y las perspectivas del país rumbo a los próximos años con una mirada crítica sobre el ejercicio del poder.
1. ¿Cómo recuerdas el inicio de tu trayectoria en la vida pública y qué te llevó a elegir el camino de la política?
Totalmente disruptiva, caótica y sorpresiva, incluso para mí. Un día era una joven nerd que soñaba con irse del país una vez y para siempre y, al otro, alcé la voz en la calle por el asesinato de mis compañeros del Tec de Monterrey, Jorge Mercado y Javier Arredondo. Nada volvió a ser igual. Ahí me encontré con mi misión: cambiar lo que no me gusta de México.
2. A lo largo de tu carrera, ¿cuál ha sido el cargo o proyecto que más te ha marcado y por qué?
Ser senadora de México. Entré a la política solamente acompañada de las comunidades con las que trabajé años atrás: sin padrinos, sin dinero, sin contactos y sin cargos previos. Me metí a competir a juego limpio; todos me decían que era una locura y que no iba a ganar. Y ¡gané en mi primera competencia electoral!
Pasé a la historia de Nuevo León como la primera mujer sin militancia partidista, menor de 35 años, migrante e indígena en representar al estado en el Senado.
3. De las acciones y proyectos que has encabezado en el servicio público, ¿cuál consideras que ha tenido un mayor impacto social o político?
En lo social, el rescate del Barrio Antiguo en Monterrey, Nuevo León. En la época de mayor inseguridad estaba tomado por el crimen organizado. Siendo más joven, como activista y emprendedora, fundé un laboratorio de convivencia urbana y, mediante el diseño urbano, nos encargamos de que el barrio regresara a sus dueños y a su vocación cultural.
Colaboramos en la primera “calle completa” del país. Pudimos convencer a las autoridades y a la inversión privada de participar en su regeneración. Ganamos muchos premios, incluso a nivel internacional, y lo más importante: el corazón del centro sigue latiendo hasta ahora.
En la política, mi precandidatura violentada a la Presidencia de México configuró el mapa electoral de otra manera y me convirtió en la primera mujer mexicana en interponer un juicio de derechos político-electorales en una contienda presidencial. Hasta la fecha tengo denunciado al partido político.
4. Hoy en día, ¿qué retos enfrenta la mujer política mexicana?
No estoy en la política partidista, pero fui una de las pioneras promotoras de la paridad en la legislatura pasada. El resultado es una paridad evidente y una presidenta.
Lamentablemente, siguen sin llegar las personas más aptas para legislar y gobernar el país. El reto ahora es que algunas mujeres en la política, igual de corruptas, machistas o violentas, se han encargado de echar a perder esa causa. Parece que le dan la razón a quienes decían que el género no importa. Tenemos que revertir eso.
5. A más de un año de que inició el gobierno de la primera mujer presidenta, Claudia Sheinbaum, ¿consideras que hay más justicia social y política para las mujeres?
No. Claudia Sheinbaum, a tan solo un año de la continuidad del gobierno de López Obrador, ha demostrado que no tiene la autonomía suficiente para gobernar este país. Con eso lo digo todo.

6. ¿Qué programas o proyectos en particular consideras que han mejorado la vida de las mujeres este último año?
Ninguno del gobierno. Sin embargo, quiero reconocer lo que desde la sociedad civil hacen las madres buscadoras. Sin cargos, dinero ni contactos, buscan y ayudan a otras a encontrar a sus hijos e hijas desaparecidos. No deberían estar buscando a nadie, pero de ellas es el mérito.
7. ¿Cuáles consideras que hace falta impulsar?
La gestión de emprendimientos, sobre todo en tecnología. Ya de por sí la brecha digital es enorme entre mujeres y hombres; imagina lo que implica emprender una empresa. Pensar en un país de emprendedoras debería ser una visión compartida de futuro para México.
8. Con un Congreso de la Unión paritario y más mujeres encabezando distintos niveles de gobierno, ¿cómo evalúas el papel que actualmente desempeñan las mujeres en la política nacional?
No encuentro liderazgos reales, más allá de escándalos por peleas. Llegaron las que no queríamos que se traspapelaran, pero en una “democracia” de designaciones a dedo dentro de los partidos políticos es muy difícil garantizar que sean las mejores. Debe haber excepciones. Ojalá.
9. ¿Cuáles consideras que son los principales asuntos pendientes en México para garantizar la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres?
Que dejen de usar esto como una bandera política para engañar al electorado. Mientras la cúpula de poder donde se toman decisiones siga integrada por los mismos hombres de siempre, el resto es disfraz. Además, sigue existiendo violencia contra quienes se rebelan.
10. ¿Qué cambios consideras necesarios en los partidos políticos para impulsar un liderazgo femenino real y no solo cumplir con la paridad?
El día que las bases de los partidos decidan tener dirigentes que estén a la altura de la ética y los estatutos de sus organizaciones, eso puede cambiar. Mientras tanto, todos los partidos dependen de quien manda en la jerarquía.
Hombres y mujeres tienen que obligarse a dar horizontalidad a la pirámide del poder partidista y establecer criterios de selección más exhaustivos, para que realmente lleguen personas íntegras y capaces.

11. ¿Qué desafíos ves para las mujeres que buscarán cargos de elección popular en los comicios de 2027?
La incidencia del crimen organizado, la centralización del poder en los partidos políticos —que también pueden usar a las mujeres en un discurso de género ya muy desgastado y enviarlas a perder— y la suma de ambos factores: violencia política.
12. Pensando en las elecciones de 2030, ¿qué papel crees que jugarán las mujeres en la definición del proyecto de nación?
Ahí vamos a pagar todas las facturas de unas cuantas. Espero que el marcador no sea tan en nuestra contra. Por eso hay que estar a la altura del país que soñamos. Debemos ser igual de exigentes con ellas, sin deberles lealtad automática solo por ser mujeres, para que las niñas del futuro sigan abriéndose paso.
Aunque advierto que, para entonces, al electorado no le importará el género; será otra generación mucho más acostumbrada, más educada y más consciente del equilibrio. Habrá tantos problemas que la apuesta será resolverlos. Eso es un cambio positivo.
13. ¿Ves la posibilidad de que la presidenta deje la estafeta de la Presidencia de México a otra mujer en 2030?
Sí, pero no de su partido ni de su ideología. Van de salida. Ahora sí que la presidenta fue la del proceso.
14. ¿Qué mensaje les darías a las jóvenes que desean incursionar en la política, pero dudan ante los obstáculos existentes?
Que la política no vale la pena si no es para servir al país. Si es solo por un cargo, en un ejercicio de honestidad, no lo hagan. La gente está harta de tener políticos —sin importar el género— en la nómina sin que sean útiles.
Si esa es su pasión, deben seguirla con amor, paciencia y templanza. Hacerse de un lugar propio requiere estar dispuesta a pasar por las malas y por las muy duras.
15. Desde tu experiencia, ¿qué legado te gustaría dejar en la vida pública y en la lucha por los derechos de las mujeres?
Que podemos tener autonomía. Eso significa que merecemos vivir bien, con dignidad en nuestras condiciones de vida: vivienda, transporte, escuela y trabajo.
Sin violencia.
Y con un ejercicio del poder que no compita con el de los hombres, sino que lo complemente para hacer a este país más grande de lo que ya es.

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